A pesar de no tratarse de un perro de muestra, el can avanza de una manera que se asemeja enormemente a uno de los especialistas en la parada al detectar a los animales que buscan con su olfato. Ni pointer inglés, ni setter, ni bracoide ni epagneul. Estamos ante un perro sin raza que está adaptando su comportamiento a una situación en la que acecha a un animal que tradicionalmente ha sido su presa. Su avance es paralelo al del gato, que ha llevado su cuerpo al suelo para reducir su volumen corporal y reducir las posibilidades de ser visto por el ave.
El susto que se lleva el gato le resultará difícil de olvidar. Algo que frustra su intención de dar caza a la paloma. Esta técnica de caza lleva siglos funcionándoles a los felinos domésticos y salvajes, como el tigre, que consiguen acercarse a una distancia asequible para pasar a recurrir a su velocidad y agilidad, y así lograr sorprender a sus víctimas.