Su propietario, Agustín Ramos, un cazador gaditano, nos cuenta que el zorzal abatido cayó muy lejos de la orilla tras el disparo: «al menos a 150 metros». Pero esto no preocupó a este cazador, que dio la orden a su perra para cobrarlo.
«Ni siquiera lo vio caer, simplemente la mandé a cobrar y ella se lanzó al agua y comenzó a trabajar. Allí hizo uso de su olfato y no tardó en encontrar al zorzal».
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