Dicha y desdicha de un cazador de pueblo

Alga

 

Hay días en los que uno no se levantaría de la cama, el caso es que cuando es para ir a cazar te levantas ilusionado como un niño y hay días en los que que te acuestas como un viejo que pierde al tute….

Me levanté muy temprano pues no había tiempo que perder, no había pegado ojo en toda la noche por las ganas que tenía de salir al monte, me puse los pantalones y pude observar el tremendo boquete que se había instalado en la entrepierna a causa del talegazo que me dí el Domingo pasado, no recordé dárselos a mi madre para coser, así que tocaba coger aguja e hilo y manos a la obra, si hombre, si no pasa nada…. Si esto lo he hecho montones de veces….. cinco minutos para enebrar la aguja y a coser. Para colmo el dedal no me entra ni en el meñique, así que lo hice a la brava, primeros puntos ya están dados y todo va muy bien, solo me he pinchado una vez, se me acaba el hilo por mala previsión y otra vez a enebrar, vuelvo a coser y listo, mi dedo está como un colador pero no pasa nada, el cosido es de calidad y aguantará toda la jornada.

Sin más contratiempos me dirijo al bar del pueblo donde ya me espera la cuadrilla con cara de perro y me pido un cortado, el camarero me lo pone hirviendo, cosa que me sabe muy malo y él lo sabe, me quemo al beber y lo derramo por todo el mostrador, al momento las risas de la cuadrilla y los juramentos del camarero, al instante me hace otro de mala leche y me lo bebo de un trago, me cae como una bomba y mis tripas se retuercen, intento contenerme ya que no puedo hacerlos esperar más tiempo y finalmente lo consigo.

No hay tiempo que perder, a por los perros y al monte, les abro la puerta de la garita y salen como el toro que pilló a Manolete, adios adios, buuahhh, maaaa, veeen , veeeen bonito,consigo hacerme con ellos tras varias carreras y los monto en el maletero. Muy bien, todos al monte.

Una vez en el monte abro el maletero y salen los perros disparados, pero un tremendo olor sale de aquel habítáculo, una mezcla de fuerte olor avinagrado y consistente que conozco muy bien, la perrita de mi compañero ha vomitado en el maletero sobre los triángulos de seguridad, los lavamos y dejamos abierto para que se joree el maletero, parece que hoy todo está en mi contra….

Bueno a cazar, ya era hora, mi perro se entretiene haciendo sus deposiciones en una mata así que lo espero y nos embocamos a un barranco donde es fácil sorprender a alguna perdiz en estas horas, con los primeros sudores mi cuerpo hace reacción de nuevo con el cortado del camarero y mis entrañas se vuelven a retorcer, que dolor, me acuerdo de toda la familia del camarero y busco un sitio para sacar ese demonio de dentro. Aquí si señor, este es un sitio perfecto, me quito el chaleco y apoyo la escopeta en él, ya no puedo más, me bajo los pantalones y….. horror…. Va un cazador por la ladera de enfrente, bueno aguanto un poco más y cambio mi posición un poco más abajo para ocultarme, vaya por Dios, ahora me he dejado el papel en el chaleco vuelvo haciendo el pingüino unos tres metros hasta el chaleco y lo busco, mis tripas pegan otro apretón y cojo el primer papel que veo a mano, un folio que me servirá, bajo de nuevo pasito a pasito y yaaaaa, que bien, que descanso, que placer, uffff me recreo con el folio observando que es la nota de la sociedad donde se indican los cupos de las piezas que se pueden matar. Bueno, ya me lo se de memoria, jejejjeje así que no pasa nada aunque lo use para tal menester, la sociedad de cazadores siempre puede sacarte de un apuro, jejejje. Termino la faena y al levantar la cabeza veo el perro a unos seis metros que va muy fino y pienso que no puede ser lo que estoy viendo, junto al chaleco en un esparto veo una liebre encamada y ella si que me mira, me mira y me remira. Va a ser inevitable….. me levanto despacio y solo pido que el perro se entretenga un poco más con el rastro, pero no es así y se acerca, la liebre arranca y yo con los pantalones abajo, arranco yo a correr y a los dos pasos haciendo el pingüino doy de bruces en el suelo, vaya tozolón. Me estiro y alcanzo la beretta pero ya es demasiado tarde, la liebre se ocultó con la traspuesta, vaya historia, cuando lo cuente no lo van a creer. Juramentos en hebreo salen de mi boca y me acuerdo del camarero y de toda su raza, pero ya no hay nada que hacer más que resignarse y acordarme de las palabras de mi padre: ante una urgencia de este tipo, la escopeta bien cerca por si acaso.

