Abate un jabalí para la cena de Nochevieja
Crónicas de caza

Abate un jabalí para la cena de Nochevieja

La carne del jabalí abatido por un cazador bilbaíno en una espera el día de Navidad protagonizará el menú familiar de una de las noches más especiales del año. El cazador necesitó de más de una decena de aguardos para vencer la partida al cochino de 16 centímetros de colmillo.


No es el primer macho con boca abatido por Loren Cruz durante el mes de diciembre. El día 3 cazó un jabalí de 17 centímetros de navaja con la escopeta que le confío su abuelo antes de morir en una batida en una finca abierta organizada por Jabalineros de Alcora.

En Navidades, consume carne de caza

El aprovechamiento de las piezas abatidas forma parte del código ético de los cazadores. Y la familia Cruz da fe de ello. En la cena de Nochevieja degustarán carne guisada del cochino abatido, pata al horno y los lomos marinados. La otra de las extremidades traseras del suido de 80 kilos la han preparado para hacer cecina.

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Detalle de la boca del jabalí.

Caza de jabalíes a la espera con escopeta de caza

"La tarde del día 25 de diciembre decidí tratar de abatir por decimoquinta vez al cochino que seguía la pista hacía más de tres meses. En esta ocasión lo aguardé en una zona del coto de Alcora, municipio de la Comunidad Valenciana perteneciente a la comarca del Alcalatén, al que pertenezco. Bien temprano ya estaba ubicado en el puesto debido a que el macho me había demostrado en anteriores ocasiones que podía entrar en plaza a plena luz del día.

Se trataba de un animal muy escurridizo que se libraba siempre en el último momento de ser cazado. Un día se escabulló entre la niebla. Otro día no me dio tiempo a dispararle desapareciendo sin más, pero esa noche se equivocó.

Las primeras en entrar esa tarde fueron dos hembras acompañadas de un macho mediano. Los tres ejemplares estuvieron un largo periodo de tiempo a tiro de escopeta. Transcurrido este periodo en el que pude disfrutar de las idas y venidas de los tres cochinos algo les hizo recelar. El macho que estaba junto a las jabalinas huyó del lugar".

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Uno de los largos colmillos del jabalí. A la derecha, el trofeo del jabalí.

El celo del jabalí le costó la vida

"Segundos más tarde oigo como un cochino se desplaza entre la vegetación. Se dirige hacia las cochinas por los matorrales próximos a mi puesto. Antes de irrumpir en el claro queda inmóvil a pocos metros de mí. De la nada aparece con el morro lleno de babas, como si de un fantasma se tratara. Se aproxima a las hembras con la jeta levantada, muestra inequívoca de estar encelado.

Me preparo mientras el corazón parece que se me va a salir por la boca. Trato de contener los nervios. Me encaro la escopeta Fabarm modelo Ellegi que heredé de mi abuelo y apunto al codillo. Necesito de un único disparo para derribar al macho. Mientras me aseguro que yace sin vida pienso en el número de veces que me había venteado en el puesto, las vueltas que me había podido dar y la cantidad de noches en las que la suerte estuvo de su parte.

Antes de recorrer la distancia que me separa del cuerpo del macareno tengo que espantar a las dos hembras que permanecen tumbadas junto a él a pesar de la detonación. Ver para creer".

 


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