Diálogo con mi compañero

Diego Ruzafa

 

Hace ya algunos años que es mi compañero de fatigas. Vino de Canadá donde nació. Tuvo algunos problemas en aduanas para poder llegar a España, por las leyes de ‘inmigración’ que existían aquellos días pero, al final, el tesón ganó la partida.

La verdad es que nunca ha sido buen partenaire, pero no por falta de ganas, sino porque yo no le he ayudado.

Iniciamos nuestras correrías recorriendo sierras por toda la Península, de norte a sur, tratando se conseguir trofeos de cualquier pieza de caza, sin considerar la distancia.

Algunas veces por mi falta de fuerza en los recechos, otras por la buena visibilidad y, la mayoría de las veces, por falta de gana, ni él ni yo nos compenetrábamos y el lance salía como salía. Eso sí, jamás llegamos a echárnoslo en cara, siempre nos lo justificábamos, que si el disparo ha sido trasero, que si ha sido bajo…

Tengo otros compañeros y alguna compañera de correrías, pero ya que nos hemos sido fieles mutuamente, mientras pueda no le abandonaré, aunque algunas veces, por lo pesado que se vuelve, estoy pensando en que me acompañe una buena amiga.

Pocas han sido las piezas que hemos abatido en el tiempo que cazamos juntos, aunque han sido muchas las horas de espera en el puesto, yo sentado en mi silleta y él apoyado en su trípode, esperando a que las rehalas levanten esos bravos jabalíes o esbeltos ciervos, gamos o muflones.

Esos espléndidos paisajes de nuestra geografía, los cortaderos, llanos, jarales, la inmensidad de los chaparrales, todo ello adornado con las frías nieblas, se incrustan en nuestra retina y, en la soledad y el silencio del monte, mi amigo y yo recordamos todas nuestras andanzas.

La última fue el pasado 12 de octubre en el 3 del Chaparral, puesto bueno donde los haya, aunque estuvimos todo el tiempo acurrucados bajo una encina tapados con un capote de plástico para no calarnos, hasta que escampó. Después solo vimos el vuelo de alguna paloma y el de algún halcón enseñando a su retoño a cazar, además de tratar de atraer alguna perdiz con el sonido de llamada que llevo en el móvil.

Desde que viene a cazar conmigo, hace ya bastantes años, mi compañero habrá disparado unos 9 tiros, abatidas 3 piezas y consumido más de un litro de aceite.

Mi buen amigo es palanquero, se llama BLR1, es del 30.06 y es… mi rifle.