Malave

Munchausen

 

Le dedico esta historieta, que por mor de no herir susceptibilidades, que andan muy a flor de piel, os diré, que toda ella, es un invento mío, de cabo a rabo, o de quilla a perilla, que diría Kachi, en la mar, a mis amigos foreros Nacho, Aldo y Fernando Loureiro, ese malvado portugués, que le tuvo que preguntar a su suegro, español, cual era la traducción del rotundo y españolismo "coño", al portugués, y nos descubrió que era "cono", palabreja que tiene connotaciones más insultantes en su lengua vernácula que en la nuestra, al parecer, FL tenía un cierto "desconocimiento", pero su señor suegro "conocía" incluso en portugués, a costa del dichoso "cono", organizamos una divertida tertulia en el chat, y Aldo me ha pedido que os hable de ella, como me parece una provocación, por su parte, lo haré, pero con estas dos preguntas, tan ligadas al tema del "cono", como a la mar, ¿Aldo, cuales son estas dos partes de un buque de guerra, "El condón del obispo" y "El tapacoños"?, curiosamente ambas las llevan todos los navíos de guerra, desde hace muchísimos años y desde los buques escuela, a vela, a los portaviones, a propulsión atómica, te dejo pedir ayuda a FL y a su suegro, que ya sabes la cantidad de "conocimientos" que acumulan.
Pasemos a la historieta, la tenía medio enjaretada, en el momento en que tocamos el tema de los coches todoterreno, y Nacho contaba lo de los caballos de verdad, después vino el tema de las Torres Gemelas, en lo mundial, y muchas broncas en el foro, en lo particular, y se me fue gran parte de la inspiración, vamos que no estaba el horno para bollos, pero aquella intervención de Nacho, me provocó nostalgia, el campo se debe ver y recorrer a caballo, son la altura y la velocidad perfectas para ello, y las sensaciones son diferentes, hasta los olores y los sonidos, además la caza, y la fauna en general, te deja llegar con mayor facilidad, tengo muchas horas a caballo, y naturalmente algunas han sido para cazar, otras corriendo liebres y otras, maravillosas, cazando, desde el caballo, pero con escopeta, por desgracia me parecieron pocas o quizá es que lo fueran.
Los caballos, en casa, pasaban por las manos de un guarda en dos momentos de su vida, de potros recién domados y de viejos cuando perdían facultades, de potros, porque una de las cosas que mejor pone y tranquiliza a un caballo de campo, es la función de un guarda, mucho paseo, algún galope corto y mucho trajinar, pero sin esfuerzo, y especialmente abrir y cerrar porteras, uno de los ejercicios que más movimientos de doma exigen al caballo y cuya utilidad él comprende de inmediato, de viejos porque un guarda no necesita más, y el caballo prolonga su vida varios años en ese tranquilo oficio.
"Malave", era un arabito puro, tordo vinoso, con clase, pero con buen carácter, su nombre verdadero, todo un derroche de ingenio por parte de su padrino de bautizo, era "Árabe", pero con esa facilidad que en el medio rural existe para deformar los nombres mas sencillos y añadir un "el", cambiaron, "El Árabe" por "El Mal Ave", apocopado de inmediato en "Malave", y la verdad a mi me parece que fue un cambio a mejor, y como tal lo conocí, durante mas de veinte años, fue todo un caballo de muestra, no tanto como un pointer, pero casi casi, tuve la suerte de cazar con y desde él; su mentor era Faustino, guarda en casa de mis abuelos, cazador, mujeriego y vago, todo ello en grado superlativo, en aquella época las torcaces entraban a miles y eran capaces de comerse una montanera, los guardas andaban unos con escopeta, y otros con cohetes, metiendo ruido, para espantarlas, especialmente al anochecer, Faustino era de los de escopeta y no tiraba solo para meter ruido, y no lo hacía solo a las palomas, le conocí, tres o cuatro perros, a cual más feo, el más extraño, el último, que además caminaba siempre cojeando de una pata, pero no de una determinada, tenía su ritmo, cada diez minutos, más o menos, cambiaba de pata, yo creo que lo hacía para mantener siempre una descansada, todos sus canes reunían dos condiciones, eran altos y cobraban hasta la Contribución, como Malave era bajito, una combinación perfecta, Faustino disparaba, el feo de turno cobraba y llevaba la pieza, hasta Malave y su jinete, se ponía de manos al costado del caballo y entregaba sin el menor esfuerzo para el humano.
