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La tierra se traga a su perro de caza, pero consigue rescatarlo: este cazador nos enseña cómo salvar a nuestro compañero

El comienzo de la media veda podría haber supuesto una tragedia para Jaime Vidal, un cazador que vio cómo a su perro se le tragaba la tierra a través de un pozo. Su rápida reacción le valió para salvarle la vida, y ha querido compartir unos consejos muy útiles para estos casos.

23/08/2019 12:12:41 | CdC | Archivado en:  Crónicas.

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Zar

«Mientras mi fiel compañero y yo disfrutábamos de una fresca mañana de media veda, he visto como se caía a un pozo», señala Jaime.

Oyó cómo Zar caía al agua

Jaime ha reconocido que tiene grabado el momento en el que Zar, su braco alemán de siete años de edad, desaparecía de su vista y acto seguido escuchaba el sonido del agua al caer en ella: «El ruido del agua al zambullirse y se repite en mi mente una y otra vez y otra vez mas y todavía me entra congoja», manifiesta el cazador.

Jaime ha querido revivir este amargo momento con Club de Caza para compartir las acciones que le han permitido recuperar a su perro y salvarle la vida ante una muerte casi segura.

Jaime, háblanos de tu braco alemán.

—Se llama Zar, es un braco alemán de siete años, pura nobleza. Lleva la caza en la sangre y su felicidad es el monte y darnos lametazos a traición. Es parte de la familia, tanto que pusimos una foto suya de uno de sus lametazos a traición en el menú de nuestra boda. Qué te voy a contar, pues lo que representa un perro para un cazador.

Tras verle caer al pozo, ¿qué es lo que haces?

—Actuamos muy rápido. Por el registro de llamadas que hice, en menos de nueve minutos Zar ya estaba fuera. Fui corriendo al coche a la vez que llamaba al guarda y, cuando el llegó, estaba yo en el pozo preparando la eslinga y las cuerdas. La verdad es que, a pesar de los nervios, tuvimos la cabeza fría para hacer las cosas bien. Siempre llevo una cuerda de alpinista en el coche, además de varias cinchas y una eslinga. Con todo esto pudimos sacarlo. 

¿Quién es el guarda al que te refieres?

—Es el guarda del canal de mi pueblo que acudió a mi llamada sin pensarlo dos veces. Zar le debe la vida, pues, si no hubiera sido por su ayuda, difícilmente podría haberlo hecho solo o quién sabe si habría acabado yo también allí abajo como tantos compañeros que dieron la vida por intentar salvar la de su perro.

¿Zar se ha recuperado del susto?

—Sí, está perfecto, por lo menos hasta que me vine yo a trabajar, de hecho, en cuanto se le pasó el susto quería seguir con la fiesta. Yo creo que lo máximo que le puede pasar es un resfriado. Creo que son buenos consejos que hoy a mi me han supuesto un final feliz

¿Qué les decimos a esos que mienten asegurando que el cazador maltrata a sus perros?

—Simplemente hago algunas preguntas: ¿Cómo nadie puede decir que los cazadores maltratamos a nuestros perros cuando somos capaces de arriesgar nuestra propia vida por salvarles? ¿Cómo pueden atreverse si quiera a insinuarlo? ¿Cómo se puede ser tan despreciable?

¿Qué consejos le das a los cazadores para conseguir lo que tú has hecho en este caso, que es salvarle la vida a tu perro?

—Lo que realmente me ha llevado a salvar a Zar han sido dos cosas: La primera, llevar una cuerda en el coche al salir a cazar o pasear al perro. Después de muchos años llevándola, es la primera vez que la he tenido que usarla, pero gracias a ella Zar puede seguir bañándonos a lametazos. Y la segunda, y tanto o más importante, es que si nos pasa esto, tenemos que llamar a alguien, es importante que alguien sepa nuestra situación y lo que está pasando. Porque, aun con cuerda, jamás debemos bajar al pozo si estamos solos. 

La relación de Jaime con Zar va más allá de la caza. Son compañeros en la vida, como atestiguan las fotografías que nos envía. Nos llaman la atención varias, como la que aparece en el menú de boda del cazador con su pareja, o dos en concreto que representan el paso del tiempo y la estrecha relación que les une, con Zar de cachorro durmiendo plácidamente sobre Jaime, y siete años después, con más de 30 kilos de peso, en la misma posición, sobre el regazo de su propietario.

 

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