Primera división

Hablamos y escribimos sobre la caza, y muchas veces nos olvidamos escribir sobre el cazador, que es el protagonista del deporte cinegético (por economía expresiva utilizaremos los masculinos gramaticales de cazador y hombre, para designar a la clase de ca


Si bien la figura de este deportista ha cambiado a lo largo de la historia, permanecen aún en él algunos invariantes que lo caracterizan. Pero hoy la figura del cazador es más compleja que la de tiempos pasados. Intentaremos acercarnos a definir las cualidades del cazador actual, en todo deporte hay diferentes categorías, también las hay en este, aunque no estén regladas, nos fijaremos en el cazador de primera división, el cazador del fair play, el cazador por excelencia.

El cazador de primera es una persona culta y altamente civilizada, que a día de hoy, normalmente reside y trabaja en la ciudad, la mayoría de las veces desarrolla un trabajo para el que se necesita una gran cualificación. Este cazador necesita regresar a la naturaleza, vivirla y sentirla con pasión, y lo hará acompañado por el hombre primitivo que lleva dentro, lo hará para cazar, y ésta acción será siempre un viaje intimo al interior de él mismo.

Hay variados ejemplos literarios de ese viaje interior. Así, por ejemplo, nos lo relata Ernest Hemingway en su novela Las nieves del Kilimanjaro. Novela llevada al cine con idéntico título. El protagonista es un escritor que ha viajado para cazar, sufre un accidente de caza, y mientras espera ayuda exterior postrado en el campamento, con delirios febriles recuerda un pasado de culpa en el que enviudó, y se da cuenta de que solo con su mujer actual podrá ser feliz. Otro ejemplo, lo tenemos en la novela de David Walker Harry Black y el tigre en la que el cazador Harry Black revivirá su pasado, y se enfrentará a su futuro, mientras persigue al tigre asesino por las zonas más inhóspitas de la India. Esta novela también fue llevada al cine.

Sirvan estos dos ejemplos, hay muchísimos más, de que el ejercicio de la caza, en mayor o menor grado, es una liberación para el cazador tanto mayor cuanto más profunda sea la experiencia cinegética. Sin esta experiencia de liberación por la caza y en contacto con la naturaleza, no tendrían sentido las dos novelas citadas.

Hemos de analizar el término safari, que hoy está tan de actualidad, para saber lo que pretende el cazador moderno. Apareció este vocablo, importado a nuestro idioma de la lengua africana suajili, para referirse a una expedición para cazar animales en África, hoy puede generalizarse a otros continentes, conservando su sentido, ya que una expedición es una excursión para realizar una empresa en punto distante. Y empresa aquí tiene el significado de una acción o tarea que entraña dificultad, y cuya ejecución requiere decisión y esfuerzo. Diccionario dixit.

El hombre civilizado decide hacer un safari a un lugar lejano, y en ese preciso instante en que ha tomado esta decisión ya ha iniciado la acción de cazar, se despiertan en él unas inquietudes estéticas con las que disfrutará, a pesar de que le suponga un esfuerzo notable realizarlas.

No entro en que nuestro hombre esté algo estresado, que necesite descansar de su trabajo, que busque unas vacaciones… Puede ser, pero eso no anula el motivo siempre subyacente, de que nuestro hombre es un cazador, que no se conforma con los logros que anteriormente haya obtenido en el ejercicio de su pasión deportiva, y quiere mejorarlos; lo que le supondrá superarse a sí mismo.

Nuestro protagonista empezará seleccionando la pieza que desea cazar, hablo de pieza en singular ya que, por ejemplo, decir que alguien «ha ido a cazar elefantes» parece, en plural, a todas luces algo excesivo. Este proceso de elección le hará feliz durante un tiempo, tiempo en que será un estudioso de la fauna. Llegado el momento habrá elegido la pieza que quiere, naturalmente sabrá en qué lugar del mundo está el objeto de su deseo. A partir de ahí se documentará sobre la geografía, clima, costumbres de ese lugar. Y buscará con entrenamiento alcanzar una buena forma, mental y física. Todo deportista sabe que en el principio de la preparación está el triunfo.

En todo este proceso, naturalmente, habrá buscado ayuda; posiblemente hablará con amigos que ya lo hayan vivido previamente, habrá ido a informarse a distintas empresas cinegéticas, leerá revistas especializadas. Como no irá a cazar a un lugar ignoto, ya que desde que empezaron los antiguos exploradores, hasta la actualidad, hemos logrado tener información precisa sobre los sitios más remotos, así el cazador podrá saber los detalles del espacio natural que ha elegido, analizará toda esta información, y será un estudiante aplicado en conocer un medio ambiente natural, muy alejado de aquel en que reside habitualmente.

Este proceso, naturalmente, no es secuencial. Así por ejemplo puede haber pensado cazar un determinado animal, y haber llegado a ser un experto en todo lo referente a él, muchos años antes de decidir hacer el mencionado safari.

