Diálogo entre damas... del bosque

JLP

 

La luna de diciembre ilumina un prado de la zona norte de la meseta castellana, éste se encuentra en un valle flanqueado de robles y junto a un pequeño arroyo que lo atraviesa, una becada trata de conseguir el alimento de cada noche.

De pronto se acerca otra en vuelo sigiloso, que se posa en el lado opuesto del prado, y a pequeñas carreritas, se aproxima hacia el lugar donde ha visto a su congénere, para ver si puede "compartir la mesa"

—¡Hola Picu! No sabía que estabas por estos montes.

—Pues ya ves Blanqui, todavía aguanto.

—¿Hace mucho que has llegado, Picu?...

—Hace un mes; he estado unos días en Francia... ¡pero chica! allí no te dejan tranquila un momento, por lo que me decidí a bajar un poco más al sur, aunque el tiempo era muy agradable.

—Yo acabo de llegar, y todavía no he tenido tiempo de asentarme. Ya sabes que perdí mis dos pollos con las grandes riadas de primavera... me entró una depresión enorme, pero ya la he superado. ¿Cómo están por aquí las cosas?

—Pues en estos montes, bastante mal, Blanqui; he tenido dos días que me he librado por las plumas ¡Fíjate como tengo este muslo!...

—¡Huy, Picu... que herida!... ¿Qué te ha pasado?

—Fue el domingo. A primera hora de la mañana, dos perros y dos cazadores me hicieron levantar el vuelo por tres veces, hasta que a duras penas logré despistarles, pero lo peor vino al mediodía... Creo que por lo menos había seis cazadores y una docena de perros. Siempre que escuchaba ese ruido tan raro que hacen ahora, levantaba el vuelo, pero al poco rato, ya los tenía otra vez encima. Hubo un momento, que pensé que era el fin de mis días, había apeonado hasta una mata muy cerrada, donde creía que estaba segura, cuando sin darme cuenta veo dos ojazos que me miraban fijamente, oigo muchos pasos y enseguida siento como me rodean; salí volando ocultándome entre los troncos de los robles, mientras los perdigones silbaban en todas las direcciones, fue entonces cuando sentí un pinchazo en el muslo, que me hizo perder el equilibrio... el quiebro que hice, creo que fue lo que me salvó, ya que me siguieron disparando; volé hasta notar que me fallaban las fuerzas y pasé el resto del día acurrucada sobre el musgo que había bajo unos brezos.

—¡Me estás poniendo las plumas de punta, Picu!, yo pensaba que por aquí las cosas estaban más tranquilas.

—Eso era antes, Blanqui, ahora hay por lo menos tres días a la semana, que tienes que estar todo el tiempo alerta, y salir volando antes de que esos perrazos te claven su mirada. Además, hay poca comida, como enseguida podrás comprobar.

—Entonces ¡Va a tener razón Pardi! , ya que a finales de enero del año pasado tuvo un día parecido al que me has contado, pero el perdigón le dio en un ala, y aunque pudo seguir volando, le obligó a quedarse en estos montes todo el año.

—¿Y eso qué tiene que ver con la comida?... —dice Picu.

—Pues me ha contado, que en primavera había por el campo máquinas que metían mucho ruido, echando una cosa que olía muy mal y que mataba todos los insectos; una noche comió unos saltamontes muertos y tuvo un dolor de tripas atroz. También me dijo, que otros días, una máquina volaba con un ruido ensordecedor, sobre las copas de los árboles y echaba un polvo que cuando se acercó al suelo, casi no la dejaba respirar.

—No se si será por eso, pero lo cierto es que esta noche nos vamos a quedar con hambre.

—¡Oye Picu!... Tal y como están las cosas... ¿porqué no aprovechamos esta espléndida luna, y nos vamos para otro sitio?...

—Creo que va a ser lo mejor, Blanqui, ya que si seguimos aquí, no regresamos al norte, aunque por allí últimamente tampoco reina la tranquilidad de antes.



PD: Aunque es un diálogo pesimista, animo a todos los becaderos para que sigan con el entusiasmo que les caracteriza, aunque ésta temporada no esté siendo buena para la mayoría.