Un comedero lleva a una tórtola a acudir de manera asidua en busca de grano. Para un depredador, esto constituye una ventaja considerable. Convertirá un árbol cercano en su oteadero en espera de la llegada de las migratorias. Y este depredador es un gavilán de Cooper, una casi infalible ave rapaz capaz de protagonizar vertiginosos lances de caza en los que destacan su velocidad y sus reflejos. Algo que demuestra en esta grabación realizada por una cámara colocada frente al comedero.
Se trata de un tipo de azor de la familia Accipitridae que suele habitar entornos naturales de América del Norte, México y regiones del desierto de Sonora. Su longitud es de entre 35 y 50 centímetros y pesa en torno a 530 gramos cuando es adulto. Es un cazador tan admirado como respetado por los cetreros de todo el mundo pero, sobre todo, por los norteamericanos, que saben que la tarea de su adiestramiento debe realizarse con guante de seda, puesto que estamos ante un gavilán muy sensible. Pero en las manos de los más experimentados, el gavilán de Cooper se convierte en un aliado infalible para disfrutar del bajo vuelo ante aves de pequeño y mediano tamaño.
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