Armas y Complementos

.300 H&H Magnum

Historia de un magnífico cartucho en decadencia

Introducido por Holland & Holland en 1925 con la denominación patentada de ‘Holland´s Super 30’, fue adoptado y fabricado poco después en Estados Unidos con el nombre de .300 H&H Magnum, país que lo mejoró y utilizó para crear municiones más veloces que lo condenaron al olvido.

Juan Francisco París

Fotos: Autor

17/03/2022  |  1577 lecturas

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Cajas de munición Kynoch, la empresa que cargó por primera vez el cartucho para Holland & Holland, de diversas épocas en las que se puede leer los diferentes nombres británicos con los que se conoció el calibre. Nótese que en una se indica entre paréntesis la denominación original “Holland´s Super 30”.

En los años 20 del siglo pasado los cazadores de Estados Unidos, aferrados durante décadas a los rifles de palanca, ya habían descubierto el mayor alcance efectivo de los de cerrojo, sobre todo gracias al .30-06, por lo que la demanda de este tipo de armas de repetición era cada vez mayor y, como consecuencia, los fabricantes de rifles y municiones deportivas también se interesaron por ellas y comenzaron a desarrollar nuevos calibres que, con el paso del tiempo, la mayoría se harán famosos y se utilizarán en todo el mundo. Es el caso del .270 Winchester que es el cartucho norteamericano diseñado para rifles de caza de cerrojo más veterano y el que más contribuyó a aumentar el interés de los cazadores de la época por los rifles de cerrojo porque desde que se comercializó en 1925 (lo disparó por primera vez el rifle de cerrojo Winchester 54) siempre ha sido uno de los más utilizados de su categoría.

Sin embargo, el .270 Win, fue una excepción porque en esta década del siglo XX la industria deportiva de EE.UU aún no podía competir, ni pudo hacerlo durante años, con la experiencia que tenía la alemana y la británica, pues llevaban otros 25 años, como mínimo, de ventaja en el desarrollo de municiones de caza para armas de cerrojo, razón por lo que en EE.UU también se utilizaban algunos cartuchos europeos que adaptaban a su nomenclatura y, en algunos casos, incluso modificaban sus prestaciones. Y esto último es precisamente lo que ocurrió con el .300 Holland & Holland Magnum, una munición que, aunque hoy día apenas se utiliza, era muy precisa, efectiva y, sobre todo, desempeñó un papel crucial en el desarrollo de la cartuchería norteamericana de alta velocidad que comenzó unas dos décadas después.


Rifle Winchester 70 y caja de cartuchos Winchester cal. .300 H&H Mag. de finales de los años 30. El célebre fabricante de armas de repetición fue el primero que incluyó en su catálogo el calibre británico y, además, lo mejoró al cargarlo con pólvora “moderna”.

Holland´S Super 30

En 1920, Inglaterra producía una gama de cartuchos deportivos para caza y tiro tan amplia y rica en variedad de calibres que, si no era la mayor del mundo, le andaba a la zaga. Englobaba municiones desde el calibre .23 (.297/230 Morris Short & Long) al .600 (.600 Nitro-Express), la mayoría para armas de cañones basculantes, aunque también incluía ya bastantes cartuchos para rifles de cerrojo diseñados por armeros ingleses (Rigby, Holland & Holland…) y algunos europeos, pues como sucedía en EE.UU, cada vez se utilizaban más.

Sin embargo, curiosamente, Inglaterra no fabricaba ningún calibre .30 potente de diseño propio para armas de cerrojo que se pudiera utilizar en la caza de animales medianos a grandes distancias. Lo más parecido era el .303 Magnum, introducido por Jeffery hacia 1919 como munición de tiro, que disparaba las balas de 174 grains del calibre 0,312” que usaba el cartucho militar .303 British a una notable mayor velocidad (*): 2.850 pies por segundo (869 m/s) frente a 2.450 pies por segundo (747 m/s). Hacia 1930 Kynoch lo incluyó en su catálogo, pero nunca se hizo popular como munición de caza, entre otras razones, porque lo impidió Holland & Holland.


Cartuchos Winchester y Remington .300 H&H Magnum con bala Silvertip y Soft Point de 180 y 150 grains, respectivamente. Durante décadas, el cartucho británico lo cargaron en EE.UU. casi todos los fabricantes de municiones.

Efectivamente, la prestigiosa firma londinense se dio cuenta de que era necesario crear una munición británica de calibre .30 para caza a larga distancia que pudiera disparar proyectiles de diferentes pesos y fuera más efectiva que las que se utilizaban y, tomando como base la vaina de su .375 Belted Rimmles Magnum Nitro Express, que desde 1912 no dejaba de tener éxito, lanzo al mercado un rifle de cerrojo y cartucho que disparaba balas del calibre .308 y que, inicialmente, patentó con el nombre de Holland´s Super 30, por lo que hasta que no expiró la patente al cabo de unos cuatro años, nadie pudo legalmente fabricar rifles ni municiones de este calibre.

