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«Va por ti, Mel Capitán»: el trofeo perfecto para luchar contra el acoso a los cazadores

Un cazador jienense, de Bélmez de la Moraleda (el pueblo de las caras) dedica el que ha sido el jabalí más luchador de su vida cinegética a la memoria de Mel Capitán: «más de dos años de dura lucha hasta conseguir abatirlo, pero no me rendí porque había prometido a Mel y a su familia y a través de mi perfil de Facebook conseguir un trofeo digno de su memoria».

22/11/2019 20:43:12 | CdC | Archivado en:  Homenaje.

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Mel Capitán

Juan Antonio Hervás es cazador desde la cuna. Lleva cazando desde los 4 años, cuando comenzó a acompañar a su abuelo y maestro. El caso de Mel Capitán le afectó muchísimo. Desde el principio se involucró en lo sucedido y apoyó a los que quisieron luchar contra el acoso que recibió la cazadora, hoy símbolo de la lucha por el respeto y la dignidad de los cazadores de España.

Un cazador que también ha sufrido el acoso y la violencia a través de las redes sociales. Que, lejos de acobardarse, pensó en la manera más apropiada para luchar contra este acoso: dignificando a la caza y probablemente a la persona que más ha sufrido esta forma de violencia. Aunque sabe que, a raíz de esto, los acosadores irán con más fuerza a por él, también quiere llamar la atención a los políticos y legisladores, ya que prometen mucho y hacen bien poco para poner freno y fin al ecoterrorismo radical que estamos sufriendo los cazadores y cazadoras de medio mundo. Una frase de Hervás resume el sentir de los cazadores ante tal violencia: esto no va a acabar bien.


Abuelo de Juan Antonio

Una bonita promesa

Ese compromiso le llevó a prometer a los familiares de la cazadora fallecida un trofeo que estuviera a la altura de su recuerdo. Al fin, Juan Antonio lo ha conseguido. Tras meses, incluso años intentando ganarle la partida a un viejo jabalí aquerenciado en un terreno abierto de su tierra, ya puede dedicarle un gran trofeo a Mel.

Y este cazador ha querido compartir con Club de Caza toda la historia, la aventura, de principio a fin, de una cacería por el respeto, por el fin del acoso, por la dignidad del cazador:


Hervás junto a otro buen macareno cazado en la misma sierra jienense

El tenazas

«Desde que supe sobre la muerte de Mel Capitán quise hacer algo para homenajear a una cazadora que se convirtió en icono para todos nosotros. Y, qué mejor manera, que brindarle a su memoria un gran jabalí.

Han pasado años desde que me fijé este objetivo hasta que encontré al jabalí digno de algo así. A ese jabalí llegué a conocerle bien. Fueron muchas noches de espera las que consiguió esquivarme.


Almendras

Le reconocía por cómo le sonaban los colmillos cuando estaba comiendo almendras, aceitunas… buscándose la vida en el silencio de la noche por las laderas que hay alrededor de la Sierra. Estamos hablando de Sierra Mágina.

Le bauticé como «el tenazas» debido a este característico sonido.

Muchos meses de caza

En el coto somos muchos socios, alrededor de cien, de hecho, en el pueblo hay tanta afición a esta modalidad que tenemos que sortear los permisos por daños y hacer dos lotes (unos hacer aguardos los días pares y otros los días impares) y muchos éramos los que íbamos tras él.

Pero nadie tenía la motivación que me ha movido a mí. Han sido muchas noches, meses, incluso años intentando ganarle la partida a este guarro. Incluso cazadores de los pueblos colindantes y de la finca de un señorito que tiene arrendada por allí llena de cebaderos y haciéndole esperas a este animal prácticamente a diario

Marcaba bien los sitios que frecuentaba. Tanto los pinos, olivos como los almendros. Tenía buenos rascaderos. Yo lo conocía por una deformación que tenía en una de sus patas y por varias manías que tenía, como la de reventar gomas en los sistemas de riego de los olivos que se encontrara a su paso. Durante temporadas de más sequía en campo las segaba.

Pero la suerte comenzó a sonreírme cuando le pude ver con el monocular de mano que tengo— Estaba muy lejos, a 400 metros más o menos, e incluso lo grabé con él de la manera que buenamente pude.

