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Caza un jabalí con unas amoladeras que te sorprenderán

Los tres jabalíes que ha cazado esta cuadrilla asturiana en apenas un mes son espectaculares. Los cazadores nos cuentan el trabajo realizado por todos los compañeros para conseguir abatir estos grandes cochinos.

27/11/2020 9:00:01 | CdC | Archivado en:  Asturias.

Jabalí amoladeras enormes

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El jabalí del que nos hablan los cazadores asturianos pesó 107 kilos, pero lo más llamativo de este animal son sus amoladeras. El propio cazador, Gustavo, nos comenta que nunca vio nada igual: «Llevo toda la vida cazando jabalíes. He visto mejores bocas, pero amoladeras tan gordas y largas como esas, nunca.

El domingo posterior se cazó otro gran jabalí, teniendo en cuenta la zona, un ejemplar de 103 kilos. Y la semana posterior se repitió abatiendo otro gran jabalí en torno a los cien kilos de peso.

En la zona costera asturiana, los jabalíes viven del maíz buena parte del año. Adquieren peso enseguida esos ejemplares jóvenes, con poca boca, pero grandes de cuerpo. Pero en la montaña es más difícil dar con grandes ejemplares como estos. Se distribuye a la gente y se van peinando zonas para localizar los rastros.

La clave, emplazar a los jabalíes

El trabajo de los cazadores comienza intentando localizar los pasos y rastros que los jabalíes dejan en sus trayectos durante la noche anterior. Por la mañana salen los perreros con su perro y una cuerda o traílla a buscar los rastros.

A la hora de comer el taco, la cuadrilla se reúne y cada uno cuenta lo que ha encontrado. La zona a cazar es elegida por el jefe de cuadrilla entre aquellas donde se piensa que hay indicios de que los jabalíes están encamados, que no es una ciencia exacta.

Se cierra la zona colocando a los cazadores en las posturas y se sueltan los perros. Tras ellos van los que tienen mejores piernas y los jóvenes. Es el caso de Gustavo. Si no hay suerte, se acude a otra zona. Se suelen hacer dos o tres sueltas. Si el día va muy bien, hasta cuatro. Estos cazadores recuerdan con cariño una jornada que fue excepcional que se soltaron los perros en seis zonas. Pero no es lo común».

El jabalí de las amoladeras enormes

Gustavo fue el afortunado que abatió el jabalí de las grandes amoladeras. Lo emplazó su compañero de caza de toda la vida, con quien caza desde que eran chavales. Pero no se fio de los rastros porque el lugar donde estaría el jabalí era muy pequeño. Así nos lo cuenta Gustavo:

-«Lo buscamos por otras zonas cercanas. Al no encontrarlo, fuimos al lugar inicial. Soltamos a los perros y abatí al jabalí en cosa de pocos minutos.

En la foto podemos a ver al compañero de Gustavo junto a Merkel, una grifona azul de Gascuña, y su perra, la Fosquita, un cruce de sabueso con Fox terrier, que, como subraya el cazador, fueron las que merecen el mérito de haber conseguido un jabalí de este porte.

Por donde entró al monte, también salió. Allí estaba yo. Soplaba el viento y no se dio cuenta de dónde estaba. Venía atento a los perros y con un disparo quedó en el sitio».

Un jabalí se lleva el rifle del cazador

El jabalí del fin de semana anterior sí que complicó el día. Lo cazamos en A Curula. El jabalí le quitó el rifle al cazador. Por raro que parezca, tras dispararle, se quedó sin balas y el jabalí cargó contra él. Tuvo que tirarle el rifle cuando vio que se le echaba encima, y la correa quedó enganchada en la cabeza del cochino.

Se metió en el monte y no había manera de entrar. Así que tuvimos que desbrozar el monte para poder llegar a él, porque meter a los perros allí era demasiado peligroso para ellos.

Y el fin de semana siguiente, los cazadores volvieron a abatir un gran jabalí. Fue en Grandas de Salime, en el límite con Galicia.

 

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