¿Por qué a mí?

Padrillo

 

Después de muchos sueños y ahorros, por fin llegó el soñado día de volver a Yukón pasados cinco años de mi primera vez. La ilusión era intentar cazar el carnero de Stone, además llevaríamos la licencia de oso grizly, oso negro, lobo, caribú y glotón por sí se llegaba a dar el caso.

No sé cómo explicarlo, pero me encanta Canadá: sus extensiones enormes, sus montañas, su gente y sobre todo sus animales, denotan una autenticidad que es lo que me hace volver y volver en cuanto tengo algo de tiempo y cuatro (a veces alguno más) duros. Desconozco por ejemplo la caza en África y supongo que en cuanto pruebe también me enamorará pero... bueno, desde niño siempre me ha encandilado la idea de pasearme por esos inmensos bosques canadienses, de hecho, mi primera experiencia de caza en el extranjero como no podía ser de otra manera, fue a Terranova.

Así es que después de preparativos diversos, mi amigo Oscar y yo, nos fugamos al Yukón con el objetivo de cazar el Stone. Salimos el 28 de Agosto pasado desde Barcelona a Londres, para volar a Vancouver donde pasamos noche, y a la mañana siguiente llegamos a Whitehorse (capital de Yukon). Nos recibió nuestro común amigo Jhoany, persona encantadora dónde las haya y gran pescador (aunque lo hemos enviciado, y se está convirtiendo en un gran cazador). Después de instalarnos en el hotel, fuimos al campo de tiro a probar los rifles. Eso si que es un campo de tiro, por que entre otras cosas, puedes disparar hasta la distancia de 600 metros, que aunque no es recomendable hacerlo en un día de caza, si recomiendo hacerlo para saber lo que hace nuestro rifle a esas distancias.

Al día siguiente, madrugamos y fuimos a Haines (Alaska) a pescar salmones, alquilamos un barco y nos pasamos todo el día disfrutando con los salmones, sacamos varios Kings enormes y también algún que otro chinook. Cómo luchan los condenados. Regresamos a Whitehorse por la noche. El siguiente día, lo dedicamos a ir de compras (me olvidé en casa el chubasquero) y a preparar el equipaje para el transporte en hidroavión, es decir, nada de maletines porta armas y nada de maletas enormes, y ah!!! ojo con el peso, que si te pasas, sencillamente... no vuelas. Así es que a eso de las diez de la mañana, despegamos desde el río Yukón rumbo al sur, y después de un par de horas, llegamos a un lago precioso, en el que nos recibieron Wes (mi guía) y Bony (su mujer y "cocinera").

Dejamos las bolsas y sacos y en cinco minutos ya estábamos en medio del lago, embarcados en una barquita de aluminio con un fueraborda y peleándonos con las Laketrouts (truchas enormes de lago) y los pikes (lucios), sacamos un montón de truchas de las que nos quedamos sólo con tres (de unos cuatro quilos cada una) para la cena. Cuando nos cansamos regresamos al campamento y Wes nos prestó un 22 de cerrojo, que usamos para cazar media docena de grouses (perdices) en poco tiempo. De hecho, nos entró prisa por regresar al ver unas huellas muy frescas de un oso grizly de buen tamaño, que recién se había paseado por la zona. Ya por la tarde llegó Yak, dueño de la compañía de caza, con su hidroavión y se empezaron los preparativos para a la mañana siguiente, tomar los caballos e ir al campamento en el que íbamos a vivir durante 12 días. Salimos como a las diez de la mañana y después de 8 horas de caballo, llegamos a un lugar de ensueño, rodeado de montañas, lagos y ríos.

