Entre ovejas y capuchones de maíz. Así se camufló una liebre que no se movió ni cuando sintió el aliento de los animales detrás de las orejas. Así pasaron dos largos minutos, ante la atenta mirada de los otros gigantes. Resistió el momento y apenas se movió. Consiguió aguantar el tirón y decidió confiar en su camuflaje. Y ganó.