Editorial

No me intentes explicar por qué una montería sí y un día a zorzales no

Que sí. Que los jabalíes, los venados y los conejos ocasionan daños. En cultivos, en carreteras, en infraestructuras, incluso, cada vez más, en suelos urbanos. Pero reducir la actividad cinegética al control de daños es una batalla perdida. Y puede traer consecuencias terribles.

No hace demasiado que uno de los partidos políticos que más sueñan y trabajan para que la caza desaparezca desveló una estrategia que ya entonces me horrorizó. Y, tras pasar unos meses, hoy despertamos con la materialización de ese camino animalista, favorecido por las circunstancias que la pandemia ha traído. La caza como actividad se justifica a través del control poblacional de especies que representen amenaza de algún tipo para la sociedad.

Sí, ya sé que la caza sigue estando permitida, pero autorizar los desplazamientos solo para el control de daños es una manera de sustituir ‘caza’ por ‘control’.

No se puede defender la caza como control para evitar daños

La estrategia que se viene siguiendo desde hace algún tiempo por muchas entidades ligadas al sector cinegético me parece totalmente errónea. Indirectamente, se está reconociendo que la caza debe justificarse por los males que evita, cuando hablamos de una actividad lícita y ética con el medio ambiente que muchos llevamos ligada a nuestro ADN. Demasiados pasos atrás para esquivar los golpes y críticas de los radicales en lugar de dar un paso al frente en una defensa férrea de nuestra pasión.

Me declaro cazador abiertamente. Porque me gusta todo lo que engloba esta afición. No porque quiera controlar animales que estén dañando o puedan hacer daños en el futuro. Si la sociedad se aprovecha de esto, yo encantado. Pero al revés, nunca. Bueno, nunca no, porque es lo que está sucediendo en Andalucía.

¿Y los cazadores de menor?

Y lo peor es que hay entidades que se cuelgan la medalla en el pecho, bien visible, en lugar de tirarse de los pelos por el descomunal fracaso que supone este asunto. Que se lo digan a los cazadores de menor. Miles y miles de aficionados que esperaban con ilusión la apertura de la temporada zorzalera. Y ahora, si no tienen el coto allí donde están empadronados, verán los pájaros por la ventana, y si tienen suerte.

¿Los zorzales o las torcaces no ocasionan daños a la agricultura? ¿O es que son daños menos llamativos?

Un cazador que se desplace en su vehículo, solo o con personas con las que convive, que vaya del coche al campo y del campo al coche, y vuelva a su casa, ¿representa algún riesgo de propagar la maldita enfermedad?

Desunión vergonzante

Me da la sensación de que se han centrado los esfuerzos de determinadas entidades en acercar «el ascua» a su sardina, en lugar de luchar por la caza, y el resultado es el fiasco al que hemos llegado.

La desunión de los que deben defendernos es vergonzosa. Cada uno tirando para sus intereses. Mientras, algunos de los de abajo, pocos, pero con uno ya sobra, han declarado que, por solidaridad con sus compañeros olvidados, no participarán en las tareas de control poblacional por daños. Eso sí que es dar ejemplo.

 

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