El zorro no tarda en morder a su presa en el cuello, y consigue sostenerla durante unos segundos. Solo la intervención del ser humano consigue que el predador oportunista suelte al pequeño cérvido y huya de allí.
A pesar de que el pequeño ciervo ha salvado la vida, los segundos que restan de vídeo nos lo muestran desorientado y afectado por el ataque. Las patas le fallan.
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