Un relato algo gracioso

A.C.

 

Hace ya bastantes años, cuando a los conejos solo les afectaba la mixomatosis y se permitía el descaste en su tiempo, es decir a finales de junio, mi familia organizaba el primer día de apertura una singular jornada de caza, dicha jornada constaba de un alba con su correspondiente aleo una vez que clareaba el día, un suculento desayuno compuesto por migas, chorizos y huevos fritos y para terminar un chanteo para bajar calorías.

El punto de reunión era la portada del coto, la hora las 5 en punto de la mañana, los cazadores la familia y algún invitado, algunas veces ilustre y otras no tanto, dependiendo de quien fuese el invitador, en esta ocasión el invitado era un personaje importante de su tiempo, el señor gobernador provincial. Los asiduos a la cacería departíamos un cafelillo y una animada charla mientras esperábamos al ansiado personaje importante que como es norma general en ellos se hacia de rogar, cuando apareció en su coche oficial ya teníamos organizado los puestos y demás, los postores, como siempre mi padre y yo, mi padre ponía a los mayores, ayudándoles a subir a las encinas donde estaban situados sus puestos hechos de gruesas ramas, simulando un sillón, aunque menos cómodos, yo dejaba a mis respectivos en sus posturas y como eran jóvenes, ellos se apañaban solitos para trepar a su asiento.

Los postores y después aleadores, mi padre y el que esto escribe quedábamos en un punto, al final de las posturas para ponernos y después comenzar el aleo desde nuestra posición hacia la primer puesto, haciendo de perrillos para desalojar de las matas y malezas los conejos que se resistieran a entrar a las posturas.

Nada mas llegar, mi padre me comento que había sido una odisea el subir al señor gobernador al puesto, primordial y bueno, pero la encina era bastante alta, el señor bastante gordo y hasta me comento que al auparlo, tuvo que sujetarle el culo con la cabeza para que pudiera llegar a acomodarse, por lo que le había chafado el sombrero, cosa que ya empezó a mosquear a mi padre, nos despedimos y quedamos que a las 7 en punto yo abandonaría mi puesto y empezaría el aleo hasta llegar a su postura, donde el se me uniría y juntitos alearíamos el resto, hasta aquí todo bien, pero cuando me dijo que no se me ocurriera tirar mientras aleaba que quería que todos los conejos llegaran a los cazadores y que fuesen ellos los que se divirtieran, no me sentó nada bien, sabia lo espeso de las matas y el montón de pinchos que había en el llano, encima de arañarme y pincharme, no podía tirar, pues malo, malo, pero en fin, acate su orden y me dirigí a mi puesto.

Empezaba el día a clarear, cuando 3 conejillos habían pagado con su vida la osadía de ponerse al alcance de mi vieja paralela, con el sol ya en la calle, fueron 2 los que se sumaron a los anteriores, después no vi ninguno, pero si que oía el montón de tiros que se estaban pegando, la verdad es que se estaban divirtiendo de lo lindo, espere a la 7 y empecé el aleo, 2 conejos corrieron hacia mi padre y los dos dieron sendas volteretas, recogimos 4 mas que tenia y todos juntos los colgamos en una rama alta de una encina para después recogerlos.

No me imaginaba el montón de pinchos que había ese año, a medida que avanzamos mas espesos y pinchantes eran, salían bastantes conejos y las posturas se divertían, unos caían y otros se iban, pero había una postura que no se quedaba con ninguno, la del Sr. gobernador, cuando llegamos a su altura, mi padre me dijo que diéramos bien esa zona que había que quedar bien y tenia que hacer un buen cupo, vuelta arriba, abajo y a los lados, los pinchos nos hacían sangre ya y escocían bastante, pero insistíamos, los conejos, bastantes, le llegaban de todos lados y él invariable los fallaba todos, y eso que tenia 2 escopetas semiautomáticas y el chofer se las recargaba, pero no había manera, no le daba ni a uno, mi padre venga a insistir y hale a dar vuelta sobre vuelta por los pinchos.

Cuando ya teníamos las piernas destrozadas de los pinchos y el gobernador había tirado cosa así de 20 conejos y nada, mi padre, persona seria y respetuosa como el que mas, le grito.-

''Haber el Gilipollas del chaparro, el gobernador, como no le dé a los conejos, se va a venir aquí a pincharse los huevos con los pinchos, que ya esta biennn''

La carcajada fue monumental, uno de mis tíos por poca se cae del chaparro de tanto reírse, el gobernador, como es natural no contesto, para colmo volvió a fallar 1 conejo y mi padre, desesperado ya, finalizo el aleo y ayudamos a recoger los conejos muertos a las posturas, cuando llegamos a la de mi tío, el invitador, le recriminó a mi padre sus palabras, a lo que le respondió, que se diera una vueltecita por los pincho y luego hablara, por la cara que mi padre puso, mi tío no volvió a dirigir palabra. Llegamos al puesto del invitado y el Sr. gobernador había finiquitado 3 conejos, de los 40-50 que le pasaron, mi padre le pidió disculpas por sus palabras y el señor las acepto y le perdono el agravio, aparte de comentarle que llevaba toda la razón que el era cazador nuevo y no le daba ni a tres en un burro, todo quedo zanjado y nos fuimos a desayunar.

Se mataron unos 60 conejos, todo el mundo estaba contento y de lo que mas se hablo en la comida fue de las palabras de mi padre, pero en plan de sorna y sin mosqueos. Al gobernador le toco irse por asuntos suyos y nosotros, los más jóvenes dimos un chanteillo cobrando unos 10-12 conejos más, toda una buena e inolvidable jornada de caza.