Que prefiero las matemáticas a la literatura, no hay ninguna duda, al igual que prefiero el campo en toda la extensión de la palabra, a la ciudad. Por eso, esto de escribir, no es lo que mejor se me da. Recuerdo que cuando era un alumno de 5º de primaria tuve que hacer un trabajo sobre un deporte y caracterizarse (vestirse) con dicho deporte, la mayoría de la clase eligió futbol, tenis y baloncesto; yo elegí EL DEPORTE DE LA CAZA. No hace falta que cuente que saqué una de las peores notas de la clase, pero era uno de los mejores trabajos que se presentaron.

El pasado mes de noviembre se celebró en Madrid, en el término municipal de Villanueva de la Cañada, organizado por la Federación Madrileña de Caza, un campeonato de caza menor con perro. El primer requisito para poder participar era estar cursando estudios universitarios de cualquier carrera. Se dieron cita más de 30 participantes, cada uno con su juez y todas esas cosas que se exigen en los campeonatos de España de caza menor con perro.

No solo fui el más joven de los participantes, sino que mi perro "Iaan" un pointer blanco con manchas negras, de tan solo nueve meses de edad, también era el perro más joven de todos los participantes. Un perro al que he criado y educado yo mismo, este perro es hijo de "Sila", una pointer de esas que quitaban el hipo viéndola cazar.

Como si se tratase de la final de la Champions, llevaba el último mes dando vueltas y más vueltas a esta prueba que se acercaba, reconozco que tenía ya un poco cansado con el tema a todo el personal que tenía a mi alrededor.

En este campeonato cada participante aporta un árbitro, de la misma manera que ocurre en los campeonatos que estamos acostumbrados a ver de las Comunidades y el Nacional. Como no podía ser de otra forma, el árbitro que yo presente fue mi padre.

Mi padre es un hombre que le apasiona la caza, el campo, el tiro, los perros, la vida, sus hijos, sus amigos, su profesión, su mujer… para mí es mi referente y el espejo donde intento fijarme y aprender. En este aprendizaje mío, mi padre ha sido y sigue siendo mi maestro en todo lo que yo sé del campo y la caza.

La noche anterior me acosté pronto, de poco me sirvió ya que tardé mucho en coger el sueño y recuerdo que me sentí incomodo en la cama. Dejamos el carro enganchado al coche y todo lo necesario preparado y revisado.

Escuché el ruido característico del exprimidor de naranjas, el desayuno estaba listo como de costumbre antes de salir al campo. Me levanté sonriente y dando gracias por lo afortunado que me sentía.

Nos pusimos en camino y en esta ocasión llevó el coche mi padre, quería que fuese tranquilo y relajado, durante el viaje me recordó que lo más importante era que mi perro y yo nos divirtiésemos mucho.

Reconozco que cuando llegamos al punto de reunión mis pulsaciones se dispararon más que el día del examen del cinturón negro de judo. La mañana se presentaba nublada con amenaza de lluvia, no soplaba nada de aire, en definitiva, era ideal para la caza.

Los nervios se me pasaron en cuanto bajé del coche y comencé a preparar el equipo. Como siempre el que estaba nerviosísimo era mi perro, la presencia de tanta gente y perros de todos los tamaños y razas le hacían estar muy tenso. Saqué de la funda la vieja Benelli SL-121 de una estrella, pero con choques exteriores, le puse el de tres estrellas que para la modalidad del día me parecía el más adecuado, la munición que utilizo es MAXAM, para ese día me decidí por el VANTAGE de perdigón de 6ª y de 36 gramos.

El ambiente entre los participantes era agradable, antes de nada nos dieron normas, material reflectante, dorsal, asignaron los árbitros a cada participante y un pequeño desayuno. La salida fue de la manera tradicional, con un disparo al aire, pero para sorpresa de todos los participantes y de una manera espontánea, nadie echó a correr, como ocurre en los nacionales que salen todos corriendo a toda velocidad como si fuera una maratón. ¡NO SEÑORES! Aquí no vi correr a nadie en toda la mañana. Esto debería ser un motivo de análisis por parte de los responsables e impedir que se corra en un campeonato de caza menor con perro, está bien que se ande rápido según las necesidades del momento, pero cazar corriendo, no es cazar.

Fue una salida alegre donde empezamos casi en mano, parecía como si nos hubiésemos puesto de acuerdo en un ensayo previo. A la vista de casi todos los participantes y al poco de empezar, mi perro se quedó parado de muestra, me acerco y se levanta la primera perdiz de la mañana, con una fuerza inusual en las perdices de granja; un tiro certero y el primer "pelotazo" de la mañana; mi perro me trajo la pieza y como siempre se sentó delante de mí y esperó hasta que se la cogí y recibir las caricias oportunas. En ese momento, desde una ladera cercana, rompió el silencio del campo un grito de ánimo: "muy bien Javieeer", era mi padre, que con permiso de su cazador, me mandaban una voces de felicitación. ¡¡Dios mío, que emoción!!

A esa hora me sentía el campeón de todos los campeones, cobrar la primera perdiz del campeonato, en presencia de casi todos, a perro puesto, de un solo tiro y bien cobrada por el perro, no cabe más felicidad en un cazador.

En este campeonato todos queríamos ganar, pero quizás lo de menos es el resultado. No hubo un solo cazador con el que me cruzase en toda la mañana que no se parase y al menos preguntarnos mutuamente como íbamos.

Llegó la hora del control, contar las piezas y hacer la clasificación, no hubo ni una sola reclamación de nada ni de nadie. Se entregaron los premios y todos compartimos hasta bien entrada la tarde una buena acomida alrededor de una buena parrilla.

Viví muchas cosas buenas en esta jornada, la mejor fue poder compartir con jóvenes más o menos de mi edad las mismas pasiones y gustos por algo tan bonito como es la caza, los perros y el campo. No son buenos tiempos para nuestro deporte, pero con gente como esta, el futuro de la caza estará en buenas manos.

Me siento orgulloso de ser cazador y me gustaría que se potenciase de una manera lógica este deporte entre los jóvenes. Si alguien quiere alguna idea de cómo potenciarlo, yo tengo un montón. Que me las pregunte.

ESTE ES EL CAMINO.

 

Javier Velasco Mota, 18 años
Estudiante de 1º curso de Ingeniería Forestal