Sobre la parte alta de su espalda, con la pastas delanteras a un lado y las traseras a otro. Así ha cargado este cazador al ciervo abatido. Lo sube a su espalda y esto le permite llevarlo a cuestas, no sin esfuerzo, para sacarlo del monte. Ninguna pieza queda en el monte, debe pensar este audaz aficionado a la caza mayor.
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