Las migraciones de aves y el cambio climático

La migración anual de miles de millones de aves en todo el mundo representa uno de los mayores espectáculos que nos ofrece la naturaleza. Las pautas migratorias de algunas especies se están alterando debido a factores como el cambio climático, llevando a varias especies, entre otras cosas, a acortar su migración en el espacio y el tiempo.

Julen Rekondo

Químico, periodista especializado en temas ambientales, Premio Nacional de Medio Ambiente 1998 y asesor de la Oficina Nacional de Caza, la Conservación y el Desarrollo Rural

13/01/2017 - 9866 lecturas

«La migración de las aves es uno de los fenómenos más fascinantes de la naturaleza»

«Hasta la introducción del anillamiento a finales del siglo XIX no se pudieron establecer vínculos inequívocos entre sus lugares de origen y destino»

«Las aves migratorias son un grupo especialmente afectado por el cambio climático»

«Las migratorias, en general, son aves muy filopátricas, es decir, vuelven siempre junto a la zona del nido»

«El zorzal común es una especie abundantísima en España que sabe hacer bien su nido y que se repone fácilmente»

Cada año miles de millones de aves en todo el mundo realizan un viaje de ida y vuelta para asegurar su supervivencia. Las aves migratorias, viajeras por obligación, tienen unas zonas del planeta como cuarteles de cría, donde se reproducen, y otras llamadas zonas de invernada, donde migran para sus vacaciones de invierno. El alimento es su principal motivo para emprender el vuelo ya que, de forma estacional, escasea. El frío y las heladas complican el acceso a la comida, sepultándola bajo una gruesa capa de hielo y nieve, por eso algunas se ven obligadas a migrar a zonas más templadas del planeta.

La migración de las aves es uno de los fenómenos más fascinantes de la naturaleza y por eso lleva despertando la admiración y la curiosidad del ser humano desde tiempos inmemoriales. ¿De dónde venían todas esas aves que aparecían en ciertas épocas del año y a dónde se iban cuando desaparecían? Algunas de las respuestas que se dieron antaño pueden resultarnos hoy cómicas, pero hubo un tiempo en el que se creyó firmemente que las aves se escondían para hibernar, que ciertas especies se convertían en otras e incluso que algunas migraban a la luna. Varias de estas ideas erróneas perduraron sorprendentemente durante muchos siglos entre la comunidad científica. Por ejemplo, en sus Migrationes Avium de 1757 Linneo seguía defendiendo las teorías de Aristóteles y aseguraba que las golondrinas se enterraban en los fangos de lagos y bahías de manera similar a los anfibios para pasar el invierno y emerger de su entierro llegada la primavera.

No fue hasta principios del siglo XIX cuando empezaron a realizarse de manera sistemática los primeros estudios sobre la migración de las aves con el propósito de averiguar a dónde iban y de dónde venían ciertas especies. Se comenzó de la manera más simple posible: observando. La lenta pero incesante acumulación de información acerca de cuándo y dónde llegaban, pasaban o se iban, dio sus frutos y a mediados del XIX ya se conocía el calendario de estancia de muchas especies.

Las numerosas expediciones naturalistas a África también fueron trascendentales al observar y recolectar en invierno ejemplares pertenecientes a las mismas especies que se encontraban en Europa sólo durante la primavera y el verano. No en vano, dos siglos antes el naturalista francés Pierre Belon ya decía que las planicies egipcias se tornaban blancas de tantas cigüeñas como allí se concentraban en septiembre y octubre, y no iba desencaminado al decir que se marchaban a África porque allí no hacía tanto frío en invierno como en Europa, mientras que regresaban aquí para huir del calor tórrido del desierto en verano.

Anillamiento y últimas tecnologías

Precisamente fue una cigüeña, cazada en 1822 en Alemania, el ave que proporcionó la primera prueba material de que había estado en África, al encontrársele clavada una flecha que por sus características pertenecía a alguna de las tribus que por aquel entonces poblaban la región occidental subsahariana. Pero hasta la introducción del anillamiento a finales del siglo XIX no se pudieron establecer vínculos inequívocos entre sus lugares de origen y destino. Esto permitió trazar con precisión las zonas de paso e invernada de muchas especies y poblaciones.

