Cuentos de la dehesa

Munchausen

 

Estos tres cuentos breves, que raro en mi, se los debo brindar y brindo a una amiga y dos amigos, lo hago, a cada uno de ellos, por motivos muy diferentes.

En primer lugar se los brindo a la parienta de nuestro amigo Cazorla, resulta que la buena señora no tuvo mejor ocurrencia que ponerse algo pocha, resulta que el algo se convirtió en bastante, y así como quien no quiere la cosa le ha tocado librar una dura batalla, como la contraria del amigo Cazorla es una mujer fuerte, y con ganas de vivir, ha ganado la batalla, resulta que la dama, andaluza, alta, morena y con ojos verdes, es una buena amazona, y resulta que las cosas del campo, los toros, los caballos y la caza le divierten, y mirad por donde los relatos de algunos de nosotros le han alegrado, al menos una pizca, los más duros días de su particular combate, según dice muy en especial algunos relacionados con la dehesa en general y uno con los padres de los toreros en particular, solo por haber conseguido sacarle una sonrisa en esos momentos mereció la pena escribirlos. ¡¡DOÑA OLIVA VA POR USTED!!:

El segundo receptor del brindis es mi único “fan” como escritor, Iñigo Laula, resulta que mis cuentos de campo en general y de la dehesa en particular le divierten, esta empeñado en que los escriba en serio, nunca me pude imaginar que tener “Club de Fans” fuera algo tan de agradecer, si a mi con un solo “fan” la cosa me resulta muy agradable, tener todo un club debe ser .... la milk, como además Iñigo conocía bien a algunos de los protagonistas de estos cuentos, pues: “MARQUES, MUCHAS GRACIAS Y VA POR TI”.

El tercer brindis esta motivado por la envidia, soy hombre poco envidioso, lo que me permite ser bastante feliz, pero ... siempre el puñetero pero, resulta que envidio, y mucho, a un amigo, el tipo sabe decir, escribir, pintar y esculpir temas de bichos y caza y todas esas cosas las hace bien, y de todas ellas sabe, la envidia que le profeso me impediría cualquier brindis, pero es de bien nacidos el ser agradecidos, creo ser bien nacido y a mi amigo Mariano Aguayo le estoy agradecido, tuve el honor de que se molestara en leer y criticar constructivamente mis cuentos, y que alguien como él te ayude en estos menesteres de cuentista es cosa que agradezco infinito, por eso le brindo estos cuentos, especialmente uno de ellos, el primero, ya que sucedió en su querida Sierra Morena: “MARIANO VA POR TI, UN ENVIDIOSO AGRADECIDO TE BRINDA ESTOS CUENTOS”

Estos relatos son de campo, no son de caza, pero como dice Antonio Calabrus, sin campo no hay caza y las cosas de la caza suceden en el campo, por lo tanto ... me atrevo una vez más a meterlos de rondón en esta pagina de caza,

“NO TODO EL MONTE ES ORÉGANO”:

En esa zona preciosa de Sierra Morena que es Cardeña, se crían muchos y muy buenos cerdos ibéricos, es una zona privilegiada para ellos, como lo es para las reses de montería en general y para los jabalies en particular, también fue siempre una zona muy lobera, hoy todavía queda alguno por allí y muy pronto algunos más, tengo varios amigos con fincas en el entorno de Cardeña, en una de ellas cobró su primer venado mi hija y sufrió/disfrutó su segundo noviazgo montero, dos de mis amigos, con fincas colindantes, aunque dan unas buenas monterías basan la explotación en la cría del cerdo ibérico, hoy las cosas han cambiado, pero hace años, más o menos a mediados del pasado siglo, las zahúrdas y demás elementos para el cuidado y mantenimiento tanto de las cerdas madres como de las piaras de cochinos destetados eran de lo mas rustico, sencillo y elemental, primas hermanas en formas y calidad de construcción de las que conocí en las fincas extremeñas de mi familia, en todas esas fincas había sin embargo un lugar con mejores, más cuidadas y más altas paredes, el prado de los verracos, la razón para ello no era otra que la peligrosidad de sus moradores, los sementales de cerdo en general y los de ibérico en particular son gente de cuidado, cuando éramos muchachos el único sitio de la finca que no se nos ocurría pisar era “El prado de los cerdos grandes”, allí entraba el porquero y con reparos, en el campo una docena de verracos impone tanto respeto como una corrida de toros y para mi gusto tiene un comportamiento menos previsible y dominable.