Montamos una tienda nueva, ya que la que había fue destrozada por un oso, y salimos a dar una vuelta a ver qué veíamos. Subimos a un mirador desde el que poder ver las montañas próximas y practicar el "glasing", que no es otra cosa que: culo en el suelo y prismáticos en la cara, y a buscar¡¡¡ Localizamos unos 15 caribús, y dos grizlys que no nos parecieron grandes. Regresamos y nos secamos al calorcillo de la hoguera, por que cayó un aguacero de espanto. Por la mañana y después de tres horas de "Sam" (mi caballo) llegamos a un valle y "ala parriba", subimos a una carena, en la que habían localizado un rebaño de Stones, tres o cuatro días antes. Una vez en lo alto, fuimos asomándonos con mucho cuidado, para ver si en ambas pendientes descubríamos los carneros, y fue como a eso de las 11 cuando Yak los vio. Estaban como a unos 800 metros de distancia y se trataba de un grupo de 7 machos, de los que destacaban tres. Increíble, el primer día de caza y los teníamos ahí mismo. Oscar y yo enseguida planeamos cómo entrarles pero Yak, por precaución nos dijo que lo mejor era esperar al atardecer ya que normalmente suben para pasar la noche. Acatamos sin rechistar, su consejo-orden y esperamos y esperamos, pero los carneros en vez de acercarse, iban ramoneando y cada vez se alejaban más. Se hizo tarde y nos marchamos, dejando tranquilos a esos imponentes animales. Llegamos a los caballos ya de noche y... empezó la aventura, ya que cabalgar (bueno eso de cabalgar... digamos que los dos nos subíamos encima de la silla y el tema era no caerse) de noche y atravesar esos frondosos bosques tiene... bemoles, ya que cada cinco minutos nos podríamos haber escalabrado como tres veces. Pero llegamos sin ningún percance. Cenamos y nos ensacamos, ni que decir tiene que aunque ambos estábamos rotos, nos costó dormirnos al tener en mente la visión de los 7 carneros.

Nos despertaron a las 4'30h, desayunamos y al ataque otra vez, pero ésta vez el trayecto a caballo y la subida se me hizo muy corto. Nos asomamos y... no estaban nuestros amigos, estuvimos buscándolos y nada, que no aparecían. Nos repartimos las montañas, cada uno los buscaría y luego nos encontraríamos, así lo hicimos y nada, empezaron las suposiciones: quizás los lobos los han hecho correr, quizás un oso, ¿dónde coj... pueden estar? En fin que los disgustos con el estómago lleno son menores, así es que echamos mano a los bocatas, y claro está, después de comer y como buen español... siestita al canto. En eso estaba cuando como a eso de las tres de la tarde, Oscar me despertó muy contento pues los había encontrado. Los muy condenados estaban como a tres kilómetros de distancia, al lado del principio de un bosque. Teníamos bien el aire, así es que a por ellos¡¡¡ y a paso ligero. Descendimos y fuimos directamente hacia ellos, pues estaban echados de espaldas a nosotros, nos asomamos y ahí estaban.

Habíamos acordado que llegado el caso, yo le cedía el derecho a Oscar a tirar primero, ya que éste era su tercer viaje en busca de éste animal y por el contrario éste era mi primer intento. De todo el grupo, el más grande destacaba de los demás por su color grisáceo respecto al resto y el día anterior, Oscar dijo que ese sería para mí alegando que él como ya tiene el Dallsheep (es completamente blanco), prefería tirar uno más oscuro. Yak los volvió a mirar con el Scope, durante un buen rato y dijo "we have a problem", tenemos un problema. El asunto es que empezó a dudar si los otros dos carneros eran o no legales, esto es: que la punta de los cuernos ha de superar la línea formada por la nariz, ojos y base de los cuernos del animal. En ese preciso instante, los animales se levantaron, a lo que Yak dijo que había que tirar enseguida el carnero gris. Oscar me miró con cara de interrogación y yo... bueno, yo sin dudar le dije "o tiras o le sacudo yo".

Estaba situado a 250 metros medidos, y era el primero por la izquierda del grupo. Oscar y yo, estábamos estirados y ambos lo teníamos dentro de la cruz. Sonó el tiro y el animal cayó fulminado, Yak me felicitó pensando que fui yo el que disparó, me hizo señas de que fuese con él y con Wes corriendo hacia abajo, por donde suponían que iban a pasar el resto de carneros. Nos agazapamos los tres y el grupo, no se movía, estaban como esperando que su jefe se levantara, y poco a poco se fueron desplazando hacia nosotros en fila india. Yak me dijo que siguiera con el visor del rifle a uno que destacaba de los demás, pero que de momento no le tirase, y en eso estaba yo cuando ambos me dijeron que tirase al de Oscar pues se había levantado y se iba a meter dentro del bosque, lo apunté y vi que el tiro de Oscar quedaba un pelín trasero, disparé y dio una voltereta hacia adelante, quedó patas para arriba y ya no se volvió a levantar. El resto lejos de huir después del tiro, se fue acercando, mientras Wes y Yak discutían si tirar o no. Nos pasaron uno a uno a menos de cincuenta metros, pero... aún y esperándola con ansiedad, no oí la palabra clave: "shoot", así es que no disparé. Personalmente, creo que si daba la talla aunque por poco, ya que tenía un cuerno despuntado que no superaba dicha línea, pero el otro si. Pero bueno, había dudas y ante la duda y tal y como figura en el reglamento de caza del Yukón mejor abstenerse. Además las sanciones en caso de meter la pata, quitan el hipo, al outffiter (dueño de la compañía) le retiran la licencia y la concesión de caza de por vida, además una multa de 25.000 $ y al cazador (a mí) otros 25.000 del ala. Así es que... después de saber esto, no me pesó el no haber disparado, y bueno, no tengo el carnero... pero si he tenido la oportunidad clara de conseguirlo.