Para evitar que el caballo y el perro se desentrenaran, cuando no había torcaces, Faustino cazaba durante todo el año, todo menos perdices, pues eso le hubiera costado el empleo, si cazaba una pitorra él o cualquier otro guarda , esa era para el abuelo, aunque no estuviera en el campo había que hacérsela llegar, y la Pony Express particular, que el abuelo tenia montada al efecto, funcionaba como un reloj; a base de vueltas y tiros, Malave aprendió una barbaridad de caza, la veía, la oía y la olía, se paraba, bajaba la cabeza y extendía el cuello en dirección a la pieza, casi siempre liebre o conejo, aunque también me hizo cobrar palomas, tórtolas, algún sisón, y, como yo tenía bula, bastantes perdices, no movía un músculo, era una estatua hasta que se producía el disparo, después levantaba la cara y sacudía la cabeza, estaba claro que los disparos le molestaban en los oídos, pero los aguantaba.
En las ocasiones en que acompañaba a mi abuelo o a mi padre, a esa finca, intentaba apropiarme de Malave y su inseparable acompañante canino, si lo lograba, terciaba la escopeta sobre las piernas, dejaba la cara del caballo casi suelta y él salía, tirando airosamente el mosquero de oreja a oreja, marchando en zigzag y buscando los matones y rincones más querenciosos, era fantástico, recorrías el triple de terreno en la mitad de tiempo y además no te traicionaba la posición bípeda, de pronto notabas un ligero temblor bajo tus posaderas y de inmediato un parón en seco, los jinetes no pueden ser sordos del culo o van al suelo, estiraba el pescuezo y se quedaba fijo en un punto, un suave talonazo dos pasitos de Malave y liebre o conejo que salía arreando, tiro desde lo alto, facilón, desde posición dominante, y el cobrador que salía y volvía con la pieza, te la entregaba, la apiolabas, si era apiolable sino a la alforja de cuero que pendía a ambos lados de la concha, la colgabas de la montura y vuelta a empezar.
Si en un momento determinado, le recogías de la boca y le dabas un par de talonazos más fuertes, Malave abandonaba esa caza y comenzaba otra, que te permitía conocer la vida amorosa de Faustino, te llevaba directamente a la cortijada o caseta, en la que el susodicho tuviera su ligue de turno, y allí, sin temblor previo, se paraba y piafaba sonoramente contra las piedras de la entrada, hay que reconocer que entre sus virtudes no estaba la discreción, pero gracias a Dios, la "seña Chaga", casta esposa del poco casto Faustino, no era nada partidaria de los paseos a caballo.
