Afortunadamente, la familia de Tanya Mallaney se habían asegurado de que tanto puertas como ventanas estuvieran bien cerradas. El oso parecía enfurecido y hambriento, y comenzó a morder el espejo retrovisor y otras partes del vehículo.
Mientras, Tanya sacó su teléfono móvil y tomó algunas fotografías de la escena. Cuando el oso comprobó que allí no había nada que pudiera comer, siguió su camino, dejando todo en una anécdota.
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