Con el lomo erizado y preparado para embestir al primer perro que se le acerque. En esa actitud observamos al gran jabalí. Los perros, todos de rastro y ninguno de agarre, mantienen las distancias. Saben que es una batalla que no podrían ganar. La fuerza de ese descomunal animal y el tamaño de sus navajas son factores que juegan totalmente a favor del jabalí.