Cuando esta persona comienza a acercarse demasiado a la perdiz, esta adquiere una actitud defensiva. Varios de sus pollos se quedan atrás, a pesar de sus intentos de seguir avanzando y huir de allí con ellos.
La mejor defensa es un buen ataque
La proximidad es ya peligrosa para los pequeños, o eso debe pensar la perdiz, que se vuelve decidida a intentar combatir aquella amenaza. Comienza picando la bota del que los persigue. Pero, como esto no resulta, no se lo piensa dos veces y salta atacando directamente la cámara que la graba.
Satisfecha con el resultado, reúne a los pollos y se aleja de allí, no sin antes volverse repetidamente para cerciorarse de que ha terminado con la persecución.
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