Nunca me rendí

Fue una época muy difícil para mí, porque mi padre sufrió un ictus este verano. En mi familia, nos volcamos para arropar y cuidar a mi padre. Esto me dejaba poco tiempo para dedicarle al jabalí, pero me quité muchas horas de descanso y seguí intentándolo.


Rascadero

Dos días después, el 11 del pasado mes de septiembre, acudí a aquella sierra. Decidí cambiar el apostadero porque ya vi más o menos donde iba a la baña y la querencia que tenía esos días a las almendreras y en busca de las primeras bellotas picadas que se caen con las tormentas.

Pero ese animal era muy imprevisible. Poco antes de las 11 de la noche lo sentí comer una almendra. Pude escuchar esas tenazas. Cómo chocaban los colmillos. Sabía que era él. Se avecinaba tormenta, de hecho, cayeron setenta y pico litros por metro cuadrado en el pueblo y alrededor de unos cien en la sierra y se empezó a levantar aire.

Estuvo media hora sin dar señales de vida, hasta que entró por detrás, justo al contrario de donde lo había hecho dos días antes, como a unas 9 o 10 hileras de almendros, por lo más quebrado del terreno.

Primero pasaron por allí varias hembras. Unas, recién paridas y otras, ya con los jabatos más crecidos y algún macho grande acompañándolas que, por supuesto, dejé pasar. Poco después, entró «el tenazas».

Logré ponerlo en el visor

Al entrarme por detrás, me cogió el aire, por lo que solo tuve opción de tirarle difícilmente a la carrera mientras se alejaba echándome la bronca. Le pude meter en el visor y disparé. Le acerté. Cuando fui al lugar donde le impactó el disparo encontré restos y sangre. A pesar de la lluvia, estuve buscándole hasta las dos de la mañana. Incluso llegué a escucharle en su huida. Iba bien pegado.

Pero cada vez llovía más, lo que me obligó a volver al coche para poder sacarlo de la sierra. Esos caminos no son buenos cuando llueve, y fue imposible seguir su búsqueda en días posteriores por el tema del barro y el mal acceso por los caminos. Quien me conoce bien sabe que no soy persona de dejar animales en el campo. A partir de ahí, estuve cuatro días en el hospital con mi padre y cuando volví, fui a buscarlo. Pero no lo encontré.

Lo puso difícil hasta el final

Pregunté a la gente que iba a la sierra a cazar, a hacer trabajos agrícolas y a los propietarios de la zona si alguien había visto algo, y enseguida un terrateniente de allí que, por cierto, es un gran vecino, amigo de siempre, y está sufriendo los daños materiales, económicos y morales que hacen estos animalillos en sus tierras, me dijo que uno de sus trabajadores y su sobrino habían visto el jabalí muerto desde el tractor.

Me lo dijo a media mañana y cuando llegó el media día ya le habían quitado la boca. Pero, gracias a la buena fe de la gente, pude contactar con quien lo había visto antes que yo y me trajo la boca enseguida. Era Miguel Ángel Fuentes, un compañero cazador del pueblo.

Con la boca en mis manos, sentí que había conseguido lo que le prometí a Mel y a su familia hacía tanto tiempo. Ellos se han mostrado muy agradecidos en todo momento y, desde el principio les quise regalar la boca original porque quería que la tuviesen ellos, pero me han pedido que les envíe una réplica y que me quede yo con la original.

He llevado más de dos años en mi muñeca una pulsera en su honor de las que hizo el amigo Luis Arenas, pero me la he quitado y la he puesto en la tablilla, una preciosidad que ha elaborado especialmente para este trofeo el amigo y compañero Pepe Chanquet, un gran artista cordobés que trabaja artículos de taxidermia, que no dudó ni un segundo en ponerse manos a la obra para fabricar las dos tablillas y regalárnoslas, queriendo también aportar su granito de arena para esta causa, algo por lo cual le estaré eternamente agradecido.

El trofeo perfecto del perfecto animal para Mel

Un trofeo al que le sobran puntos para dar medalla de oro, según medición del Safari Club, con 22 centímetros de colmillo, casi nueve por fuera y casi de seis de afilado. Un animal con poco más de 60 kilos. Un cochino encastao, de los que quedan pocos por Sierra Magina. Un superviviente que ha conseguido burlar a los cazadores durante años, que sabía cómo moverse por la sierra, cómo taparse, cómo analizar cada rincón del monte para pasar casi desapercibido. Un luchador, en honor de quien fue toda una luchadora».

 

 

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