Cuando el cazador ya tenga elegido el punto distante donde irá a cazar a ese animal salvaje, por haber adquirido toda la información sobre ello, entonces empezará de un modo igualmente reflexivo a programar su viaje, ya que para ir al sitio elegido necesitará múltiples medios de transporte. Posiblemente hará esto de manera que pueda visitar ciudades que le ofrezcan algún atractivo turístico, estudiará los días de permanencia en cada lugar, y así su cultura se enriquecerá con lo que le ofrecen otras gentes con otras costumbres.

Como este proceso en sí, es una actividad muy agradable, el cazador lo habrá disfrutado y con este trabajo de preparación se habrá acrecentado su ilusión.

Y al emprender el viaje se habrá convertido en un cazador nómada, la Prehistoria fue la época nómada de los cazadores, lo que dio como resultado que se poblaran todos los continentes. Nuestro cazador en su viaje, a partir de las normas de su cultura respetará otras culturas con las que se encontrará. Su gran preparación hace que sea cada vez más prudente, por lo que no viajará con espíritu colonial sino con la modestia del que sabe que aprenderá cosas nuevas. Conoce como Cervantes que «el andar en tierras y comunicar con diversas gentes, hace a los hombres discretos».

Es inevitable hacer una pequeña reseña sobre la novela-diario de Wladimir Arseniev, de título Dersú Uzalá. En ella leemos como El Cazador, guía por la tundra a los exploradores mandados por Arseniev que es capitán de topógrafos. Los topógrafos van respetando al cazador a medida que trascurren los días, pues la cultura de respeto de este ha impregnado a los otros, y este respeto lo extenderán a la naturaleza. La novela fue llevada al cine por Akira Kurosava.

Cuando ya se encuentre en la residencia próxima al cazadero, el cazador nómada repasará y comentará con los profesionales que le atienden, todo lo referente a las armas, la munición, el modo de aproximarse a la pieza y un largo etc. Pues la estrategia a seguir debe estar siempre muy clara.

Explorará previamente el terreno, que ya conoce por haberlo estudiado aquellas lejanas tardes tranquilamente en su hogar, hogar cómodo del que hoy se acuerda. Experimentará un sentimiento animista hacia el medio natural, tratándolo de igual a igual, porque va a ser cazador en un entorno que respetará para su conservación. Posiblemente haya elegido para abatir una pieza difícil y que haya sido seleccionada por causar daños.

Como nuestro deportista es de primera división, y se ha documentado durante largo tiempo, nada le resultará extraño, vivirá esa realidad mágica en la que ve que sus proyectos se ajustan a lo que en ese instante estará haciendo, en que su afán coincide con los resultados, pues la caza no es solo la consecución de la pieza, es una cadena de íntimos logros. Vivirá también, existencialmente, la contradicción de que su alto grado de civilización es el que le ha permitido regresar a su yo primitivo de predador.

Muchas son las sensaciones que tendrá en la vela de armas, desea un gran trofeo, respeta al animal que cazará, tendrá muchos titubeos, también sabe que con su acción contribuye a la sostenibilidad ambiental, a la mejora del entorno y a la rentabilidad social. Paradójicamente se ve ahora a sí mismo más civilizado, ha recorrido un camino de perfección de ida y de vuelta.

Todo este largo proceso hasta llegar a este punto, ha hecho de él un ser más solidario, más universal. La Caza le ha acercado a muchas cosas, y cada vez más le ha alejado de otra, la de la violencia hacia el semejante. El cazador de primera es un hombre sociable y siempre pacífico.

Y llegará el momento de la acción final, empezará a cazar ya sobre el terreno. Cazará uno o más días, en lugares agrestes o no, desérticos o selváticos, con calor o con frio. Debe localizar el animal a abatir, que será o no peligroso. La fatiga física será grande o menos grande, la psicológica también. Pero en cualquier caso sus emociones serán cada vez más intensas.

Y aunque el cazador posiblemente vaya acompañado por un guía, se sentirá solo, sentirá la soledad del corredor de fondo, y como este dudará, a pesar de lo mucho que se haya preparado.

A medida que vaya emboscando y recechando su posible trofeo, le asaltará la duda sobre si lo conseguirá, o si habrá elegido el animal salvaje adecuado, y se le irán agolpando todas las ideas que haya adquirido hasta llegar a ese día, hasta llegar a esa hora, hasta llegar a ese minuto, hasta llegar a ese segundo… toda su persona estará en un estado de excitación, de gran tensión, el éxito o el fracaso ocurrirá inmediatamente. Pero al cazador no le importa, porque sabe que ya ha triunfado.

Porque este cazador, que así se ha preparado, humanamente triunfa siempre.

Y todo practicante de este deporte tan noble que es la caza, debe ser siempre cazador de primera.

 


Este post pertenece a la obra del autor Un cazador observador. Cupón de descuento para nuestros lectores con el código CAZA.

Otras obras del autor para regalar esta Navidad:

Reflexiones sobre La Caza. Beneficio medioambiental que reporta. Su ejercicio, su cultura y su arte. También código CAZA.

Ya se acabó el alboroto.

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