La Nochebuena de Gildo

Munchausen

 

Queridos foreroamigos en estas fechas deseo haceros llegar a todos mi felicitación y mis mejores deseos para un año 2002 lleno de Felicidades, y, porque no, a ser posible también de euros, que los Reyes os traigan por lo menos un saco a cada uno, según os hayáis portado en el 2001, recibiréis el saco lleno de monedas o de billetes, pero no os hagáis ilusiones, he movido todas mis influencias monárquicas, y me han asegurado que el único saco con billetes de 500 euros es para mi, ya os contaré como son y cuanto pesa.

Esto de la Navidad, al menos en mi caso y supongo que en el de muchos de vosotros, esta muy ligado a los regalos de cosas de caza, los Magos me trajeron mis primeras bolsas para cartuchos, mi primer cuchillo de monte, mi primer morral y mi querida escopeta del 28, sin olvidar a Tom, un precioso pointer compartido con mi hermano, que aunque salió bueno, nos duró poco, pues se empeñaba en bañarse en enero y se agarraba cada pulmonía de órdago, últimamente las cosas se las traen a mis hijos y los Reyes Magos somos la parienta y yo, que reinar no reinamos casi nada, pero magia si que tenemos que hacer alguna, quizá el ultimo regalo de caza importante, que recibí por Navidad, fue hace 10 años, un chisme alemán, que mete mucho ruido, es oscuro, largo y con la parte inferior llena de botones, llegó a casa el día de Reyes, se llama "Birke", a los pocos meses, esta había dejado de ser "nuestra" casa, para convertirse en "su" casa, y así seguimos, gracias a Dios nos deja vivir en ella y por el momento no nos cobra renta.

Algunas de las Navidades más entretenidas, las pasé en una finca de mis abuelos paternos, en donde nos reuníamos gran parte de la familia, y por supuesto varios primos de más o menos la misma edad, lo único un tanto fastidioso, era que la abuela se empeñaba en invitar a algún sacerdote, y para sacarle rendimiento, nos tenía a misa diaria y rosario de propina, recuerdo, entre otros, a tres jesuitas, el P. Gómez, zahorí, especialista en marcar pozos en sitios insospechados, algo cazador y bastante buen jinete, el P. Villamil, cultísimo, encantador, dirigió la Universidad Laboral de Gijón, todo un dandy y mi maestro en el poker, murió en accidente de moto y lo sentí de verdad, el P. Nieto, enciclopédico, con 50 años de misionero en China a sus espaldas, mantenía que Dios solo se había equivocado en el diseño de un animal, el burro, le había colocado la panza hacía abajo y ese espinazo, cual serrucho, hacía arriba, si hubiera acertado, cambiando las posiciones de ambos elementos, sus miles de kilómetros, montado a pelo, por los caminos de la inmensa China, hubieran sido menos dolorosos, lo mismo hasta tenía razón, pues la verdad es que un fallo lo tiene cualquiera; también recuerdo a un carmelita, por lo comodón supongo que calzado, bastante menos versátil y más protestón, en un momento de gazuza, buscó apoyo en mi padre, y así como quien no quiere la cosa, le dijo "Sabe usted, existe un dicho muy cierto, si quieres matar a un fraile, quítale la siesta y échale de comer tarde", mi padre, bastante parco de palabras, le respondió: "Fray Rafael, espero que este usted a bien con Dios, porque si eso que dice es cierto, en esta casa ya puede usted darse por muerto".

La iglesia, era un ermita preciosa colocada sobre una loma y dominando un mar de encinas y alcornoques, la había mandado construir la abuela y naturalmente estaba dedicada a San J., nombre que muchos de la familia hemos heredado del abuelo, cuando la abuela acabó con el presupuesto estaba prácticamente terminada, pero faltaban los bancos, el abuelo había decidido cerrar el grifo del dinero destinado a fines eclesiásticos, y de ellos se tuvo que encargar Gildo, el herrero y carpintero de plantilla en la finca, desde ese momento se auto-ascendió a ebanista y como tal permaneció el resto de su vida laboral, era todo un personaje, muy cazador, buena gente, nervioso, hiperactivo y totalmente reñido con la ergonomía y el equilibrio, él era muy pequeñito, su mujer le duplicaba en altura y le triplicaba en peso, para hacer los bancos se tomó él como patrón, naturalmente los dejó que no había posibilidad alguna de arrodillarse, aunque eso tuvo la ventaja de permanecieran como nuevos durante muchísimos años.