Cada anilla lleva un número a modo de DNI y una dirección o remite de contacto. El anillamiento es el método más barato y general, pero las últimas tecnologías permiten hoy emplear sistemas de geolocalización y seguimiento remoto como emisores satélite-GPS, geolocalizadores y datalogger. Estos nuevos sistemas de marcaje aportan información mucho más detallada sobre el pájaro. Establecen la localización del ave varias veces al día durante años, por lo que permiten conocer matices como cuánto tiempo permanecen en sus áreas de cría e invernada, cuándo inician su migración, por dónde la realizan, en qué puntos paran para descansar, su velocidad de migración y numerosos aspectos hasta ahora desconocidos.

Cambio climático

Los países del sur de Europa, entre ellos los de la Península Ibérica, somos especialmente vulnerables al cambio climático. Cada año es más evidente que el efecto de las subidas de las temperaturas, la subida del mar o el aumento de intensidad y frecuencia de fenómenos extremos como inundaciones, sequías y olas de calor están provocando la alteración de procesos naturales como la migración o la floración. El año 2015 ha sido el más caluroso desde 1890, y 2016 ha seguido la misma senda, con un mes de enero que batió todos los records. Otras consecuencias del cambio climático que suponen un peligro para las aves son las sequías profundas, las inundaciones intensas o el incremento de los incendios forestales.

Las aves migratorias son un grupo especialmente afectado por el cambio climático, ya que se están reduciendo las migraciones. Por otro lado, muchas aves están adelantando sus migraciones como respuesta al aumento de las temperaturas. Eso provoca que realicen la reproducción cuando la disponibilidad de alimento es escasa, lo que pone en riesgo el éxito de la época de cría. Un ejemplo son las golondrinas, que cada primavera regresan antes de África —en medio siglo se han adelantado dos semanas—. Esto tiene que ver con el aumento de la temperatura a nivel mundial.

También se está produciendo el desplazamiento de numerosas especies de aves del sur hacia el norte y de las zonas bajas a otras más altas. Una de las consecuencias de este desplazamiento es que, en los últimos años, han empezado a criar en el sur de España varias especies de aves del norte de África (ratonero moro, corredor sahariano, etc.).

Otra cuestión que podría ocurrir en poco tiempo es que las áreas de invernada y de cría se alejen a medida que el clima mundial se calienta, lo cual supondría para algunas especies tener que volar cada vez más al norte para reproducirse y cada vez más al sur para invernar. Un ejemplo es la superficie del desierto. A medida que el desierto se expande, algunas especies tienen la necesidad de migrar a mayor distancia, con el esfuerzo que esto supone para ellas.

Por estas razones, es fundamental reducir de forma drástica las emisiones de gases de efecto invernadero, para lo cual es imprescindible lograr cambios en el sistema productivo, energético, de transporte, en nuestra vida cotidiana…

Como ha avisado la comunidad científica, sobrepasar los 2ºC de calentamiento global desatará fenómenos que harán que el calentamiento se produzca más rápido y con mayor intensidad, por lo que el impacto sobre la biodiversidad y, por tanto, en las aves, será mayor.

Otros factores

Otros factores como los cambios en el uso del suelo en el norte de África parecen tener también un peso importante en el acortamiento de las distancias migratorias. Esto ha dado lugar a un aumento de las aves que deciden no cruzar al otro lado del Sáhara para invernar y se quedan en el norte del continente africano. Esto implica acortar el camino de ida y vuelta y que puedan llegar mucho antes a sus zonas de cría en Europa.

Este es el caso, por ejemplo, de la cigüeña blanca europea. Esta gran migradora es una de las especies que ha acortado su migración en el espacio y el tiempo. Hace 40 años todas migraban al Sahel —la zona ecoclimática y biogeográfica de transición entre el desierto del Sáhara en el norte y la sabana sudanesa en el sur—, tanto las españolas como las europeas. Se iban en verano y regresaban en febrero. Ahora muchas están de vuelta en España ya en noviembre. El fenómeno comenzó en los años ochenta y está relacionado con la proliferación de los basureros y vertederos. Ahora no sólo llegan antes de su viaje, sino que muchas cigüeñas europeas (especialmente holandesas y francesas) ni siquiera cruzan ya el Estrecho de Gibraltar para saltar a África, sino que se quedan en España a invernar, y algunas de las que cruzan no bajan de Marruecos.

Grupos de viajeras migradoras

La aventura migratoria de las aves puede ser prenupcial o posnupcial —antes o después de reproducirse— y no todas necesitan volar la misma distancia. En Europa se distinguen hasta cuatro grupos según la extensión de sus viajes. Las aves migratorias de larga distancia, como el charrán ártico —la migración animal más larga conocida hasta la fecha—, recorren decenas de miles de kilómetros para llegar del Polo Norte al Polo Sur. Las migratorias, en general, son aves muy filopátricas, es decir, vuelven siempre junto a la zona del nido.

