La vizcacha macho

Hidalgo Reyes

 

De tanto cazar, tanto, llegué un día a Santos Lugares.

La pucha si lo recuerdo cómo le palié al barro en medio los salitrales. La semana anterior la zona fue bendecida con tormenta y dejó lodazales. Peludiando en los charcos grandes, llegué al paraje lleno de barro en mi viejo Jeep de caja larga, doble tracción. No sobraba para pelearle al salitre que abrazaba las cuatro ruedas pantaneras, como queriendo tragar su huella. Y meta pala, hacha, y malacate solito le peleaba mordiendo el barro con las dos manos con sangre, casi me rindo… Pero el esfuerzo NO fue en de balde. El puestero dice que escuchó de lejos como bramaba el motor del Jeep, añejo como el tiempo.

Lo va fundir… lo va fundir CHOLO… Ayude a ese gaucho parece que anda solo… entonces buscó las mulas, y fue a mi encuentro… Me encontró agobiado, pero firme como un quebracho.

Así, llegamos al rancho; saludos y abrazos… Y luego, como no tenía más fuerza, me quedé dormido sentado; y mis manos ampolladas recibieron la cura de MaMa vieja con agüita de tusca y vinal, no sentí nada… Solo desperté al otro día en cama, tapadito con una cobija colorada bajo el alero del rancho. Así estuve dos días, en franco recupero físico.

Y luego, pronto pa volver a la casa, como no se cazó nada, el cholo me regala una cría de vizcacha. La crié como mascota de la casa. Le hice una cueva como hornito de barro y de piso tenía un cemento alisado, rodeando con alambre de pajarera una superficie de 4 metros cuadrados. Le puse de nombre kin. Dudaba de que era macho. Pasó el tiempo; y fue un vizcachón de más 15 kg. Entonces, le añadí el kon; y se llamó Kin-kon, gran llamador y peleador de vizcachas machos.

Todos los días lo llamaba con la bocina de mi carro, es decir el Jeep, porque todo el día se escondía y a la oración, con un grito saludaba a la luna. Después lo fui acostumbrando a cada bocinazo siempre de noche, a comer lechugas, zanahorias, maíz. Fue tan inteligente este bichito simpático que subía al Jeep y dormitaba en el asiento como queriendo ir pa algún lado. Solamente de esa forma acudía, presto al bocinazo trepaba al carro seguido… Y dije: serás el compañero de este cazador solitario.

Llegó el día que debutó Kin-kon allá en los montes bajos. De tardecita lo lleve a una colonia grande de cuevas, y lo deje atadito con un lazo de 10 m de radio. En cuanto llegó el oscuro comenzó a gritar el macho. Y como un gladiador entrenado desafiaba a todos los machos… ohh Kin-kon grande, gigante de bigotes largos, de capa negra tu manto y un quijote tu canto. Yo escondido en medio de unos ancochis y malvas, con un rifle 22 esperando.

En un abrir y cerrar de ojos, toda la cancha llenó de vizcachas, queriendo pelearle a Kin-kon, por ser un extraño. Y en medio la polvareda que provocaba zapateando, hay un revuelo de reinas en la colonia, que me olvidaba de cazar por verte desafiando. Luego de un rato, se ponían en hilera las vizcachas como pa mirarlo, tiro a tiro caían y Kin-kon se despedía con un canto.

Así fueron ocho años de maravillosa caza vos y YO, oh compañero solitario. Nadie sabía qué función cumplías, allá en el campo. Me acuerdo que por dejarte solo una noche entera, te escapaste del lazo. Y cuando me desperté, fui a buscarte en el bajo. Solo encontré tu rastro… oh macho canejo… me di cuenta que te apropiaste de una colonia de reinas y YO quedé solo con el lazo. Volví solo pa mi rancho y mi cría te extrañaban… todos los días llorando… y Kin-kon… nuevo rey de las colonias del bajo. Pasaron 92 días de aquel acto, regresé pa buscarte y en mi morral tenía las golosinas que a vos gustando. A la mañana revisé algunos rastros, y vi tu marca… Kin-kon vivo… oh rey… gran macho. Me di cuenta de tu nueva vida y dije: ¡sé que vives y en silencio por mi amigo!: no cazare MÁS en estos lados. Y cuando vuelvo a la colonia del bajo, toco bocina… sé que Kin-kon… me está escuchando.