El impermeable amarillo

Munchausen

 

En los últimos tiempos de cazar.com, en una respuesta a mi querido amigo Luis8, conté este cuento, hoy lo incluyo aquí por dos motivos, el primero ofrecérselo a aquellos que no lo leyeron en su momento, cosa que si os parece bien pienso hacer con todos y cada uno de los relatos que allí envié, y en segundo lugar aunque no menos importante como homenaje a un amigo de muchos años, en todos los sentidos, es muchísimo mayor que yo pero es amigo mío y mucho, era amigo de mi padre y yo lo heredé.

Mi padre prácticamente solo cazaba menor, para la caza mayor tuve como mentores a dos amigos suyos, los que juntamente con él protagonizan este cuento, Casimiro fue un tirador soberbio de escopeta y express, sabía muchísimo de campo y de caza, y como era soltero también de señoras, su gran amistad con Teba y Alburquerque, me permitió participar, como oyente privilegiado, en algunas comidas y bastantes conversaciones en las que aprendí mucho de lo que se de caza y de caballos, desgraciadamente murió joven.

El otro es quien motiva esta intervención, después de cazar juntos durante algo así como 45 años, ahora él tiene 88, nos ha avisado su retirada, el próximo día 30 montearemos juntos por última vez, es uno de los cazadores más completos que he conocido, y si me pongo a pensar ... pues probablemente el más completo, por ser de todo en la caza ha sido hasta pieza y lo ha sido muchas veces como volátil y al menos tres como animal terrestre y corredor.

Manuel Sánchez-Tabernero de Prada, Marques de Llen, es general de aviación y medalla militar individual, fue piloto en dos guerras, y en esa caza unas veces, las más y con mejor resultado, fue cazador y en otras, afortunadamente sin consecuencias graves para él, fue pieza, derribado en tres ocasiones, en Rusia en algunas de ellas fue perseguido desde el aire por los disparos de las ametralladoras contrarias mientras corría zigzagueando cual conejo, siempre logró encontrar el agujero oportuno, y eso que de señoras, como es casado, yo creo que sabe un pelín menos que Casimiro.

Excelente tirador de escopeta, igual tiraba en ojeo que lo hacía al salto con perro, fue un buen cazador de acuáticas, de ellas tiene una colección preciosa abatidas por él y naturalizadas por Benedito, en caza mayor ha sido un buen gestor de cotos, la familia de su mujer tenía fincas en los Montes de Toledo, allí volvió a ser pieza, los maquís intentaron cazarlo en un par de ocasiones, hay que reconocer que un rico propietario, marques y alto oficial de aviación tenía, como trofeo y en aquellas circunstancias, una tablilla muy colgable, dueño de rehala y jefe del inefable Eleuterio “El Canene” durante un montón de años ha sido, y hasta hoy lo es, un montero de esos cuya opinión nadie cuerdo osa discutir, heredó de su padre un express Nagel del 8X57 R, cuando descalibró el cañón derecho llevaba cobrados con él más de 700 venados y unos 500 cochinos, 4 lobos y 15 linces, como el izquierdo estaba nuevecito se limitó a cambiar el orden de disparo de los gatillos y continúo usándolo, es el afortunado propietario de ese precioso Winchester pre 64 del 338 W Mg., del que os he hablado en algunas ocasiones en estos foros, ahora usa un rifle hecho de un Kit Sta. Bárbara del 7 mm. R. Mágnum .

Como cazador de montaña, especialmente de machos monteses ha sido muy bueno, en el Parador de Cazorla continúa su foto con uno de los mejores machos allí cazados, y lo mismo se puede decir con los rebecos y ya más abajo con los corzos; como safarista en África tiene dos experiencias muy especiales y diferentes, estaba cazando en Sudan en los mismos días y la misma zona en la que los guerrilleros secuestraron a unos cuantos españoles, entre los que se encontraba Alfonso Urquijo, con Manolo lo intentaron pero el pájaro había volado media hora antes de que llegaran a su campamento, para algo le tenía que servir el haber aprendido a volar cuando tenía 18 años, la otra es más agradable, celebró su ochenta cumpleaños cobrando en ese día un buen elefante y un leopardo magnifico, pocos cazadores habrán soplado las velas de los ochenta abriles en semejante tarta.

Es un buen bibliófilo de caza y lleva un diario del que solo puedo decir que ocupa tres gruesos tomos, escritos a mano y encuadernados en cuero verde, no me los ha dejado ni hojear, pero espero convencerle pues estoy seguro que merecen ser estudiados no hojeados; hace un par de años murió su única hija y el mundo se acabó para Isabel y para él, desde entonces su declive es un picado del que intuyo no quiere salir, en esa última montería del próximo 30 alguien muy especial se nos ira de la sierra a todos sus amigos, y a mi en especial un maestro inigualable y un compañero de viaje fantástico, hemos recorrido juntos muchos miles de kilómetros y nunca con él un viaje se hacía largo, te explicaba y razonaba todo sobre la caza, lo mismo daba preguntar sobre como dar una mancha que como entrarle a un macho en Gredos, y si hacía falta saber como cepear conejos solo tenías que sacar el tema.