Las misas en esa ermita, tenían su aquel, especialmente la del Gallo, después de la cena de Nochebuena, nos reuníamos con los empleados y sus familias, en la finca trabajaban y vivían como setenta empleados fijos, tomábamos los turrones, llegados directamente desde Alicante en cajones, y las copas y a las doce a la ermita, a la Misa del Gallo, los abuelos habían resuelto el problema del arrodillado con un par de reclinatorios, los demás procurábamos no arrodillarnos, para evitar tener que acordarnos de los padres del bueno de Gildo; aquellas gentes tenían poca costumbre de trasnochar y menos de asistir a misa, lo que unido a las copas previas y la cena mas copiosa de lo normal, se traducía en un concierto de bostezos, resoplidos y algún que otro sonoro ronquido, para eso si eran buenos los bancos de Gildo, si llegan a ser cómodos se duerme hasta el cura, con cada familia entraba su perro, o sus perros, allí estaban "Gamito", el medio pointer de Ángel "El Cololo", el larguirucho feo y falso cojo de Faustino, "Tarzán", un pastor alemán de Francisco el de la panera, "Copas" el alano de Serafín "El Barriguilla", "Cañita", la bóxer atigrada, de Santiago el vaquero, que sabía torear como Joselito y que como él murió en los cuernos de un toro, "Chato", el cruzado de mastina con bóxer, de Valentín "El Trebolín", fuerte, desagradable y hasta peligroso, más o menos como su amo y varios más, cada uno junto a los suyos, sin que nunca, que recuerde, dieran especial guerra, ya empezada la misa, solían entrar, tras empujar sonoramente la puerta, "Leal", al que años más tarde y ya muy viejo destrozaron los lobos, y su parienta "Corbata", toda una niñera, que salvó la vida al primo Jesús, sujetándolo por el "baby" cuando se deslizaba por un terraplén hacia el rió, lo mantuvo colgando sobre el vació, sin fuerzas suficientes para izarlo, pero si para mantenerlo, quizá durante diez minutos hasta que a los gritos del niño llegaron refuerzos, ambos mastines, con destino en la casa principal, conscientes de su rango, avanzaban impertérritos entre la masa de somnolientos fieles y dormidos canes, ocupaban su sitio y se tumbaban, haciendo sonar las carlancas contra el suelo, al lado de los abuelos, cerquita del altar, la generalidad de los sacerdotes veía el tema de la feligresía canina con indiferencia o, en muchos casos, con total simpatía, pero Fray Rafael, como siempre, tuvo que objetar, el abuelo arregló el tema con brevedad, "No creo que a Dios le molesten estos perros, a mi mujer y a mi tampoco, si le molestan a usted no hay ningún problema, sáquelos", naturalmente los perros se quedaron.

Pues bien, todo este preámbulo tiene un entronque con lo cinegético, pues lo que os voy a relatar sucedió, siendo yo bastante niño, en una Nochebuena, quizá en la del 51 ó 52, Gildo, con su habitual gusto por las desproporciones, le había comprado a un contrabandista portugués, una escopeta del 12, una espingarda caçadeira en el idioma luso, que era una autentica espingarda en cualquier idioma, larga como día sin pan, la legalizó gracias a un amigo guardia, verlo tan bajito y con aquel trasto tan larguísimo, era gracioso, pero él aseguraba que con ella hacía unos tiros estupendos; aprovechando la tranquila tarde previa a tan señalada noche, cogió la del 12 y se arrimó a una charca, con la intención de darle un disgusto a alguna liebre, como muchos hombres del medio rural, era partidario de los perdigones gorditos, vamos que cualquier cosa mas fina que el 4 le parecía mostacilla, la espera se dio mal, ya estaba bien oscuro y con la niebla cerrándose sin que hubiera aparecido nada tirable, se marchaba, cuando vio un gran bulto entrar al agua por el lado opuesto, sin pensarlo ni dudarlo, apretó ambos gatillos al tiempo y le largo los dos tiros, y ... del bulto surgió un alarido horroroso, ni humano ni animal, sencillamente sobrecogedor, un estertor, un chapoteo y el más absoluto silencio, a Gildo se le helo hasta la ultima gota de sangre, en esa época y a esas horas ya tendría alguna helada previamente, soltó la larguísima escopeta y salió corriendo como un poseso.

Cuando llegó a las casas casi no podía hablar, solo balbuceaba: "He matado a un hombre o a un burro" y de ahí no lo sacaban, lo arroparon, le dieron un vaso de leche caliente con un buen chorro de Tres Cepas, mi padre, pertrechado con una linterna del ejercito norteamericano, que se había mercado en Londres, en medio de los bombardeos alemanes y que cuidaba como oro en paño, seguido por media docena de hombres, con escopetas y faroles, lo acompañaron de nuevo hasta la charca, pero la niebla estaba muy cerrada, llegaron hasta ella a duras penas, no se veía ni oía nada, no encontraron ni la escopeta, el regreso fue difícil y tenebroso, el pobre Gildo pasó la peor Nochebuena de su vida.