Los lobos no son precisamente tontos, el cerdo les parece un bocado apetitoso, tanto que, según cuenta nuestro amigo Lobón, ahora mismo muchos lobos le prestan más atención a la caza del jabalí primalón que a la del corzo, cuando los lobos se “empican” con una partida de ibéricos la traen frita o los cambias de sitio o no dejan uno.

Hace unos días, conversaba con uno de esos amigos propietarios de finca en Cardeña, hablamos de venados, de la Ley de Caza Andaluza, de jabalís, de cerdos y de cómo se empieza a notar una mayor presencia de lobos en la zona, en el transcurso de esa conversación surgió la historia:

“Hacia mediados del siglo XX, siendo la finca de sus abuelos, los lobos decidieron compartir “la matanza” con los dueños de la finca, un día si y otro también se daban un garbeo por la dehesa y se llevaban uno o dos marranos, aquello era Jauja y los “patas pardas” se fueron envalentonando, como a los futuros cebones se les aumentó la vigilancia, se dedicaron a las marranas madres, eran bocado más difícil pero en la caza la paciencia conduce al éxito y los lobos paciencia tienen mucha, esperaban que una de las cerdas se quedará algo aislada y caían sobre ella, de nuevo los humanos intervienen para hacérselo más difícil a los lobos, se aumentan las medidas de seguridad y durante un tiempo los lobos no prueban la chazina.

Cuando uno se acostumbra a lo bueno prescindir de ello se hace duro, los lobos convencidos de que, si no fuera por las trabas que ponemos los puñeteros humanos, la caza del cerdo domestico es cosa sencilla y exenta de mayores complicaciones, deciden darle una pasadita a los verracos, tres lobos, “convencidos de que todo el monte es orégano”, saltan las paredes del cercado donde una docenita de cerdosos duermen placidamente un sueño reparador, lleno de cochinas enceladas y dulces bellotas, los “patas pardas” se arrean con el durmiente más cercano y .... se “arma la Marimorena”, aquellos durmientes eran gentes de mal despertar, olvidando rencillas personales, todos a una cargan contra los lobos, estos comprenden tarde su error, “No todo el monte es orégano”, los susodichos “cerditos” tenían un humor malísimo y unos colmillos peores que el humor, uno de los lobos, el más sabio y ligero, toma presto las de Villadiego y salta la pared en sentido contrario, a toda castaña, otro se descuida algo, también la salta pero lo hace dejando un buen reguero de sangre señalando su camino de huida y el tercero ... pues a ese se lo desayunaron los verracos, se conoce que la churrería del pueblo no estaba abierta todavía y aquellos caballeros después del imprevisto ejercicio tenían hambre, no se lo pensaron dos veces y se comieron al lobo.

Creo que la historia necesita pocos comentarios, aunque tiene su moraleja: “Nunca despiertes bruscamente a los padres de familia”.

“JOER ....SEÑOR MARQUES, CON USTE SE PUEDE IR A CUALQUIER LAO ...”

Esta historia la recordé ayer, cenaban en casa tres matrimonios amigos, los cuatro maridos somos cazadores, dos venían de Gredos, donde habían cobrado un buen macho, nos contaron el espectáculo que habían presenciado de buitres negros y leonados zampándose una cabra y como intervino en el ágape un águila real inmensa, como no puede ser menos cuando se habla de “pajaritos” recordamos a las avutardas, con ellas como protagonistas les conté este cuento que ahora escribo:

Mi cuñado (Q.E.P.D.) era un hombre encantador, ganadero de bravo y excelente jinete, fue uno de los grandes de la garrocha, sabía mucho de bichos y de campo, pero la caza no le gustaba absolutamente nada, si le invitaban a cazar llegaba a la hora de comer y si se ponían muy pesados invitándole a montear se vestía estupendamente de corto, buscaba un capote bien abrigado, una silla de caza muy cómoda, cogía el rifle, olvidaba las balas y se pegaba una siesta de padre y muy señor mío, pero ... resulta que tenía un capricho, colgar de su chimenea un buen “Barbón”, el trofeo de un buen macho de avutarda era el único que le apetecía tener, por su finca en algunas ocasiones aparecía algún bando de esas “avecillas”, dio ordenes a todo el personal para que le avisaran en cuanto las vieran.

