Mi adorable perro Berno, braco kurzhaar

Hidalgo Reyes

 

Eh, qué linda raza. Todas ellas he tenido y no es por vanagloria, cada una con su riqueza y su función. Pero el Berno, mi perro (braco kurzhaar) fue para mí maravilloso, como hoy es el Gran Blanco (dogo), es más, fue el primer perro que tuve, allá por años 1980; joven yo, nos hicimos juntos, él en la muestra y yo en tiro al vuelo… qué lindo… qué época… recarga de cartuchos… ir al club de cazadores a pedir las vainas de plástico.

Y ahí nomás acostumbrar a Berno a no tener miedo a los tiros (4 meses tenías) y por naturaleza innata o genética ni se movía. Qué linda época, carajo. ¡Recuerdo cuando mi madre me venía a retar, porque me desvelé y me acostaba casi al amanecer; Berno se paraba en la puerta y le gruñía nomás. Y mi mamá regañaba diciéndole: por 4 días… no vas a comer, perro de mie!#@. Mirá vos, no me deja pasar, y se retiraba puteando… Ja ja ja ja. Mamita querida, cómo te amo ¡Cómo quisiera que me llames de nuevo… te extraño madre todavía!…

Me acuerdo aquella tarde-noche cazando, volviendo por la senda junto al monte, paraste una corzuela, la venteó y quedó petrificado como una estatua, ella habrá estado a 20 metros y yo sin cartuchos, sí, la vi, y no había forma se sacarte de la muestra, entonces le tiré con un cascote, huyó… y vos seguías igual. ¿Qué pasa? me dije… Y cuando me moví, volaron como 6 copetonas… me miraste… como diciendo y éste, ¡qué le pasa…! Ja ja ja ja. No tenía tiro… pero también ni sabía que paraste además unas copetonas (perdiz grande llamadas martinetas).

Cosas que pasan… luego te fui comprendiendo, tu andar, tus muestras, tus clavadas maravillosas, con elegancia, una belleza tu figura, cada una distintas… Me acuerdo que traías una perdiz viva en la boca de esas llamadas pajoneras y de estar otra muestra fantástica, la mirada firme, el cuerpo rígido, me acerqué despacio y toqué suavemente la grupa con mi rodilla, bajó su cabeza, deja a la perdiz chica suavemente en la hierba fresca y ceremoniosamente, como en secuencia, vuelve a ponerse de muestra todo en cámara lenta, yo atento en ese momento sublime. No sabía lo que era, dio un paso corto y comenzó a temblar, será la ansiedad, no se, me puse en alerta como calzando en mi hombro ya la escopeta. Yo atento, listo, toqué de nuevo tu grupa… y te lanzaste como un rayo sobre la presa, no me dio tiempo a disparar porque cuando me di cuenta, en su boca atrapada está la pequeña liebre totalmente presa. Que luego en mi bolso de caza, entre medio de las demás presas, dormitaban vivas; la pequeña liebre y la perdiz como indulto vivo que dejan los grandes perros de muestra.

¡Qué perro, señor! Ya no estás en este mundo, pero vives en mi recuerdo y sigue todavía, como si fuera hoy… para ti mi perro de muestra kurzhaar.

Amigos: Hoy tengo todavía su sangre cazadora; que sigue dando muchas alegrías en la caza menor. Un abrazo.