Este ejemplar macho de mirlo común aprovecha la óptima maduración de los higos para asaltar la higuera y alimentarse de sus jugosos frutos. En nuestro país, esto sucede entre el final del verano y el otoño, aunque hay variedades tempranas, como las brevas, que maduran antes, en junio, mientras que, dependiendo de la zona, la cosecha puede alargarse hasta el mes de noviembre.
El ave paseriforme de la familia Turdidae ha esperado hasta que esto ha sucedido, en un largo proceso de maduración de hasta 90 días que comienza con la floración hasta la maduración. ¿Cómo sabe el ave que esto se ha completado? Muy sencillo, ya que el fruto se ablanda, se arruga ligeramente, cambia de color, desde ese verde oscuro a amarillento o a su color oscuro característico, y el «cuello», que es la parte que se une a la rama, se vuelve blando y cede ligeramente a la presión.
Los mirlos son aves omnívoras que se alimentan esencialmente de insectos y lombrices, pero también aprovechan las épocas de disposición de diversos frutos, especialmente en otoño e invierno.
Entre los primeros, comen una gran variedad de insectos como mariposas, moscas y ciempiés, sin olvidar su pericia a la hora de descubrir lombrices y caracoles utilizando su oído para ello y su pico para escarbar y atraparlos. Pero cuando el campo ofrece bayas y frutas como cerezas, moras, ciruelas, manzanas, uvas y pasas o, como hemos visto, higos, se lanza a por ellos.
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