Lo que parecía una perdiz amagada en un carril del monte se convierte en una sorpresa para el que la graba con su móvil. Al acercarse, la patirroja se levanta y se aleja prudencialmente. Esto deja al descubierto a una docena de polluelos que estaban a buen reguardo bajo el ave.
Tras unos instantes en los que permanecen totalmente inmóviles, los perdigones corren a reunirse con su madre.