Sigo cazando por los barrancos y todas las perdices que veo salen largas, fuera de tiro, me sigo acordando de la liebre, que bien enseñada estaba y que forma de aguantar. El día está nublado y con la humedad mi sudor empaña las gafas continuamente. El perro sigue bastantes rastros de conejos pero no echa ninguno, con la humedad mis gafas están muy empañadas y decido parar a limpiarlas mientras el perro caza la ladera de enfrente, no pasará nada porque aunque salga algo domino toda la ladera y me dará tiempo a reaccionar. Mientras echo el vaho sobre uno de los cristales veo que un conejo se arranca de una mata, no puede ser, en vez de ponerme las gafas las tiro al suelo y me encaro la escopeta, pumm, pumm, pummm, nada de nada, me caguen la puñeta, ¿Como puede pasarme esto a mi? ¿Pero que me pensaba? ¿Cómo iba a darle sin las gafas? ¿Si las llevo para cazar es por algo, no? ¿Entonces porqué demonios las tiré?….. un montón de preguntas sin respuesta que no me llevan a nada.

Maldigo ese día y con una cara de perro me dispongo a seguir cazando, ya son las doce y yo bolo, no puede ser, me encaramo a una cresta donde suben las perdices y empiezo a cazarla con mi perro, de repente veo que empieza a agitar su cola y se estira a ras de suelo, señal inequívoca de que las patis están cerca, sigo andando y veo una larga que sale, el perro se ha quedado clavado, pero pienso que están apeonando y decido seguir caminando para que levanten el vuelo a tiro, cuando llevo tres o cuatro metros andados oigo el sonido característico de las perdices cuando salen con dos pares de c… y me vuelvo repentinamente, pero el terreno se desmorona a mis pies y resbalo. Caigo por la inclinada ladera … rodaaar y rodaaar, rodaaar y rodaaar como decía la ranchera. Quedo tendido en el suelo y mirando al cielo me encomiendo a quien esté allá arriba y le pregunto ¿Por qué a mí?, como suponía nadie contesta y me levanto entre dolores de mis costillares y arañazos por todo el cuerpo. De nada me sirvió coser el pantalón esta mañana porque el boquete volvía a estar en su sitio preferido y todavía mucho más grande.

Decido volver a la carga y terminar de cazar la cresta, subo y me dispongo a orinar puesto que con tanto meneito se me han despertado las ganas. Cuando estoy a mitad de faena oigo dos tiros en la ladera de enfrente y me pongo alerta pues es posible que venga alguna perdíz revolada. Efectivamente dos perdices se dirigen hacia mi comprometida posición en vuelo rasante a lo largo de toda la cresta. Intento terminar pero no puedo parar, es la mingitación más larga de la historia, ¡ Ya están aquí ¡ me encaro abandonando la faena, he de quitarme el bolo cueste lo que cueste, le tiro de pico a la más próxima y nada, pasan sobre mi cabeza y me vuelvo para disparar, pumm, nada, pumm…. Veo que una cae, menos mal además ha caido seca, pero una sensación cálida acaricia mi pierna y poco a poco se va enfriando, me temo lo peor y es cierto, no terminé la faena y al dar el giro el último chorrito fue al lugar donde no tenía que ir. Bueno, por lo menos me he quitado la porra, así que mojado pero agusto, además esto enseguida secará .

