La deriva de la RFEC

El día 13 de junio los directivos de la FAC presentaron su dimisión en bloque de todos los cargos que ocupaban en la RFEC. Aseguraron que esta vez se había cruzado la línea roja. Esto supuso un antes y un después que inevitablemente ha hecho que en la RFEC hayan crujido todos los cimientos.

Se viven tiempos convulsos en nuestra querida Real Federación Española de Caza. Y esa no es una buena noticia. Esta institución, llamada a ser el estandarte de la caza en España, su escudo y a la vez su punta de lanza, hace meses avanza sola, sin rumbo, en una triste zozobra que nadie parece comprender. Su poderoso casco parece resquebrajarse ante la indiferencia de un puente de mando que se muestra ajeno a las vías de agua que se van abriendo como consecuencia de su suicida forma de navegar. Disculpen el símil marinero, pero es una metáfora perfecta para resumir la situación actual en la que se encuentra sumida la RFEC. Desde que hace meses saliera a la luz el escándalo del perdigón ecológico, los acontecimientos en torno al estamento federativo se han ido sucediendo de manera atropellada y muy desafortunada. Indigna. A veces hasta ignominiosa, me atrevería a decir. Son tantos los despropósitos que han protagonizado los encargados de gobernar este honorable estamento que no tenemos espacio en esta página para analizarlos todos con profundidad. Me ceñiré a dos de los más representativos. Todos aquellos que han sido críticos con el presidente de la RFEC, Andrés Gutiérrez, hasta hace poco también presidente de Mutuasport y Eco Global Shot, y han pedido explicaciones por su gestión, han recibido ataques de diversa índole de forma progresiva y sorpresiva. Francisco Piera, presidente de la Federación Catalana y miembro de la comisión investigadora del perdigón ecológico con un currículum federativo impecable, pidió su dimisión al estudiar a fondo el caso. Inmediatamente, Gutiérrez lo cesó de su puesto como vicepresidente de la RFEC. La misma petición formuló de manera unánime la asamblea de la Federación Andaluza de Caza cuyo presidente, José María Mancheño, también había estudiado a fondo la gestión del proyecto del perdigón ecológico y del millón y medio de euros que costó: la federación autonómica que le había colocado en el trono de la RFEC le instaba ahora a abandonarlo. Lejos de atender la petición de sus paisanos andaluces, la respuesta de Andrés Gutiérrez fue solicitar al Consejo Superior de Deportes el retraso del proceso electoral de la RFEC. El pasado mes de junio las elecciones a la presidencia de la Federación Andaluza de Caza (que sí estaban siguiendo sus cauces habituales) fueron impugnadas por un leve defecto de forma. Además, el Comité de Disciplina Deportiva de Andalucía recibió una denuncia que solicitaba la inhabilitación de las funciones de José María Mancheño, una petición desconcertante y desorbitada para un presidente intachable cuya máxima siempre ha sido la transparencia y cuya labor al frente de Andalucía ha sido (y es) ejemplar. Fuentes cercanas a la FAC aseguraron que tenían constancia de que esas denuncias habían sido orquestadas desde Madrid, por lo que el día 13 de junio los directivos de la FAC presentaron su dimisión en bloque de todos los cargos que ocupaban en la RFEC. Aseguraron que esta vez se había cruzado la línea roja. Con este gesto, la Federación Andaluza escenificaba públicamente lo que ya habían hecho otros como Juan de Dios, de Castilla-La Mancha, meses antes: su voluntad de no seguir trabajando junto a la persona que gobierna la RFEC. Se abría de esta manera una brecha insalvable y se cruzaba el punto de no retorno. Un antes y un después que inevitablemente ha hecho que en la RFEC hayan crujido todos los cimientos, teniendo en cuenta que los hombres que dimitieron el 13 de junio representan nada menos que al 40% de los cazadores federados de España. Andrés Gutiérrez se ha quedado solo al frente de una nave que, como decía al principio, hace aguas por todas partes y malgasta un tiempo vital para la caza y los cazadores. Su modelo de federación, anacrónico, opaco e incapaz en casi todos sus aspectos, se resquebraja irremisiblemente a pesar de su vano y kamikaze intento por mantenerlo a flote. Por prolongar su agonía y, con ella, la de la maltrecha RFEC. Entre tanto, se niega a asumir la responsabilidad política que se ha cargado a las espaldas después de más de 12 años acaparando bajo su persona una enorme cantidad de poder. Poder que, a la vista de los últimos acontecimientos, es evidente que le ha venido grande. Inmensamente grande. En esta larga década ominosa en la que se ha convertido su mandato, su hoja de ruta ha estado marcada por grandes y costosísimos proyectos que sólo han servido para dilapidar inútilmente una millonaria cantidad de dinero de los cazadores. Después de ilusionarnos con grandes promesas como la vacuna del conejo o el perdigón ecológico hemos visto que todo se desvanecía como el humo (incluido nuestro dinero). Que todo eso no era más que el palo y la zanahoria con el que meter en vereda a la opinión pública cinegética y asegurarse el sillón. Afortunadamente parece que soplan nuevos vientos en el mundo cinegético. El pasado mes José María Mancheño resultaba electo como presidente en Mutuasport poniendo punto final al largo y oneroso mandato de Andrés Gutiérrez al frente de esta entidad. Un Andrés Gutiérrez que, esperemos, tenga a bien convocar las elecciones de la Real Federación Española de Caza antes de que se termine de destruir la imagen y la credibilidad de la institución a la que tanto le debe. Los cazadores necesitamos una federación moderna y transparente para defendernos. Una federación que sepa estar a nuestra altura, lejos de visos caciquiles, amiguismos, rancias costumbres y ridículos protagonismos. Una federación que nos acoja en su seno, que nos aglutine y que vuelva a poner los pies en la tierra, anticipándose a nuestros problemas, no corriendo de manera vana tras ellos. Necesitamos buenos cazadores al frente de la Real Federación Española de Caza. Necesitamos dejar de perder el tiempo en intentonas presidencialistas y dejar paso a un nuevo modelo federativo. Es hora de cambiar y de ser valientes. Es hora de asumir responsabilidades. Es hora de conquistar el futuro que nos merecemos de una maldita vez. Editorial publicado en el número 506 de TROFEO.
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