En una ocasión, Faustino tenía localizado un "barbón", magnifico, al que había confiado, pasando, cuatro veces diarias siete días por semana, y comiéndole unos metros en cada pasada, cuando me lo contó lo tenía ya "maduro", y esperaba mi llegada para que yo le diera la última pasadita, me apunte al primer viaje que pude y montado en Malave, y con una Ugartechea, de mi padre, cargada con..., digamos que perdigones muy gordos, me fui acercando a la loma, desde la que el avutardo lo dominaba todo, Malave hacía el camino como dormido, así como quien no quiere saber nada de su entorno, aunque estoy convencido que uno de sus ojos estaba clavado en el barbón, cuando comencé a levantar la escopeta, el pájaro se malicio la que le venía encima e intento meter alas a toda prisa, Malave se clavó y yo le largue los dos tiros al ave, cuando ya volaba, aunque bajito, la alicorte y entonces comenzó un sainete, el cobrador intento cumplir su misión, pero el barbón no estaba dispuesto a ponérselo fácil, salió tras el perro y le pego dos picotazos que le hicieron olvidar todas sus cojeras, paso de caminar a tres patas a correr que parecía tener dieciséis, yo intenté pararlo, cruzándole por delante el caballo, y en un instante me vi rejoneando un macho de avutarda, muy, pero que muy, molesto por el trato que le habíamos dado, que medio corría medio volaba intentando alicortarnos a nosotros, Faustino, que aquel día montaba mi yegua, intervino, con su "cachaba", por la espalda del barbón y le soltó dos palos que dieron con él en tierra, pero la cosa no termino en eso, de atar el pájaro, en la montura de mi yegua, ni se podía hablar y Malave, después de la experiencia, decidió que en la suya tampoco, total que salimos caminando hacia la casa, turnándonos, uno con los caballos y las escopetas, y otro con el avutardo, el valeroso cobrador nos precedía a una distancia mucho más que prudencial y con las cuatro patas perfectamente preparadas para cualquier evento, y así pues más o menos seis kilómetros, a mi no me hicieron ninguna ilusión, pero la retahíla de tacos y maldiciones que iba soltando Faustino, fue de antología, estaba convencido que el hombre, especialmente de cintura para abajo, estaba construido para montar sobre algo, no para caminar sobre la tierra y mucho menos cargado con un pajarraco como aquel, la verdad es que yo menos machista, y con menos éxito con las féminas montaraces que él y además con el trofeo recién cobrado, no podía remediar el reírme de sus protestas, pero el tío me juro que nunca me haría cazar otro barbón, y lo cumplió, menos mal que tuve, pronto, un 264 W. Mg, y con su ayuda pude suplir la de Faustino y el caballo, cobrando algún barbón más.
Malave acabó su vida, muy viejo, suelto en un prado, en agradecimiento a sus muchos años de servicio y especialmente a su ultima intervención laboral en la finca, estaban trabajando en la recogida del algodón casi un ciento de personas, la mayoría mujeres, cuando se produjo una pelea de toros, en una ganadería vecina, el perdedor se metió en el regadío, sembrando el lógico pánico, el capataz armado con una simple mata de algodón le hecho dos ... esos y logro hacer el primer quite corriendo al toro por la cara y dándole en ella con la mata, tuvo la agilidad de poder saltar a un canal de riego, cuando el toro le comía el terreno, Faustino logró montarse en Malave, ya algo reumático, pero con ese corazón que tienen los caballos de su raza, saco fuerzas de flaqueza y se llevo al toro pegado a la grupa, la cosa estaba casi salvada, cuando una pobre mujer, por cierto FL, portuguesa, perdió los nervios, salió corriendo y gritando, el toro dejo el caballo y se fue a por ella, Faustino y Malave, ambos algo viejos y achacosos, supieron estar a la altura de las circunstancias, volaron más que corrieron y se metieron entre la mujer y el toro, y naturalmente llegaron las cornadas, una en un anca, tremenda, y otra, un puntazo profundo tras el brazuelo, pero no se entregaron, el toro ciego con el caballo se olvido de la mujer y tirando de él y esquivando gañafones se lo llevaron hasta donde los bueyes y los vaqueros de su finca de origen, que venían a toda velocidad, lo pudieron arropar y salvar la situación, Faustino le metió a Malave la camisa en la herida del anca, y una de aquellas señoras le dio un cosido como pudo, por suerte el veterinario estaba en la finca y la cura fue mejorada rápidamente, el caballo se salvó, a duras penas pero se salvó, aunque quedo irremediablemente cojo, el abuelo ordenó quitarle las herraduras y soltarlo en un prado, cuidándolo hasta que muriera de viejo y así sucedió; Faustino, desgraciadamente, murió antes que el caballo, pero también en la finca; el toro tuvieron primero que cambiarlo de dehesa y finalmente pegarle un tiro, una y otra vez intentaba volver a meterse donde no debía y se arrancaba a todo y a todos.