La Mona

Munchausen

 

Soy un mero amanuense, un "escribidor" o como queráis llamarlo, por lo tanto debo empezar haciendo la semblanza del narrador y propietario de ese acervo enorme de conocimientos de monte y caza, que era Rafael, cordobés, pausado, tranquilo y observador como él solo, hijo del guarda mayor de Mezquetillas, con los Calvo de León, y fue a su vez el guarda de toda la vida de Santa María de Los Ángeles, de José Gamero Cívico y María Osborne, algunos, como Manuel Hunter36, posiblemente lo recuerden, otros, más nuevos, habrán oído hablar de él; por ser considerados gente de derechas, vivió, junto con su padre huido en la sierra desde 1936 hasta 1938, menos mal que la conocían como su bolsillo y cazaban lo que querían, después pasó unos años, en Mezquetillas, acosado por "los maquis", al anochecer y todavía con luz, padre e hijo, con unas mantas y un rifle cada uno, salían hacia un alcornoque, siempre diferente, y se subían a él, cuando estaba bien oscuro se cambiaban de alcornoque, varias mañanas vieron huellas inequívocas de que los alcornoques del anochecer habían tenido visita nocturna, en esa dura escuela se formo de mozo y aprendió de bichos y de monte, cuando tuvo edad para ello se coloco de guarda en Santa María y allí paso la vida y allí lo conocí.

Una tarde preciosa, de ese otoño de Hornachuelos en que el monte es todo vida y color, nos sentamos en un tronco caído dominando una barbaridad de terreno y especialmente unos postueros verdes muy cerca de lo espeso y muy atractivos para las reses, saque los pitillos y le ofrecí:

Gracias no fumo

Hombre Rafael, dirá usted que no fuma de día, porque estas noches pasadas cuando salíamos a dar una vuelta, le pegaba usted buenos chupetones al Farias.

Pues no J. no fumo, ni de día ni de noche, como no fuma ningún bicho del monte y esto, igual que lo sabemos tú y yo, lo saben todos los furtivos, y la verdad es que me gustan menos las postas que el tabaco, y puestos a elegir pues el Farias y que dure mucho rato.

Coño Rafael, entre sus historias y sus mañas creo que es usted lo más espabilado que se pasea por estas sierras.

No lo creas, lo más espabilado del monte son las hembras viejas, sean de la especie que sean, desde las perdices a las ciervas o las lobas lo mismo da, mira, una perdiz vieja hace desconfiados a sus pollos, les enseña a andar por lo tapado a vigilar las sombras, y cuando llega la noche les obliga en cuanto pueden a dar un solo vuelo, el de no dejar rastro en el suelo y los hace aterrizar en medio de un chinarral, allí en donde el juanico (zorro) más cuidadoso no puede llegar sin dar ruido, esos pollos tienen muchas más posibilidades de vivir que los de las jóvenes descuidadas y además aprenden y después enseñan.

Y las jabalinas y las ciervas Rafael hacen lo mismo.

Hombre J., lo mismo no, que no vuelan, pero si más o menos lo mismo, cuantas veces has oído que los venados viejos son muy listos.

Pues un montón de veces Rafael, muchísimas.

Pues es mentira, son los venados listos los que llegan a viejos, y esos venados son listos porque son hijos de cierva lista, que ha llegado a vieja, y les ha enseñado a ser desconfiados y como serlo.

Mira esas reses saliendo al postuero, ves esa jovencita atontá como sale seguida por su cría y sin mirar para ningún sitio, mira sin embargo aquella vieja, lleva diez minutos clavada en la orilla del monte no deja salir ni a su gabato ni al vareto del año pasado que la acompaña, cuando el claro este medio lleno, veras como aprovecha que alguna pase a su lado para salir ella y los suyos sin que se note que lo hacen.

