La suerte de que dos liebres pasen a tu lado
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La suerte de que dos liebres pasen a tu lado

Queda totalmente inmóvil, lo que propicia que dos liebres que avanzan lentamente pasen a escasos centímetros de su cuerpo. Hasta que se percatan de su presencia, momento en el que muestran su sorpresa y comienzan a huir.


La liebre es uno de los animales ibéricos que aglutina una mayor admiración. Esto se debe a su innegable belleza morfológica, a sus curiosos hábitos, unido todo a las impresionantes imágenes que suele brindar en las persecuciones que protagoniza corriendo delante de galgos españoles o ante el acoso de depredadores como aves rapaces y zorros.

 

Orejas y nariz, grandes defensas de la liebre

Estos animales disfrutan de un oído muy desarrollado. Además de la posibilidad de orientar sus orejas hacia cualquier dirección para captar con detalle casi cualquier sonido que se produzca a su alrededor y detectar de dónde viene, su capacidad de distinguir sonidos a intensidades bajísimas le permite detectar la aproximación de una posible amenaza desde largas distancias.

Lo mismo sucede con su olfato. Cuenta con la capacidad de identificar olores con intensidades muy tenues o que son transportados por el aire desde muy lejos. Esto les permite conocer la ubicación de una hembra en celo a kilómetros de distancia o a un zorro que se aproxima al lugar donde se ha encamado para descansar. Precisamente elaboran estos rudimentarios encames con el fin de contar con la posibilidad de que los olores que están alrededor lleguen fácilmente a su nariz.

Una liebre se ‘suicida’ chocando de frente con un montículo al huir de una rapaz

La vista, el peor de los sentidos de la liebre

Pero no podemos sostener lo mismo con respecto a la vista, que es el sentido menos desarrollado y adaptado a la supervivencia de las liebres. Sus ojos están colocados a ambos lados de la cabeza, ofreciendo una visión panorámica muy útil para controlar todo lo que sucede a su alrededor sin la necesidad de mover la cabeza. También se convierte en un provechoso recurso para percibir a sus depredadores en los vertiginosos lances, repletos de esprines y regates en los que espera a estar casi atrapadas por ellos para variar de dirección de manera repentina. Pero uno de los mayores inconvenientes de mirar lo que sucede detrás es que pierden la atención a los que tienen delante. Y esto las lleva al ‘suicidio’ tras chocar con objetos tan grandes como un coche.

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