Casi medio siglo después se cazará de nuevo la cabra montés en el Pirineo
Cataluña

Casi medio siglo después se cazará de nuevo la cabra montés en el Pirineo

Tras la extinción del bucardo, la reintroducción de ejemplares provenientes de Guadarrama ha posibilitado que este año se concedan dos permisos para abatir un macho trofeo y una hembra.


La reserva de caza del Pallars ha concedido los primeros permisos de caza de su historia para un ejemplar macho y otro hembra de las cabras montesas que proliferan en terrenos del Pirineo leridano. Hace más de cinco décadas que quedaba prohibida la caza de la cabra montés en toda la cordillera de los Pirineos. En 1971, el Reglamento de la Ley de Caza aprobada el año anterior prohibía abatir esta emblemática especie. Pero años antes, en 1966, entraba en vigor otro decreto que creaba las reservas nacionales de caza, que ya no incluía la presencia de la especie en la del Alt Pallars-Arán ni en las del Cadí o la Cerdanya.

El fracaso de intentar clonar a la última bucarda

No muy lejos de allí, en Huesca, en el Parque Nacional de Ordesa, en el año 2000 moría la hembra Celia, considerada la última de la especie conocida como bucardo. La clonación a partir de su ADN quedó en un proyecto que se guardó en un cajón del CITA (Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón), que en 2003 llevó a cabo un proyecto de clonación tras extraer material genético de Celia. Entonces se acudió a óvulos de cabra doméstica, a los que se les extrajo el material genético y se sustituyó por el ADN de la bucarda Celia.

Este óvulo, con la información genética de Celia, se introdujo en el útero de una hembra híbrida entre cabra doméstica y cabra montés de la población de los puertos de Tortosa-Besseit. La operación se repitió en casi 350 embriones de unas 60 cabras. El fracaso llegó cuando solo se quedaron preñadas 7 ejemplares y de ellos únicamente una hembra gestó correctamente, que parió un cabrito de bucardo genéticamente idéntico a Celia, pero a los pocos minutos murió por problemas respiratorios.

Cabras trasladadas desde Madrid

La alternativa más factible en nuestra era pasaba por trasladar ejemplares de otras localizaciones donde proliferaban e incluso se convertían en un problema para sus ecosistemas. Es el caso de la población descontrolada de la Sierra madrileña de Guadarrama. Un programa que, tras once años desde sus inicios en 2014, ha permitido que se concedan dos permisos de caza de entre el centenar de ejemplares que habitan en la Reserva de Caza del Pallars. Una acción necesaria para controlar esa población antes de que se dispare de manera incontrolada.

El problema de la cabra montés en Guadarrama

Un macho viejo y una hembra

Así, la sociedad de cazadores de La Guingueta ha recibido uno de los permisos, el más valioso, que consiste en un macho viejo considerado trofeo. La sociedad de Vallferrera se encargará de gestionar el otro permiso, esta vez para abatir una hembra. En ambos casos, los recechos los dirigirá un guarda de la reserva, que acompañará a los cazadores y seleccionará los individuos que podrán intentar dar caza.

 


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