La loba y la boina

Munchausen

 

Lo normal es que las historias de lobos se cuenten, por los abuelos a los nietos, en esas largas y heladoras noches de invierno, en las que el viento aúlla más que los lobos, noches que encogen el animo y en las que lo único que apetece es estar sentados acurrucados muy cerca de la lumbre, en este caso solo coinciden los sujetos, un abuelo, el mío, y un nieto, este cuentista que una vez más os larga un par de cuentos, me la contó, por primera vez, hace lo menos cincuenta años, saliendo de comer en la Rana Verde (Aranjuez), una tarde de finales de julio en la que hasta los peces pasaban calor, íbamos camino de Alicante, y de paso a que un famoso oculista que había en Orihuela, el Dr. Ortuño, según me ha refrescado la memoria nuestra foreroamiga Pepper, que es natural de allí, le echara una mirada a mis ojos que siempre me han dado un poco de guerra, el lugar y la hora no podían ser más diferentes de la noche en una chimenea serrana, el asiento posterior de un viejo Bentley, cruzando a la hora de la siesta y bajo un solo de justicia, la inacabable y tórrida Mancha.

Al pasar por un pueblo, no recuerdo cual, vimos el cartel de una tienda de ultramarinos, "Casa Tiburcio", a mi que leía todo lo que se podía leer y algo más el nombrecito me provocó la risa, el abuelo me dijo:

"Conocí a un Tiburcio y desde luego nunca te hubieras atrevido a reírte de él, lo conocí más o menos cuando yo tenía tu edad,, en un pueblo de la Sierra de Francia, donde él había nacido y tenía sus propiedades, era mozo viejo, casi (solo casi) amigo de mi padre, un tipo muy fuerte con fama de fanfarrón y siempre metido en broncas, se contaba que algunas de las cruces que adornan las esquinas de las calles de su pueblo y de otros de la vecindad se debían a su navaja, al menos tres hombres jóvenes habían muerto a sus manos cuando tras salir a "jijiar" a las mozas se encontraban con Tiburcio, que salía a lo mismo pero en busca de bronca, ya sabes hijo que desde que se inventó la pistola esos valientes duran poco, no muchos años después de conocerlo me enteré de que una noche tres hombrecitos de nada, de esos que no tienen media torta, lo esperaron en la oscuridad y lo acribillaron a balazos, aprende que no hay enemigo pequeño y nunca busques camorra por creer que la otra parte es menos fuerte que tu, del tal Tiburcio se contaban muchas historias, si te estas un rato quieto en el asiento y dejas de cotorrear te contaré un par de ellas."

Que el abuelo estuviera locuaz era casi milagro, y que además ofreciera algo a cambio del silencio y la quietud, en lugar de ordenar ambas cosas, otro mayor, por lo tanto le prometí de inmediato el cese de todo movimiento incluido el de "la sin hueso".

"En cierta ocasión, pidiendo limosna, llegó un pobre a la puerta de Tiburcio, andaban limpiando la bodega pues el hombre tenía unas viñas y hacia su propio vino, a Tiburcio no se le ocurrió mejor idea que meter al pobre en una gran tinaja vacía y tras depositarlo en el fondo bajarle un cántaro de vino, una hogaza y un jamón, "Amigo cuando acabes con las tres cosas avisa, antes de que termines, enteritas, las tres ni se te ocurra gritar"
Tiburcio era muy cazador, siempre andaba trajinando por el monte, aprovechaba esos trajines para hacer algunas visitas de esas que molestan a los maridos, en una ocasión, a la vuelta de una de esas visitas, vio como una loba con aspecto de parida se metía en un brezal, supuso de inmediato que la loba tenía la cría en una cueva que él conocía bien, se sentó en una piedra y esperó, oculto y quieto, a que la loba volviera a salir, cuando la vio alejarse se fue derecho a la cueva, como había supuesto allí estaban los lobeznos, eran cuatro, se quitó la chaqueta en ella fue envolviendo a los cachorros, cuando con ella bajo el brazo salía de la cueva, vio a la loba que se le venía como una madre y una fiera, que ambas cosas era, no tenía ni una mala estaca, dejo caer el envoltorio y tras quitarse la boina cubrió su puño derecho con ella, sin vacilar, lo introdujo hasta el fondo en las abiertas fauces de la loba, retirándolo de inmediato tras dejar la boina en el mismísimo garganchón del animal, la loba murió entre horribles estertores, Tiburcio con los cachorros bajo un brazo y la loba terciada sobre el hombro contrario se fue para casa tan tranquilamente"

Abuelo, ¿Eso fue verdad?

Pues dicen que si, así se lo oí contar a Tiburcio, y así lo oyeron otros muchos, cierto es que Tiburcio se presentó en el pueblo con la loba y los cachorros, cierto según dicen que la loba llevaba dentro la boina, y más cierto aun que nadie tenia el valor de llamar mentiroso a Tiburcio, cosa que sin o con boina era muy peligrosa.

Como me lo contaron lo cuento, si doy fe de que mi abuelo no mentía ni exageraba, pero... cualquiera se atrevía a dudar de la palabra de Tiburcio.

A lo largo del tiempo he aprendido que las cosas más inverosímiles pueden ser ciertas y las más creíbles mentira, pero en este caso... mejor dejo a cada uno con sus particulares creencias, es posible que Toño nos transmita su opinión al respecto después de que se lo cuente Loloco, seguro que él tiene alguna verdad lobera tan inverosímil como esta pero cierta ... por lo tanto, quien tenga el valor de subir o bajar a decirle a Tiburcio que era un mentiroso, que levante la mano y tome el camino, yo prefiero dejar la mano quieta y recorrer ese camino lo más tarde posible.