Esperamos un rato y así fue, de repente había tres reses más en el claro, estaban amparadas en el grupo y cerquita del monte, una espabilada la puñetera cierva, a instancias de Rafael me levanté y tosí, la vieja dama encabezó la huida, todas las demás en fila india la siguieron sin vacilar, lo hizo buscando los apretados del monte y de pronto ... me di cuenta que la tipa se ajustaba en su marcha a las curvas de nivel del terreno y se amparaba en ellas, ¿Dónde habría estudiado para ingeniero de caminos?, se lo hice notar a Rafael, sonrió y me dijo:

Esa es de la escuela de "La Mona", lo mismo es hija suya, vamos casi seguro que lo es, quien mate una cierva de esas le hace mucho mal a la finca.

¿Quién es "La Mona"?

"La Mona", era una cierva más vieja y más conocida que la carretera de Hornachuelos a San Calixto, lo mismo tenía 18 que 20 años, y paría todos uno tras otro, tenía la cara casi blanca de cana que estaba y las orejas caídas, era inconfundible, lista como ella sola, de mi ni se espantaba aunque tampoco admitía confianzas, estoy seguro que en alguna ocasión me utilizó a su favor, mejor dicho en varias, aunque solo en una de ellas pude comprobarlo, volvía hacia casa montado en el mulo en una tarde mala de invierno, cuando vi que "La Mona" y otras tres o cuatro ciervas con sus gabatos se me acercaban, lo hacían como quien no quiere la cosa, pero se acercaban, si caminaba ellas lo hacían, si me paraba se paraban, me apee y me senté a la vera de un camino, me estuve fijando en lo que hacían, prácticamente me rodearon, estaban nerviosas y especialmente "La Mona" con las narices muy abiertas, no quitaba la vista de un punto, las deje estar hasta que tal como habían venido se marcharon, se les quitaron los temblores de los ijares y poco a poco se fueron en dirección contraría a la que yo traía, arranque de nuevo pero buscando lo que intuía más o menos que iba a encontrar, y lo encontré muy pronto, en el camino, la cruza de dos lobos, menuda tipa lista que era la vieja cierva.

Que fue de ella Rafael, ¿Lo sabe?

No, no lo se, en alguna noche de helada se quedaría como un pajarito, pero no he acabado de contarte sus cosas, te faltan las mejores, en aquellos tiempos las rehalas, que dormían en los corrales de la casa la noche antes de las monterías, subían a pie desde Hornachuelos, La Mona, debía instalarse vigilando la carretera, en cuanto las veía meterse por el camino de la finca, salía arreando con su cría y la del año anterior, cruzaban el Bembezar y no paraban hasta verse lejos de la orilla, se pasaba unos días, pocos, deambulando por Las Mesas y La Aljabara, y volvían a su casa, aquí había pasado el peligro, allí estaría a punto de empezar, y esa maniobra un año y otro y otro, así hasta que un año ... las rehalas vinieron en camión y en la misma mañana de la montería, y La Mona se vio pillada, con las rehalas todavía en los camiones entre ella y el Bembezar, pero ... La Mona, tenía salidas era una cierva con recursos, se fue derechita al peligro, Don Virgilio, el capellán, y yo la vimos cuando se metía seguida por su gabato por la puerta pequeña del jardín, esa que da a la trasera de la casa, y allí, en un rincón, prudente y cómodamente acostados pasaron la montería, la señora prohibió que nadie la molestara, alguien sin mala intención pero por curiosidad podía haberlo hecho, por la noche desaparecieron los dos, al cabo de pocos días se la volvió a ver tranquilamente por la finca, pero aquel fue su ultimo invierno; si algún venado puede tener posibilidades de llegar a viejo, tiene que ser hijo de una cierva de la clase y la escuela de La Mona, por eso si quieres tener buenos venados nunca mates ciervas viejas.

Estoy seguro que Rafael os hace este regalo de su sabiduría cinegética encantado, yo me limito a deciros que lo transcribo con todo mi afecto y espero que alguno le saque utilidad en su coto, y otros se acuerden de él cuando vayan a uno de esos imprescindibles quizá, pero disparatados cinegéticamente hablando, descastes de ciervas tirad a las crías y a las nuevas gordas, dejad a las viejas y a sus gabatas en paz, y si se van... que se vayan.