El 11 de la Jarosa

Che

 

¿Verdad que pasan cosas en la caza que, cuando te las cuentan, piensas para tus adentros: ¡Vaya trola que se ha marcado aquí el amigo!. Pues aún corriendo ese riesgo no me resisto a contaros lo que me pasó en el puesto que da título a esta historia.

Migas con huevos fritos, charla con los amigos, los nervios propios del sorteo y... puesto número 11 de la Jarosa, en un collado. Ya sabéis lo que pasa en estos casos, los conocedores del terreno y los que estuvieron en el sitio el año anterior te dan la enhorabuena por la suerte que has tenido, te explican cómo es el puesto, cómo te van a entrar los cochinos, te aconsejan dónde tienes que colocarte, te dicen que rifle, otros escopeta, unos visor, otros que te olvides del visor y uno cada vez más impaciente por llegar y ver cómo es el escenario de hoy pero sin dejar de relamerte de gusto; todo ello sin dejar de pensar que los buenos puestos también fallan.¡Quiera Dios que no sea hoy!.

Y tras una caminata regularcilla de esas que te hacen abominar el último Chester y jurar por lo bajo que los de anoche fueron los últimos whiskies, llego al collao. En efecto, es un paso estrecho como una pasarela entre dos cerros y, a cada lado de la pasarela nace un barranco, sin gota de agua ninguno de los dos. El de la izquierda toma profundidad con mucha rapidez y se pierde en las pinadas de más abajo, entre grandes piedras arrancadas por las avenidas. El de la derecha, mucho más suave, llega mansamente hasta el collao ofreciéndome, como tiradero, un testero que parece un talud de esos que se ven en las autovías cuando parten un cerro por la mitad para no tener que rodearlo. El testero tiene una vegetación escasa, algún tomillo y alguna mata de lavanda que no sirven para ocultar la trocha que los bichos han hecho para alcanzar la parte alta del paso y bajar al otro lado. Por esa trocha, según los que gozaron del puesto antes que yo, era por donde "me iba a entrar lo que no está escrito".

Cargo el rifle y me camuflo enfrente de la trocha, dejando el collao a mi derecha, ignorando el empinado barranco del otro lado. Me tapo detrás de un pinillo que disimula mi silueta y que me conforta un poco del vientecillo que sube helado por el arroyo. "Vientesico pelacañas" (que dicen los lugareños).

Empieza la batida y las primeras carreras de los perros. Suenan tiros en los escapes de los bichos, en las ramblas. Hay guarros en la mancha, pienso. Los minutos se te hacen eternos tratando de aguzar el oído y desojándote mirando a todos lados. Los bichos estaban encamados por los bajos porque no sube ninguno, ¡mira que si es hoy el día que falla el famoso puesto!. El año pasado aquí se abatieron cuatro... sí, pero esos ya no están... ni tampoco han criado. ¿Te juegas algo...?

Trrr, Trrr, Trrrrr. Un sobresalto. ¿He oído bien?. El sonido inconfundible de un trotecillo harto conocido me saca de mis pensamientos. Atisbo por encima del pinillo. Un marranchón bueno sube confiado por la vereda a pasar por delante de mis narices, a veinte metros. Como los patitos de las casetas de la feria que volcábamos con las de aire comprimido y que nos proporcionaron nuestras primeras caladas al tabaco rubio.

¡Adrenalina a su puesto! ¡Latidos a tope!. Este viejo motor mío se me pone a unas revoluciones que parece increíble, después de tantos años.¡Lo va a oír el marrano!.

¡Qué cantidad de circunstancias tienen que darse para que te entre un bicho al puesto!... Que haga buen día, que tengas suerte en el sorteo, que no airees, que la mancha esté buena, que el puesto tenga un tiradero decente, que los perros cacen a tu favor, que te entren bien las reses, que los oigas, que los veas... y todas son excluyentes de las otras. Si una sola de esas circunstancias te falla... te fastidia el día.

Y llega nuestro marrano con su trotecillo confiado, sin prisa, viene oyendo a los perros todavía lejos. Le dejo cumplir hasta que esté en el sitio por si tengo que doblarle el tiro. Aunque, aquí a cascaporro no lo voy a fallar... ¡Y un cuerno! Lo meto en la cruz... Puuum!... ¿Qué ha pasado? ¿No lo he tocado?... ¡Pero si es imposible! Cerrojazo para cargar... Se me congela la sangre. Aunque tiro con todas mis fuerzas del cerrojo la bala no sale, se ha quedado encasquillada y por más que peleo no logro sacarla.

A todo esto, nuestro amiguete al oír el estruendo, pega un arreón y, de dos saltos, se pasa al otro lado del collao. Adiós, buenas.

Aquí vienen una serie de imprecaciones, maldiciones, improperios y denuestos que no me atrevo a reproducir pero que todos conoceréis y habréis usado cuando se os ha ido un cochino facilón.

Examino el rifle, maldigo las cosas baratas, le doy vueltas y más vueltas pero la vaina no sale de la recámara. Trato de extraerla con una navaja mil usos, una mariconada de esas que a McGiver le da tan buenos resultados en las pelis de la tele. ¡Que si quieres arroz, Catalina! Otra sarta de recordatorios a los santos y palabras beatificantes... Trrr, Trrrr, Trrrrr. ¿Otro guarro? Sí señor, otro marrano, "y yo con estos pelos". Desarmado. Este sale peor parado que el anterior, porque le tiro la navaja y casi le doy... ¡Hasta luego, Lucas!... Trrr, Trrr, Trrrrr. ¡El tercero!... y al cabo de diez minutos el cuarto... Y yo ¡venga a rezar!...

Y ya, al final de la montería, cuando van llegando los perreros al puesto, la traca final.

Se arranca un verraco que se había aguantado todo el tiempo en unos pinillos, a cincuenta metros de mi puesto, por debajo. "¡Ahí vaaa, ahí va el guarro grande p'al collaooooo!"."¡Ahí va p'arribaaa!".

¿Os imagináis la escena?. De pesadilla total. Yo pidiéndole al Cielo que no fuera "mi collao". Que cambiara de rumbo, que me venteara, que se volviera, que no me hiciera pasar por este cáliz... ¡Leches!

Y llega el "Victorino", pasa por la trochita sin mucha prisa, me mira despreciativamente, suelta un bufido, alarga un poco el tranco y se larga al otro lado...

Resumiendo. Explicaciones a los perreros cuando llegaron, que no se explicaban cómo el puesto del collao no le había tirado al "borrico" que acababa de pasar, explicaciones a los compañeros, dando tu palabra de honor de que lo que les estás contando es la pura verdad... y yo , de una mala uva como nadie sabe, bajando al barranco a recoger el rifle, porque, confieso con vergüenza que al cuarto marrano le di una volea y fue derecho al fondo.

Todavía hoy, nueve años después, sigo aguantando la "coña marinera"de mis amiguetes, graciosillos ellos, que me recuerdan el puto puesto 11 de la Jarosa.



Che.