Paco Alba es un jerezano que ha nacido sobre un caballo, sobrino de Alba el viejo mayoral de los Buendía, tras montar durante un tiempo los caballos de Fermín Bohórquez padre, se colocó como caballista con mi cuñado y fue su amparador en el acoso y derribo durante bastantes años, es tan buen hombre como buen caballista, a mi me enseñó gran parte de lo poco que se de caballos, tenía un don especial para colocar a los animales, que él sacará a la pista en una exposición un toro, un caballo o una yegua era tener medio premio ganado, aprovechando ese don, presentó, en varias ocasiones, toros nuestros en la Feria del Campo de Madrid, al terminar una de aquellas exposiciones, con bastante éxito debido en parte a su ayuda, lo invite a comer junto con un paisano suyo que cuidaba los caballos españoles de Juan Manuel Urquijo, Paco es curioso y no se donde había leído que los chinos, entre otras cosas, comen nidos de golondrinas, aletas de tiburón y cachorros de perro, cuando le pregunte que le apetecía comer no lo dudó, “en un chino de esos, pero cualquier cosa menos perrillos chicos....” y para el chino nos fuimos, en el Madrid de hace 35 años, entrar en un restaurante chino con dos hombres vestidos de punta en blanco, pero con traje corto y sombrero ancho, tenía su aquel ... pero el que dirán nunca me ha importado mucho, y para Paco y su compadre los que vestíamos raro éramos el resto, quiso la casualidad que mientras comíamos un arroz tres delicias y un cerdo con salsa agridulce, entraran en el comedor un grupo de africanos vestidos a la usanza de su país, bastante colorista y llamativa por cierto, Paco y su compadre les echaron una larga mirada de soslayo y “Joer ... Don J. esos se comen los perrillos chicos... seguro que se los comen, tienen toa la pinta de venir a eso”.

Una tarde, a la hora de la siesta, Paco descubrió un buen bando de avutardas, en un cercado al lado mismo de la casa, de inmediato entró a avisar, mi cuñado buscó sus armas, resulta que el rifle lo había prestado, para la vieja Sarasqueta no tenía ni un cartucho y ... solo le quedaba una pistola Máuser, que su padre había traído de la 1ª Guerra Mundial, de esas cuya funda de madera es el culatin y que pueden disparar ráfagas, armados con aquel instrumento salieron los dos a la caza del avutardo, la cosa, por una vez, era sencilla, como las aves estaban en un cercado de toros de lidia, las paredes eran altas y además por la parte de fuera daban a un camino con una cuneta profunda, en un periquete se pusieron pared por medio de los pájaros al lado mismo de ellos, por un hueco, entre dos piedras, vieron lo menos docena y media de “avecillas”, muy tranquilamente posadas, rodeando a un soberbio “barbón” que dominaba el cotarro, aquello estaba tirado, así las cobra cualquiera, mi cuñado toqueteo todos y cada uno de los botones de la Máuser, Paco le apremio “Vamos p’alante señor Marques, que a ese le pega “uste” la voltereta más fácil que a un becerro flaco”, se fueron levantando poquito a poco, con el culatin ya en el hombro, cuando llegaron a la altura apropiada el tirador se apoyo en la pared, apretó el gatillo y .... una larga ráfaga atronó la tarde, resultado... pues el lógico, balas 22, avutardas 0, claro que la cosa no terminó tan sencillamente, las aves seriamente asustadas, y con razón para ello, despegaron en compacta formación, sobrevolando a los dos estupefactos y frustrados cazadores, lo hicieron como lo hacen siempre todas las aves, soltando lastre, y lo soltaron como siempre lo sueltan los animales asustados, algo suelto y bastante diarreico, a mi pobre cuñado le dejaron un estupendo recuerdo en su vieja cazadora de ante y al caballista uno sobre la chaquetilla corta y otro sobre el ala de su amado sombrero ancho, que además goteaba sobre la hasta entonces blanca pechera de la camisa, Paco se destocó, miro detenidamente el sombrero, la camisa y la chaquetilla y .... “Joer ... señor Marques, la verda es que con uste se puede ir a cualquier lao .... menos a la guerra”.

“EL TÍO ANGEL EL COMUNISTA”

Este cuento lo recibí en su día, como se deben de recibir los cuentos, en un anochecer de invierno sentado junto a una chimenea en la misma finca en la que sucedió, me lo contó el protagonista del cuento anterior, es decir mi difunto cuñado, anteayer me refrescaba la memoria el viejo encargado de la finca, 64 años de servicios en ella, se jubiló el año pasado pero a pesar de sus 83 abriles esta como una rosa, me lo encontré paseando y le conté que aquella misma mañana una vaca brava recién parida nos había pegado un susto de órdago, cuando paseábamos juntos mi hermano y yo con nuestras respectivas contrarias, “Menos mal que no les ha pasado a ustedes lo mismo que le paso en ese cercado de enfrente al “Tío Comunista”, ese hombre si que las paso mas negras que tiznadas”, aprovechando que estábamos en una clara, entre chaparrón y chaparrón, nos fuimos paseando hasta el cercado de marras mientras me repetía la historia, añadiendo algunos aditamentos que mi cuñado había omitido pues era poco dado al autobombo.