En esta primera época, las armas, de la mayor calidad, solo las fabricaba la empresa que lo diseñó con acciones Mauser Magnum y la cartuchería la cargaba expresamente para Holland & Holland la factoría Kynoch, de Birmingham, que era una de las fábricas de municiones más importantes de la época que pertenecía a la Imperial Chemical Industries (ICI) de Londres.


Cartucho original Kynoch .300 Super 30 Rimless con proyectil blindado de 220 grains, comparado con un DWM alemán con bala TUG de 180 grains, un Winchester Silvertip de 180 grains y un Remington Soft Point de 150 grains.

Kinoch cargó los cartuchos con Cordita, que era una pólvora británica sin humo de primera época que se presentaba en forma de hilos alargados y se utilizó para cargar con pólvora sin humo muchos cartuchos de rifle de pólvora negra que usaban vainas de grandes dimensiones, así como la cartuchería con vainas de gran capacidad diseñadas originalmente para pólvora sin humo, como el .300 H&H Mag.; el .375 H&H Mag, los grandes calibres para rifles express, etc.

Y como balas usó proyectiles de 0.308” de 150, 180 y 220 grains (mismo calibre y pesos del .30-06, que ya se hacía famoso también en Inglaterra) con los que desarrollaba una velocidad de 3.000; 2.700 y 2.350 pies por segundo (914; 823 y 701 m/s), muy similar a la que conseguía la cartuchería norteamericana del .30-06 con los mismos pesos de proyectiles.

Cabe añadir que el cartucho también se presentó con vaina de pestaña con el nombre de .30 Super Flanged H&H para su uso en rifles express con los mismos pesos de proyectil (la especialidad de Holland & Holland) y que la versión para rifles de cerrojo también se conoció con los nombres de .30 Super Rimless H&H, además de .300 Belted Rimless y .300 H&H Magnum Belted Rimless, siendo esta última denominación la que se utilizó en Estados Unidos y en el resto del continente europeo.

(*) El término Magnum fue popularizado en todo el mundo por Estados Unidos, pero lo acuñó muchos años antes la cartuchería británica. Se utilizaba en las municiones de un determinado calibre que era más potente que todas las demás del mismo calibre, caso del .303 Magnum, más potente que el .303 British, o del .450/400 Magnum Nitro-Express 3 1/4”, introducido a final del siglo XIX, pues era más potente que los demás cartuchos .450/.400 para pólvora sin humo o de pólvora negra.


De izquierda a derecha, cartuchos .300 H&H Magnum fabricados por Kynoch y Winchester comparados con un .300 Winchester Magnum y un .300 Weatherby Magnum. El cartucho británico y su vaina fue el embrión de la “magnummanía”.

.300 H&H Magnum

Según citan algunos autores (Frank C. Barnes, “Cartridges of The World”, por ejemplo) el .300 H&H Magnum lo carga por primera vez en los Estados Unidos la Western Cartridge Co. (la compañía que fabricaba la munición para Winchester en la época), pero es poco probable que sucediera así porque el cartucho británico (y los rifles) estaban protegidos por una patente. Seguramente, confunden el .300 H&H Mag. con el .375 H&H Mag., pues esta munición sí la cargó por primera vez en Estados Unidos la Western Cartridge Co. a finales de 1925, por lo que es mucho más probable, como bien indican otros especialistas, que los primeros rifles y cartuchos se fabricaran en Estado Unidos cuando H&H retiró la patente a finales de la década y permitió que otros fabricantes de armas y municiones manufacturaran el calibre, que dicho sea de paso, mientras estuvieron protegidos no se utilizaba mucho porque la mayoría de los cazadores británicos no se podían costear adquirir un rifle H&H.

En concreto, se sabe que Griffin & Howe comenzó a final de los años 20 a fabricar en EE.UU. rifles por encargo de este calibre, aunque sin éxito en un primer momento porque, como sucedió en el Imperio Británico, los rifles eran caros y aunque el cartucho era algo más potente que el .30-06 en esta primera época, no justificaba el mayor desembolso.


Rifle calibre .300 H&H Mag. hecho por encargo con un cañón pesado Lothar Walther y una acción magnum Mauser 98 VZ24 de 1934. Nótese que la aleta del seguro ERA de tres posiciones está instalada en el costado del cerrojo para que no toque en el visor, nada menos que un Zeiss Victory 2,5-10x50 con retícula 4, y que en la acción, debajo de Zeiss, se aprecia el rebaje para insertar los “peines” de lámina originales de 5 cartuchos que usaban los fusiles militares Mauser. El depósito de la munición la almacena en doble fila y es fijo.

