Mi Archy siempre está “al loro”

Che

 

Archy es un precioso y preciso teckel macho que me ha acompañado en mis correrías por los montes detrás de los cochinos. Siempre ha tenido muy mal genio, mucho carácter. Yo siempre le "he pertenecido" y, como tal posesión, me ha guardado y cuidado a lo largo de los once años que lleva en casa. Es testarudo como él sólo, pero es el perro más obediente que he tenido. Jamás me deja solo donde quiera que estemos. Aunque parezca imposible, para los que conocen la raza, nunca se aleja de mi en el campo, constantemente me tiene controlado. Si levanta un cochino se va detrás de él pero a los dos minutos vuelve a ver dónde estoy y se vuelve a marchar. Si va siguiendo la sangre no necesito atarle. No le tengo que llamar. Ya está viejo, como el amo pero, si le digo que se suba al coche, le brillan los ojillos como el primer día. Nadie se atreve a tocar su comida pero, si me acerco yo, mueve el rabo, alegre de poder "compartir" la pitanza con su amigo. Y no digo nada si ha cobrado una pieza… ahí si que no hay "bemoles" a tocarla hasta que yo no llego. Cuando mis conocidos van a casa se admiran de que, todavía hoy, que ya está achacoso y gagá, no me quita ojo de encima en ningún instante, regañando a los demás perros, si estos se acercan a mi más de lo que él considera conveniente.

Vaya esta pequeña anécdota en su honor, por fiel, por buen amigo incondicional y porque ya, "en el invierno de mis cacerías y de las suyas", no tengo la posibilidad de tener otro perro como Archy.

Habíamos ido unos cuantos amigos a echar un ganchete a los cochinos a La Zarza, una finca muy querenciosa por lo abrigada y lo tranquila. El dueño no dejaba entrar el ganado y, sobre todo cuando hacía mucho frío, se solían meter muchos bichos a encamarse por sus rincones.

Elegí, porque no se sortearon las posturas, una explanada de monte bajo que separaba los cerros de un barranco por el que se solían "vaciar" los marranos cuando se veían apretados. Me coloqué cerca del barranco cuyo borde, que caía con mucha pendiente hasta el fondo, se me quedaba a diez metros a mi espalda. Busqué una trocha tomada y su correspondiente "resbaladero" y tomé posición no sin antes atar a Archy al banquillo, no fuera a ser que le diera la idea de salir zumbando si oía venir a los cochinos. Es un perro muy dócil, pero no hay quien le quite que, cuando oye venir las reses le entre "la temblaera" y lloriquée por bajines como hacen los cantaores de flamenco cuando van a entrar por lo derecho. Y eso que se ha llevado algún que otro pescozón y más de una colleja para quitarle la costumbre pero… Genio y figura hasta la sepultura.

Al cabo de un rato de estar pasando frío, quietos los dos como estatuas, veo que se pone de pie de un salto y se pone a escuchar… tembleque correspondiente y yo ya sé que algo viene hacia el puesto. Al instante oigo un tropel delante de nosotros. No hago más que estirar el cuello un poco y veo venir por la trocha cuatro marranos en fila india, como almas que se lleva el diablo. Me agacho al tiempo que levanto la mano para indicarle a "mi compi" que ni respire.

Efectivamente, los bichos vienen derechitos a nosotros y después de hacer una parada de escucha para comprobar que "no hay moros en la costa", se dirigen al resbaladero para tirarse al barranco. Puuum! Primer tiro con mi vetusto cerrojo del 30-06, guarro al suelo. Desbandada general. Puum! Segundo tiro, segundo patas arriba. Busco a los otros que se han perdido entre el monte bajo. Miro a Archy que, con la dirección en que mira, me los "canta". Puuum! tercer tiro, tercer guarro que va al suelo. Y puuum!, el cuarto, el que más a cascaporro me entra, lo fallo. El animal se tira al barranco como "el que se quita avispas del culo" y se pierde cuesta abajo entre gran ruido de piedras y matas tronchadas.

Tras la obligada imprecación santificante, salgo corriendo hacia el borde del barranco y a riesgo de la poca integridad física que a uno le queda ya, me lanzo por el despeñadero arañándome y arrastrando las partes blandas por las piedras, los pinchos y todo lo imaginable, por ver si lograba atisbar al desertor por la ladera de enfrente. En esas estoy cuando, en una parada para escuchar, oigo que, por detrás, se acerca otro tropel de bichos que vienen rectos hacia mi. Traen una polvareda por la cuesta abajo que parecen el séptimo de caballería y un tronchar de matas que me creo que viene otra piara… ¡Y yo con una bala!

Si alguno de vosotros se ha visto en una situación así, sabrá de la angustia del momento. La prisa te atenaza. Sacas un puñado de balas de la cartuchera y se te resbalan entre los dedos. Rezos. Y los guarros que vienen. Tratas de meter una bala en el cargador y, si te descuidas, la metes al revés. Más rezos. Te sobran dedos, te faltan manos. Pareces, que me perdonen las damas, un mono tratando de follarte a un balón de rugby.

Dejo de intentarlo porque los guarros ya están encima… levanto el arma y… se me presenta mi Archy corriendo a todo trapo, con el banquillo arrastras, enganchándose en todas las matas. Viene con los ojos que se le salen, y cuando me ve, parado y apuntándole frena en seco y me mira con una como diciendo "ahora éste me va a dar un estacazo que me va a deslomar".

Teníais que haberle visto la cara de desconcierto que puso cuando, en lugar de la regañina que seguro que esperaba, empecé a reirme y a hacerle mimos. Seguro que pensó: " Mi socio está loco".

Fue un bonito lance y una estupenda mañana.

Che.

Para Pipo, que me pidió que lo volviera a contar.