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Crónicas de caza

Un noviazgo ‘de oro’

Rubén Gago es un zamorano, natural de San Martín de Valderaduey, es un perdicero empedernido que ha conseguido, a sus 35 años, vivir unos de los momentos más sublimes de su historia cinegética, con un noviazgo catalogado ‘de oro’ y no solo por el trofeo.

19/02/2019 14:50:08 | CdC | Archivado en:  Crónicas.

Trofeo jabalí

El joven zamorano, que lleva tres años asistiendo a esta montería social de Montamarta, en las estribaciones de la Sierra de la Culebra y cercana al embalse de Ricobayo, no podía imaginar las emociones que le deparaba el día 16 de febrero de 2019.

Me auguraron que iba a tirar

«Mi primo me dijo el día anterior a la montería que tenía la sensación de que yo iba a tirar en la montería del día siguiente. Pensé, sin más, en la superpoblación de ciervas que hay en esa zona y la posibilidad de abatir alguna.

»Al día siguiente, en el sorteo, justo cuando cogí el puesto, mi amigo Josemari me dijo: que sepas que hoy vas a tirar un cochino grande. Simplemente sonreí, era imposible creerlo».

Las doce y treinta y nueve minutos, una hora clave

Rubén nos cuenta que, habiendo perdices, no va de montería, pero que concretamente esta ya es casi un ritual por ser un día de caza para disfrutar de los amigos. Relata a Club de Caza que llegó al puesto sobre las 11 de la mañana. Estaba solo y algo nervioso por la incertidumbre y los comentarios de sus amigos.

«El puesto estaba marcado en unas tierras de labor. A la hora y media más o menos de estar puestos me salió, a unos 70 metros, una mole de jabalí al trote con intención de escaquearse tan tranquilamente por mitad del pelado, casi donde habíamos dejado los coches aparcados. Ya tendría experiencia en ello porque en cuanto escuchó el primer bullicio en el monte, aprovechó para moverse.

»Lo dejé alejarse un poco, buscando el momento exacto y seguro para apretar el gatillo. Eran las 12.39 minutos cuando lo tumbé con el .270. Fue entonces cuando reparé en el descomunal tamaño del animal y fui consciente del gran lance que había conseguido. Este día no llevaba cuchillo de remate, por lo que precisé dos disparos más para rematarlo.

»Aguanté con tesón los diez minutos pertinentes, después, dudé si acercarme o no para verlo de cerca. Estaba emocionado por ser mi primer jabalí, por su tamaño, más que por el trofeo, del que tardé un poco más en ser consciente. Finalmente me acerqué hasta él, un enorme macho de unos 120-130 kilos, con buenos colmillos. Avisé por teléfono a todos mis amigos del lance que había vivido.

»Mi primo Roberto me aconsejó que estuviese tranquilo y siguiese disfrutando de la montería. Pasaron algunas reses más por el puesto, pero no tiré, ya me daba por satisfecho. La espera para que finalizase la montería se me hizo eterna. Estaba más pendiente del móvil, de los comentarios de los amigos, que de seguir cazando. Repasé muchos momentos de mi vida como cazador en la soledad del puesto».

Un lance muy emotivo y especial

Dicen que la caza son sensaciones y así nos lo ha transmitido el protagonista de esta crónica: «Sentí euforia, emoción, quería contárselo a todos mis amigos, en especial a mi cuñado Miguel Ángel, miles de sensaciones se agruparon en mí, tuve incluso un momento de bajón, al recordar a mi maestro, mi padre, que ya no está, pero sé que ha visto y disfrutado el lance desde el cielo.

»Cuando finalizó la jornada de caza toda la armada llegó hasta mi puesto para ver tan tremendo jabalí. No dejaban de darme la enhorabuena, de mimarme, me sentía feliz».

Llegó el noviazgo

Tras la comida en el mesón Rosamari, un lugar muy importante para Rubén, llegó el noviazgo. La propietaria y gran cazadora, Amaya, su primo Roberto, su cuñado Miguel Ángel, entre otros amigos, le hicieron el ritual de sangre y huevos con mucho cariño y algún que otro chichón como resultado.

«¿Lo hacemos de pecho o no?»

Después las correspondientes fotos de rigor llegó el momento de decidir, junto a Pablo, el taxidermista, si el trofeo se embalsama de pecho o si sólo se hacía una tabla. Pero este noviazgo de oro se merece ambas, por lo que Rubén ha decidido hacerlo de pecho y sacar en una tabla los colmillos originales, que han obtenido 120 puntos, 10 por encima del mínimo para ser oro.

El taxidermista nos ha confirmado que las navajas han medido 220 mm de largo, 285 mm de grosor, 70 mm de superficie afilada y 80 mm de contorno en las amoladeras.

«Llevo cazando toda la vida, principalmente a las perdices aunque he ido a algún aguardo y nunca había tenido la posibilidad de abatir un jabalí. Pese que para mí la caza es todo el año, cuidando los cotos, caminando por el campo, hablando de lances… nunca olvidaré este día y lo recordaré como algo muy especial tanto por el trofeo como por el lugar donde he tenido la oportunidad de abatirlo, toda una referencia para mí, porque es de esos lugares en los que te gusta estar, y por la compañía, a los que tengo mucho que agradecer».

 

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1 comentario
19 feb. 16:19
+1
SIBERIAN DINGO
SIBERIAN DINGO
Felicidades Ruben¡¡¡¡¡¡
Un día que no olvidarás nunca.
Ya lo celebraremos como se merece.

 

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