Subí donde estaba Oscar, y me felicitó pensando en que yo también había conseguido mi Stone, ya que oyó el tiro. Cuando le expliqué lo sucedido, lo primero que hizo fue... me da vergüenza, pero me besó emocionado (después de cinco años cazando juntos, va el muy bestia... y me besa). Fuimos todos rápidamente a ver el Stone, realmente son espectaculares, tienen un pelo muy tupido, con la cara y el cuello totalmente blancos, y el lomo y los costados negro-grisáceo. Se trataba de un animal de 10 años, con unas buenas bases y 39 pulgadas de longitud, un ejemplar muy bueno. Oscar estaba muy emocionado y sólo decía que no se lo podía creer, me confesó que hubo un momento en que le entraron ganas de llorar. Disfrutamos los dos observando el carnero durante un buen rato, luego hicimos las correspondientes fotografías para no olvidar nunca el momento y al cabo de un rato, Yak y Wes con mucho cuidado desollaron el animal (Oscar quiere que se lo disequen entero), lo descuartizaron, se lo cargaron a la espalda y volvimos los cuatro hacia donde teníamos los caballos.

Llegamos al campamento muy tarde y otra vez de noche y después de cenar, sacamos unas sendas botellas de whisky cosechadas días antes en los dutyfrees de los aeropuertos y empezó la fiesta. Para resumir, os diré que hasta la cocinera acabó cantando rumbas flamencas y hasta las bailó.

El siguiente día, amaneció más tarde de lo normal (creo que fue debido a la resaca, pero no se...) después de beberme medio río y de desayunar, tomamos los caballos y en un par de horas nos plantamos a los pies de otra cordillera, que subimos y revisamos, viendo sólo hembras y crías de Stone, un oso grizly (que no me pareció lo suficiente grande) y varios caribú de montaña. Y más o menos, fue lo que hicimos durante el resto de días: cabalgatas, subir y buscar. Hubo un día en que en el centro de un lago, había una islita y encima de ella, un oso grizly comiéndose un caribú. Fue precioso verlo, de vez en cuando espantaba a los cuervos y seguía comiendo, cuando le pareció dejó de comer y se puso a nadar hacia la orilla (unos 600 metros), caminó un rato, se puso de pie, olió y salió zumbando.

El motivo de la espantada no fue otro que un lobo negro grande como un burro, que pasaba por allí y que pudimos ver... pero sólo ver, ya que enseguida se tapó y no hubo tiempo para más. Otro día, atravesando un valle, pude ver otro lobo, pero al descabalgar para intentar tirarle... ya no estaba. Tal y como dicen los canadienses, el lobo es el animal más listo de Norteamérica y Canadá. Y después de varios viajes a Canadá con algún que otro encuentro con ellos, corroboro lo anterior pues es muy difícil poderles hacer llegar una bala.

Pude ver algún que otro macho más de Stone, pero nunca lo suficiente grande como para hacerle una foto, las palizas se sucedían día tras día y bueno... no hubo suerte, no vi ninguno legal.

Al octavo día de cacería, cuando desde una silleta dónde teníamos los caballos, nos disponíamos a regresar al campamento, yo estaba apretándole a Sam la cincha de la silla de montar y miré arriba de la loma que teníamos enfrente y en el viso, vi una cosa que me llamó la atención, se trataba de una piedra o tronco negro, me dije " no, no es nada" y me subí al caballo, después de subir volví a mirar y esta vez, pensé que la tal piedra o tronco, podía ser la cabeza de un oso grizly que nos estuviera observando como a unos 100m. A mi lado, se subió Wes a su caballo y le comenté "oye Wes, allí arriba hay una piedra que parece un oso", él se rió y me preguntó ¿a si, dónde? le señalé, miró todavía riéndose, le cambió la cara, se puso los prismáticos y dijo "no, no parece un oso...!!!es un oso¡¡¡" le pregunté si era un macho, me dijo que si, también le pregunté si le parecía grande, el respondió "es muy grande". Justo entonces, el oso que estaba de pie, se puso a cuatro patas y echó a correr hacia nosotros, más rápido que un guarro atravesando un cortafuego con los perros encima. Todo sucedió muy rápido, yo pegué un salto del caballo y saqué el rifle de la funda de debajo de la silla, acerrojé el rifle, pasé del otro lado del caballo y saqué el visor, el caballo vio en ese momento al oso y empezó a encabritarse, yo le pasé las riendas a Oscar, Wes me agarraba del brazo gritando "shoot, shoot, now, shoot quickly" "dispara, dispara ahora y rápido", conseguí soltarme de él, intenté buscar dónde apoyarme y no encontré nada, levanté el rifle y me encontré con la cabeza de Wes en medio que empezaba a gritarle al oso para pararlo, cosa que no consiguió.

