El camisa moteada

Abraham

 

Tuve mi primer encuentro con un "Tigre" (entiéndase Jaguar) cuando contaba yo con escasos 5 ó 6 años de edad. Fue en el zoológico de la ciudad caribeña de Barranquilla (Colombia). Quedé fascinado con la mirada de este animal que a pesar de estar en cautiverio pensé que guardaba todavía todo el misterio y todo lo salvaje que lleva por dentro este felino.

Recuerdo que me acerque tanto a su jaula de barrotes rojos ya oxidados que pude percibir su olor y pude oír un muy leve ronquido que me atemorizó y me hizo apartarme de inmediato, sé que no era un ronquido de amenaza, pienso que era tal vez, un saludo triste desde el cautiverio, añorando su oscura y querida selva.

Pasaron varios años y me encontraba viviendo en la ciudad de Santa Fe de Bogotá cuando un amigo ganadero me llamó para saludar desde mi ciudad y entre comentario y comentario me contó que un Tigre había estado matando ganado en las fincas aledañas a las selváticas riberas del Gran Rió de La Magdalena que desemboca en el Mar Caribe, en "Bocas de Ceniza" mas exactamente. Le pregunté de inmediato que si sabía cuando había sido la última vez que mató? Me contestó que hacían tres días. Ha pasado mucho tiempo, me dije. Un Tigre regresa a comer de su presa muerta dos, tres y hasta cuatro días después de haberla matado, si no es molestado claro está. Descarté de inmediato un viaje de caza pues pensé que perdería el tiempo.

Aproximadamente un mes después, un jueves exactamente, recibí la tan esperada llamada de mi amigo diciendo que había desaparecido un gran toro reproductor de su propiedad y que los vaqueros lo habían encontrado parcialmente devorado a varios Kms de la finca. Le dije emocionado: "Diles que no se acerquen al toro que hoy en la noche llego!!!

Ya en mi casa no tuve que preparar nada pues mi equipo esta listo siempre. Me monté en mi viejo Toyota recogí en mi finca los mejores perros los metí en el remolque y arrancamos. Éramos cinco cazadores amigos en total mas tres vaqueros de la finca de mi amigo. Llegamos a eso de las diez de la noche, amarramos los perros les dimos de comer, comimos nosotros y nos acostamos en nuestras hamacas a descansar.

La mañana siguiente nos amaneció con una leve llovizna, un típico día tigrero como dicen los campesinos de la región. Muy temprano y siendo todavía oscuro salimos caminando hacia el sitio donde habían descubierto al toro muerto. Lo encontramos entre las gigantescas raíces de un gran árbol de bonga de unos 20 Mts de altura que con su gran follaje hacía más oscuro el ambiente. El toro muerto pesaba unos 500 Kg y tenía cuatro orificios en la base del cráneo detrás de las orejas. Así mata el Jaguar, que libra por libra es el mas fuerte de los grandes gatos.

Noté que los perros estaban inquietos, temblaban y gemían algo nerviosos, sus colas entre las piernas me hicieron pensar: "Estos perros nunca han trabajado un animal de estos, creo que vamos a perder el tiempo." En fin ya habíamos llegado hasta aquí y no había vuelta atrás.

Cada uno de nosotros agarró tres ó cuatro perros y les metimos el hocico en las huellas, empezaron a olfatear resoplando, levantaban la cabeza y nos miraban inquisitivamente para luego mirar a lo profundo de la selva. La llovizna había dispersado un poco el rastro pero pronto lo levantaron y con las palabras de ánimo de los perreros se fueron animando poco a poco hasta que se pegaron a la pista y empezó la algarabía. Me dije mentalmente y un poco nervioso: "Esto ahora sí que va en serio"

Lo espeso de la vegetación no nos permitía avanzar al paso de los perros así que los soltamos. Los mas veteranos eran Pepe Rojo, Pepe Negro, Bung y Rafle, que iban reventando en punta y latiendo como locos. Los perdimos de vista y a veces no alcanzábamos a oírlos. Ni siquiera con los afilados machetes nos podíamos abrir paso por la espesa manigua.

Después de avanzar por mas de una hora, pudimos oír tremenda algarabía formada por los perros acompañada de algo parecido al bufido de un toro.

Uno de los vaqueros me gritó: "El tigre está plantao!!!!!" Corrimos desesperados y gritando a los perros y haciendo mucho ruido, grave error pues cuando por fin y después de cubrir no se cuanto terreno llegamos cuatro de nosotros a un lugar en el monte donde cuatro perros yacían muertos con las entrañas fuera mientras los demás, totalmente transformados se abalanzaban sobre el enfurecido Tigre.

Los cazadores deben llegar al sitio donde se acula el tigre rápida y calladamente y sin utilizar el machete para que los sabuesos no oigan a sus dueños pues esto los envalentona y los hace arrojarse mas cerca de las garras y los colmillos del camisa moteada.

Miré por un instante mis perros muertos y sentí gran tristeza y un terrible sentimiento de culpa.

Yo cargaba con mi escopeta Cal. 20 Superpuesta. En un cañón postas y en el otro una bala.

Nos acercamos al Tigre para retirar los perros y poder disparar, agarramos los que pudimos por las colas. Mis piernas y manos temblaban terriblemente y de repente Zas!!!!!Otro zarpazo y caen dos mas muertos, el tigre saltó sobre los perros y desapareció entre la vegetación de Mangle, típica de las riveras de los ríos de esta región, para mas tarde a unos diez Kms alcanzar el rió para perderse.

Alcanzamos a los otros perros ya en la rivera del río, todavía latían pero no alcanzaron a lanzarse así que los amarramos y nos devolvimos en silencio. Cavamos un gran hoyo en ese mismo sitio y enterramos a los seis perros muertos. Me gustan y quiero demasiado a los perros y en especial a los míos, que he criado y visto crecer, así que no pude evitar llorar tristemente.

Pude en ese momento sentir lo realmente salvaje de este tipo de cacerías que por primera vez practicaba:
Esto lo aprecia el cazador que a pie llega sangrando a causa de las espinas "garra de gato" ó las "espera un poco" hasta ese sitio, en lo profundo del monte, bañado en sudor y sintiendo los pelos de su cogote erizados por la escena y puede llegar a ver por unos segundos la mirada de ese bello y todavía misterioso animal enfurecido mostrando su boca roja y abierta con todo su armamento.

Esa mirada en nada se parecía a la del Tigre que vi en cautiverio cuando era yo un niño.

El Tigre de este relato, con sus pupilas dilatadas era la esencia pura del animal libre y salvaje que te advierte en ese mismísimo momento que no tienes ningún derecho a interferir en el transcurso normal de su vida.

Saludos y espero no haberlos aburrido con este relato tan largo.

Abraham

P.D.: Debo aclarar que en las dos únicas oportunidades que tuve de realizar este tipo de caza no pude abatir a este bello animal. Por el contrario el se defendió y mató media docena de mis perros pues yo no entendía en esos tiempos ya pasados y lejanos como era la técnica de caza de este hermoso felino.
Hoy agradezco a la providencia el que me haya permitido no matarlos.