El primer disparo apenas frena la embestida del jabalí, que da media vuelta y vuelve a la espesura, pero una segunda bala lo tumba en la seca tierra de estos montes. Aunque parezca que el lance ha concluido, aún queda un tremendo susto que obliga a este cazador a disparar a un furibundo y malherido animal que busca atacar a los que le están dando caza.
Cuando el cazador y el agotado cámara que graba la escena venatoria se acercan a comprobar que el animal se ha rendido, la vegetación comienza a agitarse. El macareno aún no ha realizado su último esfuerzo de defensa y le quedan fuerzas para una nueva acometida. La secuencia, a cámara lenta, nos lleva a vivir la tensión del momento, resuelta de manera brillante por parte del jabalinero, que realiza el disparo definitivo en la parte alta de la espalda del combativo cochino justo antes de que este le alcanzase con sus afilados colmillos.
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