Hace unos años le dieron un premio en el Club de Monteros, me atreví a pronunciar unas palabras en su honor, con mi inmodestia habitual debo reconocer que resultaron divertidas, entre otras cosas recordé que en su casa un carnero merino, aculado en una esquina de una alta pared de piedra bien coronada por un espeso espino, se enfrentó a topetazos durante una noche entera a un lobo y ganó la partida y en otra un águila real enorme, se atrevió con otro merino, midió mal el peso del bicho y el tamaño de las paredes del cercado donde estaba, el águila enredó sus garras en la espesa lana del que creyó cordero y resulto casi carnero, sin poder soltarlas volaba rasera de un lado al otro del cercado sin lograr elevarse sobre las paredes, en esas andaba cuando el pastor y un par de vaqueros intervinieron con las garrotas, dije que si así se las gastan en Llen los ovejos se podía figurar la concurrencia como se las gastaba el marques y cuanto peor si tenía un rifle en las manos; pues bien mi viejo, querido, divertido y cascarrabias marques ha decidido decir adiós a las armas y a las sierras, espero continuar disfrutando con sus enseñanzas y charlas, pero con él se me va toda una época, muy buena por cierto.

En su honor y en su recuerdo una historia que protagonizó y por cuya repetición pido disculpas a quienes la conocieron hace un tiempo.




EL IMPERMEABLE AMARILLO

No puedo resistir la tentación de contarlo, es breve y tiene su gracia, pero especialmente demuestra lo insospechada que puede llegar a ser la caza del lobo, hace un montón, mejor una montaña, de años, invitaron a mi padre junto a un grupo de amigos, que solían cazar juntos, a unas batidas de lobos, en la zona de las Hurdes y parte de lo que hoy es Reserva de las Batuecas, viajaban juntos, en el coche del Marques de Llen, Manolo, el actual marques y el único que queda vivo de los tres, aunque pasa de los ochenta y cinco, Casimiro Pérez-Tabernero y mi padre, iban a dormir a La Alberca, desde donde se organizaría la primera salida y a donde habían mandado los caballos, que serían su medio locomoción en los días siguientes.

En la penumbra del atardecer, ya llegando a La Alberca, vieron a dos mujeres que muy envueltas en sus manteos caminaban hacia el pueblo: “¿Os habéis fijado que par de perros más buenos llevan las mujeritas?, ¿Si, la verdad es que son grandotes?, un par de perros pistonudos, caminaba, por la cuneta, no muchos pasos por detrás de las mujeres, ¡¡Coño, que perros ni que co ...nes!!, “Para Manolo, para rápido, que son dos lobos”, frenazo, en aquella época y en aquel camino no sería muy grande, los tres al suelo, tirando de las fundas de los rifles hasta con los dientes, para cuando el Nagel, 8X57 R de Manolo, y los dos 35 Rémington, de Casimiro y mi padre, estuvieron en disposición de uso, la pareja de lobos, a la que los recién llegados les hacia menos gracia que las mujeritas, estaba llegando a Cáceres, el problema fue convencer a aquellas mujeres, que de la proximidad de los lobos ni se habían enterado, de que aquello no era un asalto en toda regla contra sus personas, aunque al parecer lo más grave fue la cara de tristeza, que se les quedo a las pobres, que rondaban los sesenta, cuando comprobaron la bondad de las intenciones de los tres forasteros con buena facha, que estaban entre los dieciocho y los ventipocos.

Al día siguiente dieron una amplia batida por la mañana, pero como no llegaron hasta Cáceres, no supieron nada de la pareja de lobos de la tarde anterior, ni de ningún otro de su especie, durante toda la mañana se había quedado preparando la comida a campo, un serrano, recién llegado de Cuba en donde había pasado los últimos 30 años trabajando como cocinero, y ahora regresaba a su tierra con ahorros y a descansar, el hombre se había ofrecido a organizar una comida caribeña en mitad de la Sierra de Francia, y al parecer cumplió estupendamente su promesa, pero lo hizo ataviado con un extraño atuendo, pues aunque el día estaba estupendo y hasta caluroso, desde por la mañana se había colocado un impermeable amarillo, de hule, de esos de los pescadores de altura, que se había traído de Cuba y con el que según parece pretendía epatar a sus paisanos, la comida fue opípara y los cazadores decidieron dar una manchita cercana, más por no molestarse mucho durante la digestión, que por pensar que allí podía haber nada después de la larga y bulliciosa comida, al cocinero le dejaron el puesto más cercano al rancho, y allí sentado sobre un tronco y con el impermeable puesto, se dedicó, más o menos como todos los demás, a dar cabezadas, soltaron los perros, media docena de perros locales y la rehala del Marques de Llen, la que durante un tiempo tuvo el padre que nada tiene que ver con la que muchos años después tuvo el hijo y condujo “El Canene”, el silencio era casi absoluto, ni una ladra, tan solo las voces de quienes conducían los perros y con pocas ganas, que ellos también estaba adormilados, de pronto dos disparos de escopeta, y una voz con acento cubano que gritaba .... “Linda loba, no más, linda loba, que guapiña que es...”.

Resulta que el del impermeable, entre cabezada y cabezada, abrió un momento los ojos y vio como una loba, a media docena de metros, le estaba mirando con sumo interés y curiosidad, no era para menos y creo que todos comprenderemos muy bien a la loba, el tipo tal y como estaba sin ni siquiera terminar de levantar la escopeta, que poco sabía usar y además era prestada, le soltó los dos tiros, más por susto que por ganas según honestamente confesó, tanto mi padre como sus dos amigos, me confirmaron, en diversas ocasiones, que la loba era una preciosidad de animal, grande, lustrosa y con una cabeza anchísima, un poco chata de morro, preciosa.

La caza, en general, tiene estas cosas, y la caza de lobos, en particular, multiplicadas por diez o por cien, según se le ocurra al lobo o loba de turno.