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Crónicas de caza

Jabalí con arco, una caza íntima

Un jabalí expulsado de la zona por otro mayor. Cuando este cazador abatió al macho dominante, este, un poco menor en tamaño, hizo suyos estos dominios. La caza con arco queda reflejada en toda su esencia en esta crónica de una espera con final feliz.

09/10/2020 10:48:05 | CdC | Archivado en:  Crónicas.

Caza jabalí arco

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Este jabalí había entrado antes que apareciera otro más grande que cacé pocos días antes, apodado ‘el hacha’. Pero se ve que lo echó de la zona y no volvió más. Una vez quité el grande, volvió a aparecer enseguida.

Pero estuvo unos días sin dar la cara, hasta que vi que entró dos noches seguidas. Una a las 3 de la madrugada y, la siguiente, ya a las 22 horas. Entonces decidí jugármela, ya que, por esa regla de tres, estos cochinos suelen volver a entrar

Así entró el jabalí

Y acerté. Cuando ya lo oía entrar, encendí la cámara y preparé todo. Pero cuando fui a enganchar el disparador al loop de la cuerda, no lo metí bien, y lo pellizqué, haciendo que saltaran las pincas del disparador y picaran entre ellas.

Ese pequeño click hizo que se marchara, pero al poco tiempo volvió a entrar. Aunque ya no estaba tranquilo. Había algo que no le gustaba. Las dos noches anteriores comió y se revolcó en la baña natural de barro.

Así que, como lo tenía de frente a mí y no les tiro nunca así, decidí esperar a que comiese tranquilamente y tirarle cuando se metiera en la baña, para así, a la vez, disfrutar más del lance. Pero algo salió mal.

Algo no va bien

De repente, dejó de comer y se dio media vuelta para volver sobre sus pasos, dándome el culo. Así que decidí abrir el arco y apuntar por si antes de meterse en la maleza me daba una oportunidad de tiro. Y así fue.

Una única oportunidad de disparo

Justo antes de meterse en el monte, se giró y me brindó ese momento tan esperado. Solté la flecha y vi cómo el luminoso le impactaba en la zona del corazón. El guarro salió tropezándose, con el pecho prácticamente en el suelo, y se metió en la maleza rompiendo todo lo que encontraba en su camino. Señal de que iba muy tocado.

Miré la zona del tiro y no vi sangre. Sí que vi la flecha 10 metros más adelante, con el luminoso encendido. La partió y se llevó la punta clavada. Así que decidí volver de día a mirar todo tranquilamente. Esas noches se hacen eternas y no pega uno ojo.

El pisteo

Ya de día me acerqué a la zona del tiro y no veía nada de sangre. Así que decidí meterme en la línea que llevaba el guarro cuando se metió en la maleza. Recorridos unos 30 metros, empecé a ver mucha sangre y me dio una alegría tremenda.

Sabía que ya no podía estar muy lejos, y enseguida di con él. Estaba a unos 100 metros de la zona del tiro.

Puedes seguir al cazador, además, en su cuenta de Instagram, Gerard Caza, o en su página de Facebook.

 

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