¿Por qué cazo?

Víctor Ferri

 

La verdad sea dicha, es una pregunta que no me había planteado nunca, entre otras cosas porque creo que en mi subconsciente nunca existió, la culpa quizá la tengan los genes. Pero visto la controversia que hay en mi familia con la caza, y que siempre tuve a mi mujer en contra y a los hijos más cerca del seudoecologismo, por ello, me planteo esta cuestión.

Voy a intentar describir lo que es muy complicado de plasmar por un profano en la prosa como yo. Qué difícil es explicar un sentimiento, una percepción, y más, cuando el que está a tu lado o enfrente no tiene la menor intención de escudriñar o asomarse a él.

Cazar es sentir la soledad y la libertad en el infinito ante el universo natural, uno, su perro y la presa, sentir el viento, el vuelo de la perdiz, el correr del conejo, el descuido del gazapo, el planear del águila, el aroma a tomillo, la berrea del ciervo, el frío del invierno que congela tus huesos pero no el alma, la nieve, el olor a chimenea y pólvora, el ascua encendida, el pan con aceite de oliva al fuego, las armas, el calor de la compañía, la tertulia amena y placentera, la amistad de personas diferentes y desconocidas, lo etéreo y nunca efímero.

Cazar es dar muerte, no hay proceso natural sin vida o sin muerte, cazar es matar, crear, gestionar racionalmente. Es el Yo que nunca dejé de ser, depredador, y que quieren arrebatarme. El cazador cuida el entorno porque de ello depende la densidad de la presa, sin presa no hay caza, y sin caza no hay vida, «lance y arte», ni magia.

Cazar es participar del conocimiento natural y agronómico, de la zoología de las especies, cultura rural, gastronómica, el calor del fuego al abrigo del viento del norte, es pintura, comunicación, literatura, creación, filosofía, una forma de vivir y entender la vida, ¡es la cara bella de la vida!

La caza es conservación del patrimonio y la cultura rural, protege al lince, lobo, oso y demás predadores. Sin fincas de propietarios cazadores con esfuerzo protector y densidades de caza, estas joyas de la fauna ibérica no existirían en gran parte del territorio español. Mucha gente se deja el pellejo y su vida para que estas fincas y sus entornos sigan preservando sus esencias, en el más absurdo de los silencios y con el mayor de los entusiasmos, pidiendo a cambio que les dejen en paz y hacer.

Hay miles de razones para sentirse orgulloso de ser cazador, de ser matador, de ser una bestia, invito a los zorros de la Castellana, a los políticos cobardes, y a las múltiples personas como ellos, se conviertan en alimaña (cazador), estoy seguro de que verían la vida de otra forma, más respetuosa, equilibrada, en resumen, más ‘natural’. La vida y la muerte no solo son un hecho en los documentales, también en el día a día de nuestras vidas. El problema es que cada vez más la sociedad actual vive en un mundo virtual y urbanita, reniega de la caza, por esnobismo y alteración de la realidad.

La incultura y el desconocimiento se convierten en intolerancia por la no aplicación de las leyes y el pasotismo de quien lo sufre, no dejemos que esto ocurra y seamos vehementes con la defensa de nuestra actividad. Y el que no quiera escuchar y respetar, al menos que cumpla la ley y no caiga en el ‘neopopulismo anticaza’. El sabio se distingue del necio en que el primero siempre escucha. Solamente pido un poquito de oído, por favor.

Dedicado a mi familia, y a mis amigos ecologistas.