El perro de caza corre por el monte. Lleva una cámara en su collar que va registrando todo lo que hace y sucede a su alrededor. Esto nos permite presenciar el momento exacto en que el lobo le ataca.
El depredador arroya al can
Los ladridos del perro nos indican que ha descubierto el veloz acercamiento del lobo solo unos segundos antes de que este se produzca. El choque entre cánidos es brutal, y el depredador se lleva por delante al animal doméstico, que grita por el susto y el dolor del golpe. Pero algo llama la atención del atacante. Posiblemente se trate de otros perros o incluso del cazador, por lo que, tras unos segundos de incertidumbre, decide alejarse corriendo. El can lo persigue, cometiendo un grave error que puede costarle la vida.
Provocar y huir, una estrategia de depredadores con una emboscada al final del camino
Los expertos de habla inglesa lo llaman drive and ambush. Consiste en utilizar a un miembro de la manada como cebo que acude a provocar a otros depredadores, presas de gran tamaño como bisontes o alces, así como a perros protectores del ganado o de caza. El resto del grupo queda en un lugar conocido por el primero a la espera de que la trampa surta efecto.
Uno de los estudios de referencia que ha profundizado en el tema es «The behavior of wolves hunting wild prey» (USFWS / UNL compilation, 2015), llevado a cabo por Lake, B. C. En él se describen las estrategias observadas en estudios de campo. Concretamente, se detalla el papel del «lobo señuelo», que consiste en distraer a la presa y conducirla hacia otros lobos ocultos en un terreno alejado y favorable para la emboscada. Como los propios autores señalan, «no se trata de un experimento aislado, sino de un análisis etológico comparativo que identifica patrones de comportamiento repetidos en distintos ecosistemas».
Provocar a la presa para que persiga al lobo
Lake consigue documentar lo que denomina como «Provocation and flight response» (respuesta de huida de la presa). Lo sustenta a través de un número significativo de ataques exitosos. Comienza con un único lobo o un pequeño subgrupo que se aproxima de forma deliberadamente visible a la presa. Este acercamiento no busca un ataque inmediato, sino desencadenar el reflejo de huida, por ejemplo, provocar a un alce o a un caribú para que rompa la formación del grupo.
Conducción de la presa hacia los lobos interceptores
Pero lo que realmente nos interesa en relación con el vídeo que hemos visto es lo que sucederá si el perro continúa persiguiendo al lobo que huye. Lake lo denomina «Driving prey toward interceptors» (conducción de la presa): «Una vez que la presa inicia la persecución, otros lobos de la manada ya están posicionados en puntos estratégicos, muchas veces adelantados u ocultos, para interceptarla». Lake describe cómo estos interceptores suelen situarse:
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A favor del viento para evitar ser detectados.
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En zonas donde el terreno reduce la movilidad de la presa (nieve profunda, arroyos, claros en el bosque).
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En rutas de escape previsibles.
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