Los que tenían edad para ello, andaban preocupados, aquella noche en la cocina y su entorno, todo eran conjeturas, tres eran las opiniones con mayor apoyo, la de Juan, el chofer, pragmático y algo maledicente, lo que se encontraría al día siguiente, tiesa como un garrote, sería una vaca, a la que Gildo le había pegado los dos tiros confundiéndola con su mujer y creyendo que iba a buscarle, la de Pepito Cascas, el mozo de comedor, como había desempeñado su oficio en el cuartel general de Franco, siendo el único que sirvió los cafés y las bebidas a Sangroniz, al almirante alemán Canaris y al conde italiano Ciano, en las reuniones previas a la entrada de Alemania e Italia en la Guerra Civil, se le había contagiado de esa proximidad al mundo de las tramas internacionales un cierto retorcimiento mental, y opinaba que el cadáver que se encontraría sería, sin duda ninguna, el del Sr. Ze, de Caldas de Monfortinho, el mismo contrabandista al que había sido comprada la escopeta con la que se habían efectuado los disparos, y finalmente la que contaba con más predicamento entre las féminas, la mantenida por Paulina, la vieja doncella de la abuela, gran aficionada a terminar cualquier botella que llegara empezada y mayor consumidora de Viña Tondonia que la abuela y el abuelo juntos, para ella no existía la menor duda, nada se encontraría en la orilla de la charca, como mucho alguna huella de pies descalzos y algún jirón de lienzo blanco, toda la carga de ambos cañones la había recibido enterita La Santa Compaña, al empezar una de sus rondas, por eso aquel alarido espantoso y sobrehumano, el Sr. Gildo estaba sentenciado, de Carnaval no pasaba, el mismo sacerdote, aunque totalmente ajeno a la rumorología, al final de la Misa del Gallo, pidió por el buen fin del esperistico asunto.

En la mañana del día de Navidad, y en cuanto la niebla lo permitió, se organizó una verdadera procesión hasta la charca, Gildo, casi en volandas, era llevado del brazo por los guardas Ángel y Faustino, iba muerto de miedo, repitiendo sin parar la cantinela del hombre o el burro, pronto vieron la corcha sobre la que había estado sentado y cerca de ella el escopetón, al otro lado, y casi en la orilla, estaba el cadáver de un lobazo macho enorme, tenía seca la mano izquierda, recuerdo de un postazo viejo, Gildo lo había dejado hecho un colador con sus perdigones del 4, cuando lo sacaron, a pesar de estar chorreando y medio congelado, se abrazó a él, llorando como un niño, lo abrazaba lo besaba y le daba las gracias por ser lobo, que no hombre, ni burro, que en aquellos tiempos y circunstancias eran cosas de importancia muy pareja, el regreso del día de Navidad fue muy diferente del de la Nochebuena, mucho más ruidoso y alegre, en poco rato pasó de procesión a romería; Gildo continuó cazando, pero nunca volvió a hacer una espera, solo con que se lo propusieran se ponía enfermo, cuando se jubiló, muchos años después, mi padre dirigía esa explotación, le regaló una herramienta de bronce inglesa y antigua preciosa, un diamante para cortar cristales, había pertenecido a su padre, yo lo conservo, en un cajón de mi despacho, envuelto en el mismo papel de estraza atado con unos cordelillos con el que se lo entregó, cuando lo veo no puedo evitar acordarme de Gildo, de la dichosa espera y de aquel lobazo, colgado de una encina por las patas traseras, a la puerta de casa, fue el primer lobo que vi y muy probablemente gran parte de mi "Lobitis aguda y crónica" se la deba a él, y a lo que me impresionaron su tamaño y el de sus colmillos, que muy cautamente y no sin cierto miedo, inspeccionamos detenidamente una buena caterva de chiquillos, cuantos miedos nocturnos habrá protagonizado el dichoso lobo de la mano seca, empezó con el de Gildo y continuo ... pues porque no reconocerlo, hasta con alguno mío y solo Dios sabe cuantos más, del resto de los cofrades inspectores de lupinas dentaduras.

Vaya un royo eclesiástico, cinegético y navideño que os he largado, pero al menos estaréis de acuerdo, en que como "christma" vulgar y corriente no es, si es la forma y manera en que un contador de cuentos, como soy yo, os felicita cariñosamente las Pascuas, os desea un Magnifico año 2002 y buena caza para todos, Munchausen.