El cartucho británico comienza a hacerse famoso cuando en 1935 Ben Comfort ganó la Copa Wimbledon a 1.000 yardas tirando con cartuchos .300 H&H Mag cargados por Western Cartridge Co y con rifle un Griffin & Howe. hecho con una acción M17 Enfield (Remington 30-S Express) y con un cañón Winchester, lo que supuso una gran publicidad para el fabricante de armas de repetición y también un enorme beneficio para la popularidad que alcanzaría poco después el calibre porque Winchester lo adoptó en 1937 para su rifle mod. 70 y mejoró además las dos cargas más débiles que tenía el cartucho original aprovechando la experiencia de la Western Cartridge, que, como ya se ha apuntado, era la empresa que fabricaba las municiones Winchester. En concreto, usando pólvoras más modernas y lentas que la Cordita, Winchester lanzó al mercado cartuchos .300 H&H Magnum con balas de 180 y 220 grains que desarrollaban en cañones de 24” 2.920 y 2.620 pies/segundo (890 y 798 m/s) respectivamente, por lo que superaban netamente las cargas del mismo peso del .30-06 en unos 200 pies/s (**).


Arriba, cerrojo Mauser Magnum VZ24 (M98) del rifle .300 H&H Magnum comparado con un Mauser (M93) para cartuchos de longitud estándar, como el .30-06 o el .300 Win. Magnum. Nótese que el Mauser Magnum es un poco más largo porque también lo es la vaina del cartucho británico.

Para colmo de felicidad para los entusiastas del calibre, del que cada día se hablaba más, en 1937 el .300 H&H Magnum vuelve a ganar en Wimbledon las 1.000 yardas, lo que hace que en los próximos años aumente su popularidad y lo adopten muchos cazadores, algunos muy famosos, como Elmer Keith, sin que peligre su popularidad hasta años después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los fabricantes de armas y municiones deportivas vuelven a recuperar su actividad normal y crean nuevos cartuchos comerciales de alta velocidad.

(**) Y más adelante también fabricó cartuchos de 150 grains que superaban en 420 pies por segundo a la carga del .30-06 y a la original británica Holand´s Super 30 en 190 pies/s, pues desarrollaba 3.190 pies/s (972 m/s).


Cartuchos calibre .300 H&H, .30-06 y .300 Win. Magnum. Éste último, al ser un poco más potente que el .300 H&H y, sobre todo, al tener una vaina apta para ser utilizado en rifles con acciones estándar, ha sido el “verdugo” del .300 H&H Mag.

Embrión de la ‘magnummanía’

He dicho comerciales porque su vaina de gran capacidad también despertó un gran interés entre las personas interesadas en desarrollar de forma artesanal municiones potentes de alta velocidad, siendo el más conocido Roy E. Weatherby, quien en 1944 diseñó varios calibres hiperveloces modificando vainas del .300 H&H Mag. y, entre otros, creó el. 300 Weatherby Magnum que era notablemente más rápido que el cartucho británico, pues disparaba las balas de 150 y 180 grains a 1.080 y 989 metros por segundo.  Sin embargo, la munición Weatherby solo se fabricaba para rifles Weatherby, por lo que no pudo competir comercialmente con el cartucho británico ni lo haría ningún otro hasta que Winchester lanzó al mercado en 1963 el .300 Winchester Magnum, seguramente porque Remington había comercializado un año antes el 7 mm. Remington Magnum y no esperó a que su rival se le adelantara.


Kudu y Nyala cobrados con el .300 H & H. Su versatilidad permite cobrar con proyectiles de 180 grains, prácticamente la totalidad de la fauna africana o de otros continentes.

Ambos cartuchos junto con el .264 y el .338 Winchester Magnum, comercializados en 1958, desataron en EE.UU y en todos los países donde se exportaron (o lo que es lo mismo, en casi todo el mundo) un inusitado y exagerado interés por la cartuchería de caza de alta velocidad que se conoce con el nombre de “magnummanía” y cuyo embrión fue el .300 Holland & Holland Magnum, primer cartucho comercial de alta velocidad calibre 30, que, sin embargo, no pudo competir con el .300 Winchester Magnum por varias razones. Primero por su origen; segundo, porque era más potente (las cargas originales de 150 y 180 grains del .300 Win. Mag. desarrollaban 3.400 y 3.070 pies/s; unos 1.036 y 936 m/s) pero, sobre todo, porque fueron diseñados con vainas “belted” más cortas para que se pudieran disparar en acciones estándar, lo que propició que todos los fabricantes de rifles del mundo los adoptaran y dejaran, poco a poco, de fabricar armas y municiones del calibre británico. De hecho, aunque hoy día, Federal en EE.UU y alguna que otra marca europea (la alemana FLB, por ejemplo) lo sigue produciendo, es prácticamente un cartucho obsoleto, curiosamente, gracias a Winchester, la empresa que lo mejoró y popularizó más que ninguna otra.