“El Tío Ángel era más rojo que un pimiento morrón, por eso se le quedó el mote, todo el mundo lo conocía como “El Tío Comunista”, era flaco, fibroso, ni alto ni bajo, renegrido, de barba cerrada y muy negra, vestía siempre de pana, con remiendos variados, se cubría de forma permanente con una boina que en su día fue negra y se convirtió en parda, no es que fuera de pocas palabras, es que era de poquísimas, prácticamente solo de dos: “Puta vida”, las empleaba para todo y de forma reiterada; terminada la guerra civil, al “Tío Comunista” la cosa se le puso más negra que la boina, los de Falange lo purgaron con aceite de ricino, en el cuartelillo le dieron algún repaso poco amable y lo que es peor nadie le daba trabajo, aunque no eran muchos de familia ya que eran un matrimonio sin hijos, el hambre hizo acto de presencia.

D. Anastasio el cura del pueblo, había sido legionario y es todo un personaje, “Usted D. J. lo conoce bien pues entre otras cosas oficio su boda”, en aquella época vivía todavía el padre de su cuñado, y un domingo a la salida de la misa que decía en la finca, D. Anastasio le contó al Señor Duque las penurias del Tío Comunista, Rafael, el caballista, llevaba, en el tílburi, a D. Anastasio de vuelta al pueblo:

“Rafael, cuando dejes a D. Anastasio, buscas a Ángel El Comunista y le dices que si quiere trabajo se venga mañana para la finca con su mujer, que aquí tienen casa para los dos y trabajo para él”

Cuando el encargado de entonces se enteró le falto tiempo para protestar:

“Sr. Duque que a D. Anacleto el de Falange y al Sargento no les va a gustar nada lo de colocar al Comunista, que los dos van opinar muy mal de lo que usted ha hecho”

“En esta casa, con el permiso de la Señora Duquesa, mando yo y lo que le guste o deje de gustar a D. Anacleto me importa un comino, respecto al sargento no te preocupes que el sabe muy bien de que cosas se tiene que enterar y de que otras no”

Al Tío Comunista eso de trabajar para un duque le hacia poca gracia pero pasar hambre le hacia menos, así que soltó un par de veces aquello de “Puta vida”, cargó sus cuatro chismes y acompañado de su mujer se vinieron para aquí y aquí se quedaron un porrón de años, no tenia oficio fijo hacia de todo, lo mismo regaba que arreglaba portillos, no era el más trabajador pero tampoco se echaba fuera, aunque tenía una gran ventaja, los domingos y los festivos trabajaba sin descanso, yo que en aquella epoca era solo el herrero, a encargado llegue muchos años más tarde, me atreví a preguntarle por aquella rareza, la contestación tenía que haberla supuesto:

“Coño, para que se joda el Señor Cura”

Cuando 15 años más tarde murió el Sr. Duque, se celebró un funeral en la iglesia del pueblo, fue la única ocasión en que el Tío Comunista entró en la iglesia y la única en que lo vi sin la boina, cuando pasó por delante de la Señora Duquesa intentó besarle la mano, ella no lo dejo, le abrazó y oí como el Tío Ángel decía: “Puta vida señora Duquesa”, “Si Ángel puta vida y en este caso además corta”.

Poco tiempo después, cuando el Sr. Marques tenía 18 años y empezaba a llevar la finca, al comienzo de una mañana fría y desagradable, estaba en el picadero montando un “pregonao” de las liebres, un alazano grandote, con tantas facultades como resabios, que creo recordar tenia el hierro de Torrepalma, los vaqueros aparejaban sus caballos y Tío Andrés y yo cargábamos el carro que tirado por una mula llevaba el pienso para los toros y los novillos, en aquella época era frecuente encontrar familias de gitanos, más bien tribus enteras, recorriendo los caminos, un grupo de aquellos gitanos se presentó a toda carrera entre grandes gritos y aspavientos:

“Los toros están matando a un hombre, lo hemos visto desde el camino, corran, corran que lo están destrozando....”

