Un día increíble

30-06

 

Era el último día de caza del año pasado. Como siempre decidimos repartirnos el monte para rastrearlo por la mañana y, en caso de haber algún marrano, dar la batida. Bueno, pues a mi me tocó una buena loma en un lugar llamado Unzeta, tenía buena pinta y me lo conocía del verano al ir a entrenar a los perros. En fin, el jefe de cuadrilla me dijo que tuviera cuidado porque seguramente habría algún marrano, pues él había estado rastreando durante la semana. El día antes logré convencer a mi primo para que viniera conmigo a cazar pues yo estaba intentando que a él le gustase la caza. Aceptó.

Llegamos a la ondera (sur) de la loma, nos calzamos las botas y encendí la emisora. Mi primo cogió al Bac (sabueso excelente) y yo cogí a la Neska (madre de Bac, sabueso también). Empezamos a rastrear tranquilamente y enseguida vimos la pisaba de un marrano de unos 70 kilos. Decidimos darle una vuelta al encame que había un poco más arriba pues pensamos que allí estaba. De repente llamaron por la emisora diciendo que Kiko, uno de la cuadrilla, tenía un bicho de unos 100 kilos en un encame pequeñito. Decidí dejar al nuestro y nos dirigimos al encame de Kiko.

El bicho tenía buena pinta, pero el encame era muy malo porque las salidas del animal eran de poca visibilidad. Entonces el jefe de cuadrilla decidió poner los puestos sin perder tiempo, pues más tarde tendríamos que ir a rastrear el nuestro. Bien, le dejé una paralela a mi primo y yo cogí mi Battue Light 30-06. A mí me puso en una salida malísima; mi primo se puso a unos 20 metros de mí. Le dije que soltasen 7 perros por si acaso el jabalí era muy grande y le dije al perrero que soltase mis dos villanos (perros de agarre vascos). Empezó la batida y los perros lo levantaron al poco rato, pero el marrano no salía y decidimos meter otros 7 perros. Entonces se empezó a mover más. De repente oí que venía hacia mí con un ruido espantoso y pensé que iba a salir por la salida donde me había colocado, pero me pasó a unos 2 metros más arriba. Le tiré un tiro y le atravesé la barrigota, pero se marchó.

Con la mala leche que tenía en el cuerpo, ya que pensé que el rifle me había fallado (30-06), decidí coger la Neska y marché tras el rastro mientras mis compañeros fueron hacia la loma que habíamos rastreado mi primo y yo para ir mirando el terreno, como poner los puestos, etc. Tras hora y media siguiendo al guarro, y después de ir viendo rastros de sangre, le ví a unos 200 metros pasando por una mata rasa muy lejos de donde habíamos dado la batida. Me paré tranquilamente, amarré al perro a un pino, me apoyé y le zumbé un tiro que lo dejó seco. Llamé a mis compañeros para que vinieran a recogerme y por fin llegamos a la loma donde habíamos rastreando por la mañana. Pusimos los puestos, pero yo estaba destrozado y decidí quedarme en un puesto al lado de los coches por donde pasaba una pista a otra loma. Pensé que iba a pasar por allí. Al cabo de un rato los perros se soltaron y tardaron unos 20 minutos en levantar al jabalí. Yo apenas hacía caso a la batida, estaba demasiado cansado. Al cabo de un rato oí un tiro bastante lejos y dijeron por la emisora que le había salido a Carlos, uno de la cuadrilla, pero el guarro se volvió a meter al monte. Finalmente salió pero con la mala suerte de que salió hacia mí, y yo no estaba como para tirarle. Le tiré un tiro y le fallé, le tiré el segundo, ya con escasa visibilidad, y le volví a fallar, pero no se porqué el bicho giro 90º y le vi que salía del pinar donde estaba yo hacia fuera. Corrí río abajo y le puede ver como iba, como una moto, me apoyé y sí, el tercer tiro sí que le dio. En definitiva, acabé destrozado, con dos jabalís, y conseguí que a mi primo le siga gustando ir a cazar como a mí.