Los conejos están considerados plaga en diferentes partes de España. La gran densidad poblacional de lagomorfos tiene asfixiado al campo y hundidos a sus agricultores. Ya sólo el año pasado las cifras fueron escalofriantes: más de 1400 municipios afectados y daños de 800.000.000 de euros, según la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG). Esta asociación, dada la magnitud del problema, lo ha bautizado como “Jurassic Park Cunícola”. Podemos hacernos una idea de la batalla que libran las personas que se enfrentan a este fenómeno.
Club de Caza se ha puesto en contacto con uno de los agricultores para que nos cuente en primera persona.
De padre a hijo
Hablamos con Joaquín, un joven riojano que compagina su trabajo de mecánico industrial con el del campo, algo que le apasiona. Heredó esa pasión de su padre, agricultor de profesión, y quien desde sus primeros años de vida le enseñó todo acerca del campo y los cultivos.
Arrasan plantaciones enteras
No es nada nuevo. Los agricultores de La Rioja llevan años soportando los estragos que causan los conejos en sus cultivos. Algunas de las plantaciones más afectadas son los perales. La famosa pera conferencia, entre otras.
Aunque son muchas las fincas afectadas hay algunas de ellas que están completamente arrasadas, cuenta Joaquín. La peor época, estima, es de noviembre a marzo, coincidiendo con la poda. Durante esos meses, la escasez de comida y la gran cantidad de conejos, convierte los troncos y los brotes nuevos en el alimento de estos animales.
Ya no sirven los protectores
Tanto los perales como los viñedos están cubiertos por unos protectores de plástico cuyo fin es evitar el ataque de conejos y roedores. Tradicionalmente eran muy útiles. La presencia de estos elementos los contenía, pero en la actualidad, ya no. Los conejos, nos cuenta Joaquín, “han llegado a roer los troncos de árboles con protectores de hasta sesenta centímetros. Se levantan sobre las patas traseras”.
Otro de los problemas que anula su efectividad es el cierzo. Se trata de un viento de componente noroeste, típico de la parte septentrional de la península que afecta especialmente a las comunidades autónomas de La Rioja, Navarra y Aragón. Estas zonas tienen el añadido de la gran densidad de conejos.
Cuando el cierzo es muy fuerte, los protectores tienen que estar bien anclados. Si una cuerda se rompe, una varilla se sale o el propio plástico se raja, el protector queda abierto y ese árbol no pasa la noche. “Donde haya un agujero, ahí están ellos” —apunta Joaquín.

Una técnica infalible
Joaquín y su padre tienen una técnica de poda para hacer más llevadera la convivencia con los lagomorfos. Se trata de una fórmula tan paradójica como efectiva: echar ramas al suelo para que coman los conejos.
“Cada día, a partir de noviembre que es cuando empieza a escasear la comida, podamos unas filas sí y otras no. Terminamos podando todo el campo, pero de manera salteada. De esta forma, cada 20/40 metros cuadrados los conejos tienen comida y no tienen la necesidad de subir a los árboles” —explica Joaquín.
Como ardillas por las ramas de los árboles
La técnica que acabamos de ver es muy efectiva, pero no lo suficiente para terminar con el problema. Si bien evita que muchos conejos se pongan en pie para alcanzar los troncos, hay otros ejemplares que hacen propio un comportamiento típico de otros mamíferos como la ardilla o la marta. Estos conejos trepan, ascendiendo hasta las finas ramas de los perales y moviéndose por ellas con asombrosa facilidad.

Hurones
La importancia de la caza
La actividad cinegética juega un papel fundamental en la gestión poblacional de distintas especies entre las que se encuentra el conejo. Al salto, con perro o con hurón, son algunas de las modalidades. La última está considerada como una de las más efectivas. Cazarlo al salto es más difícil, o lo sorprendes al sol o si está en alguna mata y te oye correrá a esconderse.
Joaquín también heredó de su progenitor la afición por la caza y disfrutan saliendo juntos con su perra Tuna cada fin de semana. Además de disfrutar de la actividad en sí, el hecho de contribuir a contrarrestar los daños que causan los conejos a sus frutales motiva doblemente a los cazadores.

Tuna y conejos abatidos.