Inestimado roznador...


Inestimado roznador: A la vista de su dechado de virtudes y conocimientos filológicos, evidentes en su anodina respuesta, no me cabe otra cosa que pensar en su constante y reiterada falta de asistencia a las clases más elementales de lengua en el colegio. ¡Usted hizo pellas! Usted se pasó en la cafetería −dudo que jugando al mus ya que es este un juego para mentes más perspicaces− la mayor parte de las clases de gramática: es obvio su desconocimiento de los modos verbales ya que no distingue usted un infinitivo de un imperativo. Como desconoce, a la vista está, el uso de verbos tan elementales como ‘ser’ y ‘estar’. Por las clases de sintaxis tampoco le vieron mucho el pelo. A las de semántica… ¡qué decirle! Desconoce usted, por completo el significado −la acepción, que tan incorrectamente ha utilizado− de palabras tan elementales como ‘insulto’. Pero bueno, hasta aquí no vamos mal. Eso sí, me parece una desfachatez que no apareciese en todo el curso por las clases de ortografía: no tiene usted ni la más mínima idea de las más elementales normas sobre el uso de las mayúsculas, de la tilde, de los signos de puntuación, uso de la ‘h’… Efectivamente, hago mías sus palabras: infórmese primero, sobre todo en la Real Academia de la Lengua, con mayúsculas, y luego trate de corregir. De su comentario ‘ideológico’ no tengo nada que comentarle. El propio sentido, significado, acepción, de sus palabras define perfectamente su fundamentalista ideario. Permítame recordarle, inestimado roznador, otro de los refranes favoritos de mi abuela: usted, tanto en lingüística como en antropología (me refiero con este término a la caza), “confunde el culo con las témporas”. Por otro lado, y para ir terminando, me gustaría, encarecidamente, hacerle un ruego. Es obvio que a la vista de su dechado de mala baba usted no comparte ni un ápice de nuestras ideas y aficiones (me refiero, por supuesto, a la práctica venatoria −¿sabe usted lo que es eso?−), por lo que no llego a comprender bien qué hace usted por estas páginas, salvo por el hecho, evidente, de dedicarse a verter sus insidiosas vulgaridades y sus reprimidas opiniones. Es por esta razón por la que le ruego, por favor, que se dedique usted a visitar otro tipo de páginas, que haberlas haylas, como las meigas, más acordes con su cociente intelectual. Yo, le voy a ser sincero: no voy a perder un solo minuto más de mi tiempo con usted. Ni con otros de su misma ralea. ¡Hasta nunca!
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