Todos salimos a escape hacia el lugar que indicaban los gitanos, la escena era tremenda, veíamos a un hombre subir por encima de las matas y volver a caer, así una y otra vez, por la pinta y la poca ropa que le quedaba reconocimos al Tío Comunista, se conoce que para atajar se había metido por medio del cercado sin darse cuenta que había toros pegados, dos toros se lo estaban peloteando, uno lo tiraba y otro lo recogía, el Sr. Marques ni se paró para abrir, hizo que el alazano saltara la portera y se fue derecho a los toros, el caballo intentó rehusar, pero ya sabe usted que tipo de jinete era su cuñado, mano de seda y piernas de acero, le corrió las espuelas desde la cincha a las verijas, al jaco le dio más miedo el de arriba que los toros y fue, ya lo creo que fue, se metió entre los dos toros rozando los pitones del que intentaba volver a recoger al pobre Tío Ángel, el toro enhebro con el caballo que se lo llevó un trecho pegado a la cola, Bernardo y Mesías, que habían podido coger garrochas, se fueron a por el otro toro, cruzándose por delante de él y alternándose para pegarle garrochazos se lo llevaron lejos y se dedicaron a apartar del lió al resto de los toros, que como usted puede suponer estaban muy alterados y se buscaban las vueltas sin parar, el primer toro, muy encelado con el hombre que había corneado, se dio la vuelta intentando cogerlo nuevamente, el Sr. Marques se volvió a cruzar por delante y como no llevaba garrocha, se quitó la gorrilla a cuadros, con ella en la mano derecha y con el caballo galopando de costado, se puso a darle golpes en la cara al toro, hacerle eso en el ruedo a un toro de rejoneo, aunque este afeitado, es difícil, pero hacérselo a un toro en puntas, con los pitones y el testuz llenos de sangre de un conocido, montado sobre un caballo nuevo, en cuatro riendas y lleno de resabios, en un cercado con matas y escobas, tiene cojones, muchos cojones y esos son los que le hecho su cuñado, tenía 18 años pero sobre un caballo valía por tres hombres hechos y derechos, cuando él logró llevarse lejos al toro, nosotros amparados por Rafael el caballista, que llegaba en ese momento, fuimos a recoger al Tío Comunista, o a lo que de él quedará, daba miedo ver aquello, había sangre por todos los sitios, el pobre hombre estaba cosido a cornadas, tras hacerle un torniquete en la pierna derecha, con las correas de unos zahones, lo subimos al carro con todo el cuidado que pudimos y nos lo llevamos a las casas.

El Sr. Marques mandó a Rafael que se fuera a toda carrera a por el medico, atajando por mitad del campo y en un buen caballo era lo más rápido, nosotros colocamos al corneado sobre la mesa del planchero, la más propia para ello, allí empezamos a cortarle la ropa y taparle la sangre como podíamos, cuando el medico llegó en su coche, arrugó malamente la cara, el herido tenía una cornada tremenda en el pecho, se le veían los pulmones, en el muslo derecho tenía otras dos y tres más en las nalgas, los puntazos y golpes ni se contaban; el medicó taponó como pudo y decidió trasladarlo en su coche al hospital más cercano, mientras organizábamos su colocación en el coche, el Tío Comunista se despertó:

“Lo que me faltaba, puta vida, que alguno me de un cigarro”

Todos miramos al medico, pero él se encogió de hombros y le dio el cigarro, yo le di lumbre y casi me caigo del susto, el humo le salía por el agujero del pecho; ni el medico ni nosotros creímos que llegara vivo al hospital, pero el Tío Comunista era duro, muy duro, llegó lo operaron y al día siguiente estaba más despierto que un cuco, el domingo siguiente el medico del pueblo se acercó a verle, cuando acompañado por el cirujano que lo había operado abrió la puerta de la habitación, se encontró de frente las blancas nalgas del Tío Comunista, adornadas con tres sonrosadas cicatrices, producto de las tres cornadas de las que nadie se había vuelto a acordar y estaban curando ellas solas, resulta que el hombre a menos de una semana del suceso había decidido cumplir los débitos conyugales con su mujer, y en tan intimo trance andaba cuando los dos galenos se presentaron, como es costumbre en los de su profesión sin llamar a la puerta.

“Puta vida, ni para eso le dejan a uno tranquilo”

El Tío Ángel “El Comunista” se curó del todo, vivió muchos años después, tan solo cambió un poco su retahíla habitual, cuando pasaba cerca o veía trajín de toros, en lugar de “Puta vida” decía “Putos toros” parco de palabras que era el hombre.