Así es que corrí tres o cuatro pasos a la derecha, levanté otra vez el rifle, metí el oso dentro del visor, apunté bien monté el pelo y disparé. Pude ver perfectamente cómo le impactó el tiro, en vez del hombro en esa joroba que tienen. El oso seguía corriendo pero esta vez, atravesado pues cambió de dirección, cargué y le tiré algo trasero, pues lo empancé, tropezó un poco pero seguía corriendo, así es que le volví a tirar y lo volví a tocar en la barriga. Y nada, siguió corriendo. A todo eso, Oscar que había soltado los caballos, disparó y no le dio, pero volvió a disparar y si, ésta vez si ya que el oso dio dos volteretas. Oscar enseguida exclamó, "ya está, ya está". Ya estaba liada, ya que el oso sin perder velocidad, se incorporó y siguió corriendo hacia abajo, hasta que al llegar al viso, lo perdimos de vista. Se me quedó una cara... si me pinchan no sangro. Sólo había 80 metros en el momento de tirarle y... no le coloqué bien el primer tiro, que es siempre el bueno. Tiré con un mauser 66S, del 7mmRmMg, con puntas T-Mantel de 174 grains y con 2,5 aumentos en el visor.

No tengo excusas, sólo hago que pensar en lo burro que fui en no perder cinco segundos en por ejemplo, sentarme en el suelo y haberme apoyado en la rodilla pero... qué se yo, realmente había mucha prisa y... En fin, empezamos a seguirle la pista, iba dejando mucha sangre e iba, cara abajo (no pintaba mal después de todo), con mucho cuidado y muy despacito, íbamos avanzando metro a metro dentro de un bosque espeso, Wes iba detrás nuestro caminando de espaldas a nosotros, con su 45-70 Goverment preparado, por si se producía la carga a traición (pues dijo que ya le pasó otras veces). Así estuvimos como unos cinco kilómetros hasta que un riachuelo y la oscuridad, nos hizo perder el rastro de sangre. Volvimos a buscar a los caballos y un poco más lejos los encontramos y regresamos al campamento.

Después de 28 años practicando la caza, algún que otro bicho he fallado si, pero los que he tocado siempre de una manera o de otra los he encontrado y cobrado, y he tenido que ir a perder un oso grande como un autobús (pues le calculamos era de 9 a 9,5 pies), Wes y Oscar intentaban consolarme diciéndome que éstas cosas pasan, pero... ostras, que te pasen a ti... duele. Al día siguiente, retomamos la búsqueda aunque a medio día Wes y yo, seguimos intentando localizar algún carnero. Cuando volvimos, nada, la búsqueda no dio el fruto esperado.

Los otros dos días seguí erre que erre, intentando localizar más carneros pero no vi nada interesante, algún oso más (aunque parecían de peluche al lado del que tiré). El último día, al regresar al campamento, Bony la cocinera nos recibió muy excitada, por que tuvo la visita de un oso en el campamento, que por tres veces tuvo que correrlo a tiros para espantarlo.

Tanto Yak como Wes, me han dicho que en cuanto los cuervos hagan su trabajo, 10 o 15 días más, es casi seguro que lo encuentren (lo hacen en el 90 % de casos), pues van a estar por la zona cazando alces.

En fin, desde que ocurrió he soñado mil veces el lance y supongo que afortunadamente lo seguiré soñando, y sólo hago que preguntarme ¿Por qué a mi? Y la respuesta es muy sencilla: Por que estaba allí.

Así es que aquí estoy, esperando que suene el teléfono y me den la buena noticia del hallazgo. Pero lo mejor de todo es que ya estoy ahorrando otra vez para sencillamente... volver cuanto antes, por que aquello... me gusta de verdad.


Padrillo