Tras unos segundos en los que casi podemos oír a los cazadores rezar para que la piara de jabalíes rompa hacia delante, esto no sucede. Al contrario. Como si sospechase que el peligro está en avanzar, los cochinos vuelven sobre sus pasos, dejando a los cazadores con un palmo de narices.
Allí tampoco podrán disparar, pues se trata de la zona de batida.