Editorial

Hoy todos los cazadores quieren ser extremeños

Desde el principio de esta desgraciada situación, ha habido algo que los cazadores no se han explicado. ¿Por qué los gobiernos se niegan a ver la nula capacidad de transmitir o contagiarse al salir de casa, meterse en su coche solo o con un conviviente, ir al campo y permanecer allí, cazando unas horas y volver de la misma manera a casa?

Hoy, un responsable de Sanidad, el extremeño, ha nombrado la palabra caza en riguroso directo para aludir a su «práctica de manera individual» y dejar claro que se podrá realizar porque se autorizan los desplazamientos entre municipios para realizar «esa actividad concreta».

Y lo ha hecho para que todos los extremeños lo escuchasen, ya sean cazadores o animalistas. Y no le ha temblado la voz, al contrario, enfatizando con un severo gesto de su mano derecha.

Aún debemos esperar a la publicación de estas medidas en el Diario Oficial de Extremadura. Pero si lo publicado refleja lo afirmado hoy por José María Vergeles, vicepresidente segundo y consejero de Sanidad de Extremadura, no habrá condiciones.

No habrá excusas en justificar la ‘caza’ (yo lo llamo control cinegético gratuito por parte de los cazadores) para la prevención de daños a la agricultura.

No habrá enclenques listados de especies que dejarán fuera a otras.

No habrá tarjetas que diferencien entre un cazador y otro.

Hoy la caza ha tomado el lugar que merece entre las actividades que no resultan peligrosas en términos de contagio. Al menos en Extremadura.

Y, gracias a Club de Caza, todos los cazadores españoles del resto de autonomías también han podido ver y oír lo que muchos de ellos llevan casi un año soñando escuchar de los responsables de sus respectivos gobiernos.

Hoy, todos los cazadores españoles sienten envidia de sus compañeros extremeños. Hoy, todos los cazadores querrían ser extremeños.

 

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