ZORZALES

por Miguel Ángel Romero Ruiz

El zorzal es la especie cinegética que más se caza en España. La media aritmética de captura de zorzales en los últimos años de los que se disponen de datos es de alrededor de cinco millones anualmente. Los zorzales pertenecen a la gran familia de los túrdidos (Turdidade) y son unas aves paseriformes de distribución casi mundial.

Un aspecto importante de las cuatro especies de zorzales es que todas ellas van en aumento a pesar de la presión cinegética existente sobre ellas, de sus muchos depredadores, de los venenos que se vieren en nuestros campos y, en un futuro no lejano, del cambio climático.

Entre las cuatro especies de zorzales, tenemos al zorzal común (Turdus fhilomelos), llamado malviz, que comienzan a entrar en septiembre pero, pocos o muchos, siempre pasan algunos. Si bien es cierto que el coche escoba de la migración de zorzales corre a cargo del más pequeño de todos ellos, me refiero al zorzal rojo (Turdus iliacus). Se distingue del común por tener los flancos del citado color y por ser el más pequeño de todos.

Luego está el zorzal charlo, que se le llama así porque en vez de ese chic-chic con el que cantan los zorzales comunes, los charlos convierten en un chirrido que onomatopéyicamente hace honor a su nombre. Viene a sonar chiaerrr-chiaerrr. Es inconfundible con los otros dos citados anteriormente por ser mucho más voluminoso. Y, finalmente, está el zorzal real (Turdus pilaris). Es más grande que el zorzal común. Y si lo comparamos con el zorzal charlo, nos encontramos con un ave de tamaño parecido, pero con el vientre más blanco y las alas y la cola más oscuras que las del zorzal charlo.

El zorzal común es una especie abundantísima en España que sabe hacer bien su nido y que se repone fácilmente de los que abatimos en este país, que no son muchos si se comparan con los 13 millones largos que se abaten en Francia.

Se los caza en los mismos puestos palomeros de pasa. También se los caza en puestos fijos cuando vienen a dormir, al salto o en mano en las viñas, praderas, olivares, linderas como especies arborescentes, etc. Pero, por desgracia, cada vez abunda más el reclamo digital.

Las de media distancia, llamadas transaharianas, van desde zonas templadas del hemisferio norte a zonas templadas del hemisferio sur, volando cerca de 5.000 km en cada uno de sus dos viajes anuales. Todas estas aves transaharianas pasan el invierno al sur del Sahara, con la excepción de una parte de las cigüeñas, como se ha señalado anteriormente, muchos paseriformes como golondrinas y vencejos, las codornices y tórtolas.

Los paseriformes, la mayoría insectívoros, necesitan de insectos para subsistir, y por eso permanecen en nuestros campos de marzo a octubre. Las codornices y las tórtolas son especies migratorias que explotan el ciclo del cereal para reproducirse en zonas frescas provistas de alimento, como ocurre en primavera y verano en Europa, y desde luego en la Península Ibérica.

Por otra parte, están las migradoras cinegéticas invernantes que se desplazan cuando lo requiere su dinámica poblacional o su necesidad de alimentación. Tenemos una migración invernante que se desplaza a la Península Ibérica en otoño buscando nuestro benigno invierno y regresa al centro y norte de Europa con el inicio de la primavera para reproducirse. Las especies invernantes más características, migratorias y cinegéticas, son la paloma torcaz, la becada, los zorzales y una buena parte de anátidas cinegéticas.

Finalmente, también existen las migradoras parciales, como por ejemplo el flamenco, una especie que ejecuta movimientos dispersivos de nomadeo que reúnen a ejemplares procedentes de distintas colonias de cría. Tras el periodo de reproducción, gran parte de los flamencos se dispersan por los humedales ibéricos, del norte de África e incluso del Mediterráneo oriental.

Las aves de larga y media distancia dividen su agotador viaje en etapas, porque puede durar días e incluso semanas. En su ruta los pájaros sortean escollos de todo tipo —montañas, desiertos, tormentas, vientos en contra, mares, masas de tierra (en el caso de las aves marinas), etc.—, por lo que deben parar a descansar y alimentarse en puntos llamados áreas de reposo. Las distintas estrategias de migración dependen de la especie, el sexo, la latitud en la que se reproducen y las condiciones meteorológicas, entre otros factores.

 

Publicado en la revista FEDERCAZA. Nº 373. Enero 2017.