Ya es muy tarde y me dirijo con mi perdíz muy orgulloso al coche, pero antes decido rodear para cazar unos espartales donde las liebres suelen encamar en estos días. Voy de lado a lado del espartal, muy despacio y poniendo atención al perro. De repente el perro se detiene y marca la muestra en un matojo apartado del espartal, me acerco a la mata pero veo que no hay nada en ella, levanto la vista y veo que agachada se escapa una liebre al fondo del espartal, me encaro y disparo, da una voltereta y pienso que lo he conseguido,pero la liebre arranca de nuevo y me encaro otra vez, pumm nada, pumm… la liebre se va con las patas arrastras pero aun corre bastante. El perro está despistado y no sigue su carrera, pues se ha quedado en el matojo sin ver a la liebre,,así que la sigo con la vista hasta que ella llega a la carretera y se detiene, se acurruca en la cuneta y veo que no se mueve, mi posición está a unos 300 metros de ella, así que me acercaré y la cojeré ya que es posible que esté muerta. Cuando llevo unos 50 metros andados veo que una Renault Express roja aminora la marcha hasta que se detiene en el arcén, no puede ser que la haya visto pienso yo, pero un hombre baja del coche y se dirije hacia la liebre, confio en que el hombre será de buena fé y pensará que yo le he tirado. Se agacha y la coje, el animal está muerto ya, entonces le grito para que se de cuenta de mi presencia pero el hace caso omiso de mi llamada, me temo lo peor, vuelvo a gritarle un poco más fuerte pues pienso que puede que no me oiga por la distancia, el hombre levanta la vista y me ve pero no cambia su rumbo y abre el maletero, entonces pego un grito que me oyen hasta los sordos y nada de nada, el hombre cierra el maletero y se va a montar, empiezo a dedicarle todos los improperios acumulados y macerados a lo largo de la mañana, esto es el colmo, corro en dirección a la carretera para cortarle el paso, el coche viene hacia mí pero no está dispuesto a parar, me faltan unos metros para llegar a la carretera, me encaro la escopeta hacia el coche para intimidar y en vez de parar el muy c…. Todavía acelera más no puede ser, ¿Pero como puede haber este tipo de gente en el mundo?. No lo comprendo, por mucho que intento entenderlo no puedo, si el hombre me hubiera pedido la liebre se la doy gustoso, le hubiera dado hasta la perdíz por ayudarme a cobrar la liebre, pero esas jugadas no se gastan, eso es propio de personas con adjetivos que no estoy dispuesto a nombrar.

Me dirijo al coche cabizbajo, con al mirada perdida, desencajado y malhumorado. Mi aspecto a parte del reflejo de la cara tampoco es muy bueno, dado que mis pantalones están hechos girones y un rosetón en la pernera derecha los hacen irrecuperables, mis brazos están llenos de arañazos y mi cara también, nada puede consolarme. Me acerco al coche donde me esperan los compañeros expectantes, ¿Qué, como se dió? Me pregunta mi hermano, pues hombre, no me puedo quejar, una perdicilla. ¿No viste más o que? Nosotros vimos bastantes, apunta el otro compañero. Entonces les miro fijamente y les digo: si os cuento todo lo acontecido en esta dura mañana no os lo vais a creer, así que vamos para casa que ya es tarde y no tengo ganas de nada…..

Este es un relato que refleja lo dura que es la caza en ciertos días. Evidentemente esto que he contado no me pasó en un solo día, ya que de haber sido así el hombre o la furgoneta que me robó la liebre no hubieran salido ilesos. Pero si que es cierto que todas estas cosas me han sucedido a lo largo de los años que llevo de cazador y estoy seguro que a vosotros os han pasado cosas muy parecidas, por eso os invito a que conteis las anécdotas curiosas que esta apasionante afición nos regala de vez en cuando, ya que han de recordarse con humor y con la idea de que estas cosas no nos pasan por tener mala suerte, sino que nos pasan porque tenemos la suerte de ser CAZADORES.
Invito a toda la buena gente del club a que nos regalen sus anécdotas más curiosas en el foro de relatos o donde la redacción estime oportuno…..

MORALEJA:
Si te levantas para ir a cazar y tu pantalón has de zurzir….
Métete en la cama y vuélvete a dormir….

Un saludo desde el Desierto de Gobi..... ALGA,