La cuerda está tendida entre dos árboles. Han colocado la piel del jabalí en ella, de manera que, con una persona en cada árbol y tirando de la cuerda, consiguen que el ‘jabalí’ avance oscilando por la inercia del propio movimiento.
Esto provoca a los perros, unos bravos sabuesos de Baviera, que ladran a la piel, incluso llegan a morder.
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